Una sana (in)disciplina


Introducción

Hemos dicho que la tarea más importante de la formación del adolescente es la que se enfoca a la formación para la libertad, el adolescente suele confundir libertad con libertinaje, la frontera está marcada por un par de palabras que son las que van a imprimir la diferencia, la libertad está acompañada (como ya lo dijimos antes) de la conciencia y de la responsabilidad, la primera nos dice que los seres humanos nos diferenciamos del resto de los animales porque tenemos entre otras, la capacidad de pensar que pensamos, esto es la conciencia, pero la segunda palabra nos indica que esa capacidad de pensar que pensamos nos coloca frente a los otros con la posibilidad de dar razón de nuestros actos, de responder por ellos.

Nudo

Pues bien, la tarea de formar para la libertad consciente y responsable nos sitúa en el terreno de la disciplina, ella es una forma de preparar al adolescente para la verdadera libertad. La indisciplina es por su parte una buena escuela para el libertinaje, es decir, para el obrar de manera inconsciente e irresponsable. La disciplina es un recurso que los padres tenemos para ayudar a nuestro hijo(a) a madurar y a volverse interdependiente, a desarrollar su autocontrol, a convivir con armonía y a saber aprovechar y encausar su energía y sus talentos de modo que pueda conseguir aquello que considera que es importante para él. La disciplina debe ser comprendida por nosotros los padres, como un proceso de aprendizaje del adolescente, no como una forma de ejercer el poder o de controlar o de causarle daño a nuestro hijo so pretexto de querer ayudarlo. La disciplina por lo tanto debe ser asumida y vivida como una expresión del amor que les tenemos a nuestros hijos y como el ejercicio de nuestra propia responsabilidad de padres. Aunque al adolescente le cueste trabajo entender, asumir y digerir, él todavía requiere de nuestra guía y de nuestra autoridad para poder caminar con paso firme hacia la libertad. Mientras el adolescente no cuente con un criterio lo suficientemente maduro y desarrollado, nos corresponde a nosotros como padres ejercer la autoridad sobre ellos mientras aprende a ser su propio conductor. La emancipación es un proceso que recién está empezando en la adolescencia. Desde luego que esto no significa que necesariamente el adolescente ya esté respetando las reglas, sino que antes por el contrario se puede dar que al romperlas él sabe que están ahí y se mide con ellas, son por así decirlo, su marco de referencia. Los docentes suelen referirse a esta situación como “medir el aceite”, es decir, el adolescente está identificando realmente cuales son los límites de la libertad, hasta dónde puedo llegar sin que realmente tenga efectos negativos sobre mí. Por esta razón es importante que comprendamos que los padres podemos también hacerle mucho daño a nuestros hijos adolescentes no sólo por acción, sino también por omisión, esto ocurre cuando algunos padres por miedo a sus hijos renuncian a ejercer la autoridad sobre ellos. Esto es como tratar de elevar un barrilete, si le halas demasiado la cuerda se queda pegado al piso, no vuela, si le dejas la cuerda demasiado floja porque le has dado demasiada distancia entonces también se cae y no vuela, saber apretar y saber aflojar es el secreto del vuelo de los cometas, y es el secreto de la educación de los hijos, en especial de los adolescentes que cada vez reclaman más cuerda para volar más alto. Muchos padres mal – crían a sus hijos(as) asumiendo una actitud evasiva frente a ellos, algunos por evitar la pelea y el enfrentamiento simplemente se salen por la tangente diciéndole en forma despectiva cosas como: “allá tú, ese problema no es mío”, “ya estas grandecito”, “haz lo que te venga en gana”, “te dije que vengas a la una, sino quieres llegar ese es tu problema, ojalá no te pase nada malo”, “te dije que ese amigo es un peligro, pero bueno si te pasa algo es tu responsabilidad”. Cuando los papás dejamos que nuestros hijos adolescentes hagan siempre lo que les de la gana, no es hacemos un bien, antes por el contrario ¿Cómo va a aprender a trazarse objetivos en la vida? ¿Cómo aprenderá a no dejar los compromisos abandonados? ¿A no dejar las cosas a media? ¿Cómo aprenderá el respeto si dejamos que nos irrespete? Como padres y educadores es importante que entendamos la condición analéctica del adolescente, esta posición confrontativa de la vida les juega una mala pasada a ellos, a veces, el deseo de ser aceptados por el grupo los empuja a situaciones indeseadas. Tal es el caso de tener que ir a viajes de excursión con otros adolescentes que no conocen bien, situaciones como estas pueden significar un momento de gran estrés para nuestra hijo o nuestro hijo, por una parte se puede sentir feliz de que la tengan en cuenta y la estén invitando, pero por otra también puede sentirse insegura, ella puede llegar a nosotros a pedir permiso para ir a la excursión, pero con un deseo sincero que no se lo demos. Por supuesto que hará un show cuando no le demos el permiso, pero por dentro sentirá un fresquito, un alivio por habérselo negado.

Desenlace

Se los digo con toda franqueza, evadir nuestra función de padres y educadores cuando nuestro hijo o hija aún es incapaz de prever o evadir el peligro o la inconveniencia de algunas acciones, es una gran irresponsabilidad de parte nuestra, evadir nuestra función de padres y educadores es exponer a nuestros hijos o hijas a que tenga que aprender con golpes innecesarios, demasiado duros o en el peor de los casos, con daños irremediables. Ya para finalizar esta parte quiero concluir con un dicho popular que bien nos cae en este momento, ese viejo refrán nos dice que debemos buscar el punto de equilibrio en la vida, como bien lo señalan las grandes corrientes espirituales, ese adagio nos dice que la luz hay que colocarla “ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre”. El sendero medio, como dicen los budistas, la moderación también hay que aplicarla en esto de formar en la disciplina a nuestros hijos, recordemos que la disciplina es un recurso que tenemos para ayudar a nuestros hijos e hijas a madurar y a volverse individuos autónomos e independientes, para que aprenda a vivir en armonía y aprovechar su energía y talentos para conseguir lo que es importante para él. Ella, la disciplina, así entendida es un proceso de aprendizaje y no una forma de ejercer poder sobre él y, aunque nos parezca increíble, requiere también de unas cuantas dosis de indisciplina (flexibilidad) de parte nuestra para poder construir confianza con ellos.

Para el diálogo:

1. ¿Qué es la disciplina?

2. ¿Cuál es la razón de ser de la disciplina en el hogar?

3. ¿Qué podemos entender por maltrato físico?

4. ¿Qué podemos entender por maltrato psicoafectivo?

5. ¿Cuál es la forma correcta de fomentar la disciplina en el hogar?