Toda opción implica una renuncia


Uno de los puntos cruciales en el proceso de formación de nuestro hijo adolescente es sin lugar a dudas, la formación en el arte de elegir.

Decidir es un proceso que nos conviene conocer bien ya que de las elecciones que hagamos dependerán muchos resultados importantes cuya responsabilidad tendremos que saber asumir. En la práctica sabemos que existen diversas formas de tomar una decisión, eso nos permite hacer una rápida clasificación del tipo de personas con las que nos podemos encontrar, dependiendo de la forma como proceda en sus elecciones. Existen por ejemplo las personas que son impulsivas, actúan primero y luego reflexionan, son personas muy propensas a estar quejándose por no saber medir las consecuencias de sus actos; también podemos encontrar personas indecisas, se caracterizan porque piensan, piensan y piensan tanto las cosas que ven pasar ante ellos las oportunidades que la vida les presenta, personas a las que como dice el chiste, tu les preguntas: ¿Eres indeciso? ¡Y responden NO!!!... ¿O sí? También podemos encontrar a los psico – rígidos, ellos ni siquiera se toman la tarea de buscar distintas opciones, actúan siempre de la misma manera y terminan perdiendo de este modo las oportunidades que la vida les ofrece para mejorar. Pero también existen las personas prudentes, aquellas que reflexionan con cuidado y proceden con firmeza, son personas que saben lo que quieren, averiguan cómo lograr sus propósitos, analizan las diversas situaciones, miden los riesgos y son fieles y comprometidos en la consecución de su elección.

El adolescente tiene que aprender a tomar sus propias decisiones con prudencia para que así pueda elegir correctamente las opciones que apoyan de la mejor forma su desarrollo, su bienestar y la armonía de sus relaciones. Es importante que el adolescente entienda que si él no decide otros lo harán por él, cómo bien lo decíamos en artículo anterior: “Al que no planea, lo planean”. Esto implica comprender que decidir conscientemente le va a producir a él una gran satisfacción, le da mayor control sobre su vida y lo va a acercar de una mejor forma a la consecución de sus sueños e ideales.

También es muy importante que el adolescente comprenda que en la vida no es posible conseguirlo todo, que “toda opción implica también una renuncia”, que al optar por algo que para él es valioso, automáticamente pierde aquello que no eligió. Aceptar con realismo esta condición esencial de la libertad es un paso muy importante en su camino natural hacia la verdadera autonomía, hacia su condición de persona adulta y madura. Desafortunadamente la vida nos enseña que hay adultos que no han logrado llegar a este nivel de madurez, por ejemplo, personas casadas que no ha logrado desarrollar el sentido verdadero de la fidelidad en el amor como un ejercicio de verdadera libertad y de una sana capacidad para saber elegir, lo mismo ocurre con los adultos envidiosos que siempre se están comparando con el vecino o con el compañero de trabajo y como todo buen envidioso siempre que él se compara con alguien queda con la sensación de salir perdiendo y comienza a desear eso que tiene el otro y que él no tiene. Estos personajes sufren de una insatisfacción eterna, nunca están contentos ni satisfechos consigo mismo ni con lo que tienen. 

Nosotros como padres que deseamos ayudar a nuestra(o) hija(o) a crecer en libertad, responsabilidad y consciencia podemos orientarla(o) para que sea capaz de tomar sus propias decisiones de manera acertada y así lograr los resultados que espera.

Bueno, con todo lo dicho hasta ahora es tiempo de dar algunas recomendaciones prácticas sobre lo que implica el proceso de elección. Lo primero que debemos hacer para tomar una decisión correcta es definir el problema u objetivo; en este primer paso muchas veces el adolescente se puede dar cuenta que lo que creía que era un problema, en realidad no lo era, o lo que él veía como un objetivo digno de ser alcanzado no lo era en realidad. El adolescente debe comprender que en estos momentos hablar con los padres o con otras personas idóneas puede ser de gran ayuda, los padres tenemos que estar atentos a mantener un ambiente de comprensión y confianza para que él se atreva a ver en nosotros una opción posible para una consulta, este apoyo puede ayudar al adolescente a poner en claro sus sentimientos y a entender mejor la cuestión que se va a decidir. Luego de definir el problema u objetivo debemos pasar al segundo nivel, es decir, debemos analizar el asunto, examinarlo más profundamente, para lograrlo hay que recoger toda la información disponible sobre el tema que nos ocupa, conocer varios puntos de vista y los diferentes enfoques desde los que se puede mirar. En caso que se trate de un problema, el adolescente debe tratar de llegar a la verdadera causa del mismo y asumir la responsabilidad que le compete en la situación, sin tratar de echarle la culpa a los demás, cuando logra hacer esto es un claro signo de que está adquiriendo el poder de hacer algo para resolverlo realmente. Luego de definir y analizar viene el tercer paso del proceso de toma de decisión, este tercer paso consiste en explorar las opciones o posibles soluciones al problema. “Si mi meta es esta, ¿Qué debo hacer para alcanzarla?” En este momento puede ser oportuna nuestra ayuda, como padres podemos ayudarle a nuestro hijo(a) a descubrir que una dificultad puede tener varias vías de solución. Podemos ayudarle a ver las distintas opciones con las que podría afrontar positivamente la situación, le podríamos incluso pedir que las escriba, no importa que algunas de ellas parezcan un poco locas o fuera de lugar, lo importante es que con el ejercicio aprenda a ser creativo y sobre todo que pueda disfrutar de este proceso. Si vemos que no le surgen buenas ideas tan fácilmente podemos intervenir con algunas sugerencias (sólo cuando hayamos cumplido con el ejercicio inicial de la “lluvia de ideas”, no podemos privarlo de ese esfuerzo que él debe hacer para resolver sus propios asuntos, recordemos el cuento de la oruga y la mariposa que contamos al final del tema anterior (libertad sí, pero con responsabilidad). Luego de decidir, analizar y explorar opciones, el cuarto paso sería hacer una lista de las ventajas y desventajas de las diferentes opciones que se tienen, para hacerlo vale mirar también las posibles consecuencias de cada una de ellas, luego como un quinto paso sería la elección propiamente dicha, es decir, elegir la solución que consideramos mejor, luego hay que llevar a la práctica la decisión tomada y establecer un compromiso: ser consecuentes con ella y responsabilizarse de las consecuencias, como luego de ese sexto paso tendríamos que proceder a examinar los efectos reales de las acciones y por último reconocer y agradecer la ayuda que los demás nos dieron en este proceso.

Formar a nuestro hijo(a) para ser agradecido le da la capacidad de apreciar y darse cuenta del afecto y la solidaridad de las personas que lo rodean, esto le permitirá romper toda falsa creencia de una autosuficiencia absoluta, de una u otra forma somos seres sociales, marcados por una natural y sana interdependencia.