#TBT: Gabo, de paseo con una amiga

31/01/2019 - 11:13

Jueves, 3 de junio de 1948

Columna Punto y Aparte

Por Gabriel García Márquez

El Universal

Vámonos a pasear, amiga mía, por esa dormida tierra de los mapas. Vámonos hacia Egipto por la amorosa ruta de tus dedos, a contemplar el sol cuando decline por detrás de los dromedarios. Pongamos el oído sobre el curvado pecho de los polos para escuchar el pulso de la tierra empujando los ríos hacia la muerte. Pongamos las espaldas desnudas sobre la piel del nuevo continente, donde el hombre de América golpea con puños de cansado metal su dolor de no saber quien es, ni hacia dónde le llevará su nocturno cataclismo.

Mirar este mapa, amiga, es una manera de viajar. Es una forma de irnos olvidando paulatinamente de nuestra conciencia. De librarnos de esa sustancia mortal, y empezar a ser un poco menos nosotros mismos y un poco mas universales.

Nuestras innumerables pequeñeces van cayendo, como hojas de un árbol inmemorial, en el fondo de nuestras almas traspasadas por un río donde navegan todas las claridades del universo.

Desde este ángulo nos confundimos con las grandes criaturas, pero aprendemos a conocer la belleza a través de las cosas humildes. Sabemos entonces que el canto de un pájaro puede caber la voz de todas las aguas musicales. Que el mar es más hondo e inalcanzable su dominio cuando habita los caracoles. Y que la muerte de una luciérnaga puede hacer regresar la luz al principio del mundo.

Viajando así, inmóviles, saldrá Australia a mostrarnos su álbum de detenidas zoologías. A tu izquierda veremos las islas del pacifico que oyen llegar la civilización montada en el anca de las tortugas.

Vamos, amiga mía, por los parados río del Asía a caminar esta sed de cuatro siglos con el sudor de todos los caballos.

Pondremos las manos sobre el color de la península ibérica para sentir dentro de la sangre el nacimiento de tus palabras. Y despertaremos a Siberia de su insondable sueño perturbado apenas por milenarias tempestades geológicas.

Vámonos a pasear, callada amiga, antes de que la muerte venga a torcer el rumbo de nuestros huesos.

 

 

 

 


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