El mensaje de Dios para abogados, fiscales, jueces y magistrados

26/11/2021 - 14:40

El mensaje de Dios para abogados, fiscales, jueces y magistrados

También para legisladores y funcionarios de la rama judicial, entre ellos, secretarios, y otros, y en fin, para todo aquel que viole leyes, mandatos y preceptos

 

Por René Arrieta Pérez y José Vicente Arias Rincón

 

Las leyes fueron establecidas para que funcione de forma perfecta y armónica un sistema determinado. Por lo tanto, la ley es imperiosa y sagrada. Las leyes, en las legislaciones de las distintas sociedades, las establecieron autoridades superiores (dictadas en reglas y normas que regulan de acuerdo a la justicia las relaciones sociales). Esta segunda acepción de ley y leyes, se acerca más a la definición que hace la RAE.

Las leyes auténticas de la sociedad son calco de un modelo divino, y han sido traídas a la tierra por gobernantes y legisladores sabios e inspirados, iluminados por la jerarquía divina, para establecerlas entre los hombres. Por lo que, en efecto, rige el principio hermético que dice: “Como es arriba es abajo”. Pero, el ser humano, en su mundo decadente e involutivo las ha falseado, las ha corrompido, las ha caricaturizado y adulterado a su antojo. Todo el sistema que las conforma y define, ha sido violentado por el hombre, para sus intereses y conveniencias mezquinos.

Si no existiera un marco regulatorio del sistema en la sociedad, en el mundo, todo sería caos, porque las personas harían lo que se les viniese en ganas. Para vivir en sociedad, entonces, se requiere de un modelo o referente que regule la convivencia, y de un pacto social que convenga el imperio de las mismas.

Si nos circunscribimos a una sociedad determinada y a un periodo preciso de su historia en el que podamos encontrar un ejemplo ilustrativo, ese ejemplo sería el del pueblo de Israel. Moisés bajó las leyes que Dios dio a los hombres, y en efecto, esa actuación está acorde al principio hermético antes mencionado. El pueblo de Israel, como bien lo menciona el Éxodo, era libertino y de dura cerviz, entre otras cosas. Esas leyes le serían propicias para civilizarlo. En otras sociedades encontraríamos la evolución histórica de su cultura, en la que filósofos, pensadores, estadistas y sabios fueron creando una sociedad, y, en su orden institucional, un corpus jurídico regulatorio de sus actividades, que les garantizaba fortalecimiento y estabilidad.

 

El mensaje

Dios, envía un mensaje muy claro, preciso y tajante a este conglomerado de trabajadores que escogieron por vocación estudiar y ejercer profesionalmente la abogacía, el derecho, el ejercicio de una labor como dignidades que legislan, (parlamentarios, que no necesariamente son abogados, pero su trabajo es legislar) y que ejercen funcionarios que ejecutan e imparten justicia. Mensaje en el que expresa sus consideraciones y severidad para con quienes hayan violado, tergiversado, falseado el modelo que enuncia sus leyes. La decisión del tribunal de justicia divina será drástico contra estos personajes en el momento en que les toque rendir cuentas.

El sumo rey del universo nos solicita que le recordemos a los abogados y a quienes ejercen cargos de dignidades de jueces, fiscales y magistrados que Él ha dado su beneplácito desde el momento en el que escogieron su profesión, y les expidió, igualmente, un salvoconducto para que le hicieran honor a su oficio.

¡Bienaventurado aquel que haya obrado en corrección y su labor sea fecunda, disfrutará de las mieses del Señor!

 

La terrible realidad de violación y falsedad de las leyes

La gente acude a la justicia para que se les repare el daño que les ha causado un victimario, y en vez de apreciar esa reparación sienten insatisfacción, rabia, impotencia, pena y dolor, porque un abogado, juez, fiscal o cualquiera de los agentes a quienes les compete aplicar justicia los defrauda al hacerles esguinces y manipulaciones a la ley con sus actos y posiciones que atentan contra el espíritu de esta y la justicia. Se percatan que las mismas personas encargadas de aplicar justicia no lo hacen, por el contrario, traicionan de manera infame su deber, y muchas veces está de por medio la falta de principios, sobre todo, la honestidad, cuando se dejan sobornar, y venden sus servicios a victimarios y criminales que han causado daño a su prójimo.

 

Abogados

En el ejercicio de su profesión los abogados defienden a los criminales e infractores. Esto se configura como un absoluto esperpento de lo que en verdad debe hacer un abogado. Así también lo establece el marco legal (que como hemos dicho antes está viciado y adulterado en la esencia de lo que realmente es la ley). El abogado debe acompañar a quien ha violado la ley para garantizarle una aplicación correcta de ella, y que la penalidad no sea excesiva, por ejemplo, y ante esa situación, abogar ante el juez si es demasiado severo en la sentencia; en ese sentido, expondrá los argumentos necesarios para demostrar el exceso de severidad; y su deber como abogado del procesado es solicitar que exista una sentencia proporcional a lo que hizo el infractor acusado (la persona que cometió un crimen e incurrió en un delito).

Cuando se requiera, también el abogado debe detallar y hacer conocer al juez que lleva el caso, y al fiscal que acusa a quien cometió el crimen o delito, los elementos que hacen que la conducta haya sido cometida por determinadas causas, y eso se convierta en atenuante que debe tener en cuenta el juez para deliberar y condenar.

De igual forma, el abogado, en caso de situaciones en la que se acuse falsamente a una persona, su deber sería, con la ayuda del presunto implicado (aquí si cabe con precisión el término presunto), encontrar los argumentos o elementos probatorios que muestren la inocencia de la persona procesada.

Desde ningún punto de vista y consideración un abogado debiera defender la comisión de un crimen o delito, puesto que ese tipo de faltas son condenables, repudiables y a ellas corresponde una acción sancionatoria.

El abogado no está para ayudar a eludir la ley y burlarla. Un gran número de los profesionales del Derecho se prestan para este tipo de acciones que falsean el espíritu con el que fueron concebidas las leyes, cuando debieran ser unos de sus mayores valedores y defensores. Hay que decir, asimismo, en honor a la verdad, que muchos de estos profesionales incurren en actos criminales, cuando toman el conocimiento que tienen sobre leyes y el ordenamiento jurídico que rige a la sociedad para aplicarlo para el mal, y burlar el sistema legal que rige.

Los abogados utilizan argucias y faltan a la verdad y al respeto mismo que debieran tenerle al cuerpo de normas, su institucionalidad y propósito social, como a la filosofía del sistema jurídico, que cumple el papel de mantener el orden y la normalidad en la sociedad. Cuando estos señores actúan así subvierten el orden, le desgarran la vestidura a la justicia, que perdió su pureza y su condición virginal por tan despreciable maltrato al que viene siendo sometida desde un tiempo inmemorial.

Para el Creador cuando se viola un estatuto suyo, en el cielo o en la tierra (que por lo general sucede acá, porque desde la rebelión de los ángeles en el cielo nunca más ha vuelto a suceder infracción alguna en el ámbito celestial), el transgresor pierde cualquier derecho y consideración, y por las dignidades propias de Dios: su amor, piedad y clemencia, esta rigurosidad se atenúa cuando un ser humano que ha errado le suplica apelando a una de estas, sus dignidades, y si Dios acede a esa petición de piedad, lo hace sin que ello vaya en detrimento de la institucionalidad de su justicia y de un merecido y justo castigo, en términos generales.

En todos los países y naciones, en todas las épocas, en la historia humana, el sentido de la profesión del derecho se falseó completamente. Por tales razones priman sociedades injustas, libertinas y caóticas.

En efecto, dignidades o cargos como fiscales, jueces y magistrados son propias para ser asumidas por abogados, que son formados en el conocimiento y manejo de las leyes, por lo que las personas que ostentan esos cargos deben ser ejemplares en todo sentido en la disciplina de la jurisprudencia.

Sin embargo, los abogados, como seres humanos que son, que reflejan el estado de la sociedad en la que viven, igualmente manchan y vuelven deshonrosa su profesión y la dignidad que han asumido. Pese a todas estas circunstancias de deterioro social, son ellos quienes debieran mostrar el profundo respeto que merecen las leyes, cumplirlas y hacerlas cumplir, y ser responsables y correctos en sus decisiones, puesto que con ellas primaría el imperio de la ley y se reestablecería el orden en la sociedad. Sus actos deben, deberían ser innegociables y certeros en el sentido estricto de lo justo.

 

La vergonzosa justicia blanda

En un gran porcentaje de fallos, los jueces son blandos con los victimarios y criminales. Fallan casos y asignan penas de burla, cuando debieran hacer sentir el peso de la justicia a los criminales. De otro lado, existe la aberración en Colombia de la casa por cárcel, que no hace otra cosa que denigrar a la justicia.

Dado ese penoso estado de la justicia, las personas propensas al mal, al crimen, al no ser disuadidos por una implacable justicia delinquen sin cesar, y han convertido al país, en ‘un gran putisferio’, como dice que es España Arturo Pérez-Reverte

 

Mafia en la justicia, carteles de jueces y magistrados

Es tanta la podredumbre en el gremio de los encargados de administrar justicia, que han conformado carteles, cuyo objetivo principal es hacer caja con dinero ilícito derivado de cohecho por recibir, sobornos que pagan personas y figuras pudientes (contratistas, empresarios, altos funcionarios y otros) para ser beneficiadas por jueces y magistrados que llevan casos de corrupción. Una verdadera organización criminal, conformada por quienes tienen la competencia de ejecutar justicia. He ahí una terrible paradoja: los que ostentan la dignidad que confieren cargos de honor, convertidos en viles delincuentes. Esta es una de las realidades más tristes y repugnantes en Colombia.

Entre los grandes problemas en la justicia, por el entramado de corrupción que existe en el gremio de los profesionales de la rama judicial, está el de permitir por acción u omisión que los términos de tiempo de un determinado caso se venzan para que caduque dicho caso y así burlar la aplicación de la justicia. Todo sucede en medio de un frío cálculo para el logro de sus malditos propósitos.

De igual manera, la justicia se pone en favor de los criminales e infractores de la ley y en contra de las víctimas. Esa es, por lo general, su posición, cuando se trata de impartir justicia en los casos en los que existe la relación víctima-victimario.

Y de otro lado, como bien lo dice la sabiduría popular: “La justicia es para los de ruana”. La justicia favorece a los ricos y nunca lo hace con los pobres, aunque estos realmente son las víctimas, y porque no tienen el dinero imprescindible en los sobornos para los pagos ilícitos de los infames servicios a abogados y jueces, que, desde luego, si tienen los ricos, quienes en estos casos en los que aplica el dicho, son, por lo general, los victimarios. Claramente, el dinero es el que manda.

 

El deber de los funcionarios en el ejercicio de su labor

A los funcionarios o agentes de los organismos de seguridad que ejecutan órdenes judiciales, capturas y allanamientos también les cabe responsabilidad en hacer las cosas en el marco de la ley, y no deben recibir sobornos, ni maltratar al capturado, como tampoco deben esconder patrimonio incautado, etc. De igual manera, los policías de tránsito no deben aprovechar su posición de reguladores de las condiciones y normas de conducción para exigir dinero para dejar pasar la falta, su deber es penalizarla.

 

Garantismo y formalidades en la justicia son aberrantes

Una formalidad jamás debe estar por encima del fondo, de lo substancial, de una situación, y mucho menos afectar el acto mismo de impartir justicia. El legalismo, ese elemento formal o detalle de tipo legal que obstaculiza la verdadera solución de algo es un completo adefesio para la verdad, la ley y la justicia.

De la misma manera, la verdadera garantía de la justicia y de la ley es que esta se cumpla, no la de amparar al procesado valiéndose de detalles omitidos en la ejecución de justicia, poniendo a esta persona por encima de la justicia misma. Esto es un despropósito.

El marco legal y las decisiones de jueces, fiscales y magistrados que defienden y garantizan más los derechos de los criminales que el de las víctimas son, en todo sentido, una gran aberración.

-¿Presunción de inocencia, de buena fe? Sí, estas figuras permiten que en un proceso no se enjuicie y juzgue con desconocimiento de causas, pero de ahí a que este postulado se ponga por encima de la justicia misma es un desafuero. Igualmente, es absurdo que un formalismo se valore por encima de la esencia de la justicia y la ley.

Un gran sector de la sociedad, y mayormente los criminales, faltan a la verdad, la justicia, las libertades, los derechos y deberes; quienes además, han quebrantado la veracidad, el sentido de la fe y los valores morales.

Los ciudadanos honestos no ven efectividad en la justicia, no sienten el amparo de esta, entonces optan por denunciar a los infractores de la ley en las redes sociales. Ahora mismo esa realidad existe. De igual forma, los afectado por los criminales, al estar desamparados y frente a la inminencia del peligro no queda otra cosa que la defensa personal, situación en la que muchas veces el criminal cae abatido. Vemos a menudo en los noticieros y en la prensa que los jueces castigan a la persona que en defensa propia se salvó de un criminal, cuando permanentemente son laxos con los criminales en sus decisiones judiciales.

De igual manera, que los representantes de un sistema de justicia decadente y corrupto que nos rige, cuando un reclamante de justicia denuncia a los bandidos (en redes sociales, porque el sistema de justicia no funciona y no les queda de otra –hechos ya habituales en las noticias–), nos vengan a decir a todos que se viola el derecho del criminal, acosador, estafador, ladrón o cualquier categoría de bellaco que hace el mal, y hagan primar el “derecho de presunción de buena fe del victimario” sobre “el derecho de la víctima a ser resarcido”, ya todo llega al colmo de lo que hay que aguantar.

Lo que con prontitud debe hacer todo juez es que caiga completamente el peso de la justicia sobre los individuos infractores de la ley, y no satisfacer, como en todo momento sucede, las peticiones de los abogados de los criminales, quienes también cohabitan con el crimen. Todas estas situaciones lo que significan es que la sociedad, sus instituciones y principios son un completo fracaso.

La presunción de inocencia, la de buena fe, tienen lugar en caso de que todo fuera desconocido, pero lo aberrante en nuestra sociedad, es que en donde todo es evidente, y está probado el delito, incluso, sorprendiéndose al delincuente en flagrancia o demostrada su culpa de manera incontrovertible y contundente, no hay derecho a que vengan fiscales, jueces y magistrados a amparar los derechos del criminal por encima del derecho de la víctima.

En otros casos, la justicia deja en libertad a los criminales que se han ganado la cárcel, y justifican esas decisiones por errores de forma que se cometen en el procedimiento por parte de los miembros del cuerpo policivo, cuando se realizan las capturas de los delincuentes o por parte de funcionarios de juzgados y tribunales que manejan los expedientes. Asuntos que debieran considerarse inocuos en relación con la falta cometida. En Colombia, los representantes de la rama judicial cuando dejan en libertad a los sindicados, incurren en un grave error y contribuyen con la impunidad. Sí señores, agravian la justicia misma, la atropellan, cuando su papel, compromiso y misión es hacer cumplir la ley e impartir justicia. ¡Vaya formalismos estúpidos!

Impartir justicia es un acto intuitivo, sabio y certero. No es un enrevesado ejercicio de marañas, formalidades y legalismos, que entorpecen, frenan y matan el principio de lo justo, pleno y verdadero, y su razón de ser. El legalismo es una mortaja para el Derecho. El juez debe asumir una completa discrecionalidad e invocar sabiduría a Dios para juzgar, y no debe meterse en esa telaraña insustancial y asfixiante en la que se ha convertido la legislación de los seres humanos.

 

El deber de las universidades y centros de formación

Como las universidades y centros de formación son los que titulan a abogados y a los profesionales universitarios en las distintas disciplinas, ellas debieran, a su vez, asumir una responsabilidad insoslayable en dicha formación. Primeramente el compromiso que les cabe es el de priorizar la formación ética en su estudiantado. Luego, incorporar también en sus estatutos la posibilidad de anular la titulación de egresados que atenten contra la ética de su profesión o, por lo pronto, iniciar esa discusión y sus posibilidades dentro de sus claustros. Si las universidades llegaran a establecer el despojo de títulos a quienes falten a la ética, a los egresados que manchan el nombre del alma máter, sería en realidad una determinación acertada y disuasiva para todo profesional. Que sepa que si cede a la tentación de convertirse en perpetrador de actos deshonrosos, en delincuente, le puede también pesar mucho. 

Los delitos, faltas graves, actos infames, no solamente deben ser castigados por la justicia, sino también por las universidades que titularon a esos individuos.

 

El marco ético y legal de todas las profesiones. El correcto ejercicio profesional

El ejercicio profesional de las personas debe ser ejemplar, correcto, y con el debido respeto a principios y valores. El ejercicio de las distintas disciplinas profesionales, asimismo, está regulado por las leyes. Existen conductas profesionales delictuales, que están penalizadas. No obstante, existen otros tipos de conductas, que aunque no estén penalizadas atropellan la ética. Cuando se incurre en conductas delictivas o antiéticas se causa daño a las personas, y también a la sociedad.

Revisemos algunos casos en distintas profesiones:

Un ingeniero civil, en una contratación pública para la construcción de un puente, si en la ejecución de la obra usa materiales de poca calidad, es posible que, cuando la obra esté en funcionamiento, en cualquier momento se derrumbe. Si el incidente ocurre en el preciso momento en el que están transitando autobuses, camiones y automóviles, seguramente las personas que van a bordo de estos vehículos encontrarán la muerte en ese accidente. Entonces, esa elección de los materiales constituye un acto de responsabilidad en el ejercicio de su profesión. Ya sabemos que en la contratación pública son habituales este tipo de casos, en los que se compran materiales inapropiados para reducir costos y esos dineros ahorrados destinarlos a los sobornos de funcionarios y políticos que gestionaron la contratación, lo que se considera corrupción. Las causas y motivos son múltiples, y no interesan en este contexto, pero sí la decisión de hacerlo.

El médico, si en su ejercicio profesional realiza un procedimiento que él sabe que es inapropiado, pero se lo sugiere a su paciente para obtener una mayor ganancia, está faltando a su ética profesional, y traiciona su juramento hipocrático. Y podría, igualmente, ese acto afectar la salud y hasta comprometer la vida de una persona. Omitir un examen o estudios a pacientes que lo ameriten para ahorrarle dinero tanto a la EPS como a la IPS, también es un crimen. Igualmente criminal es que se presten para cometer desfalco de los recursos de la salud en casos como el cartel de la hemofilia, los carteles para desangrar los recursos del SOAT, entre otros.

De igual forma, un contador, que realice acomodos en los libros contables de una empresa para estafar a un socio o cliente, o lo que fuere, su conducta se convierte en criminal. O cuando falsea cuentas para eludir el pago de impuesto. Y otros casos por el estilo.

Y así sucesivamente, podemos seguir poniendo ejemplos de ejercicios profesionales incorrectos, deshonestos, tipificados, incluso, como delitos en muchas legislaciones. También, todas las profesiones y su ejercicio tienen su marco jurídico regulatorio. Empero, las violaciones a esos estatutos suceden mucho, y en un número considerable, si se miraran estadísticamente, pero como se usa el conocimiento jurídico para ocultar el delito o darle apariencia de verdad, pasan inadvertidas, muchas veces; y otras, ya la sociedad misma las admite como normales, estableciendo una complicidad con la situación, y en ese proceso el deterioro cada vez es mayor.

 

Ciudadanos ejemplares

Los ciudadanos deben tomar conciencia de que si hacen las cosas bien el mundo que los circunda será mejor de lo que es. Y debieran tener también en cuenta que si se viola una norma, una ley, ello trae consigo consecuencias que se deben asumir.

Conducir embriagado está prohibido, porque se puede atropellar a alguien y matarlo. Ya el simple hecho de hacerlo es un delito, aunque no haya habido accidente alguno. Si hubo el accidente y muere alguna persona, es doblemente delito, el haber conducido en estado de embriaguez y el haberle quitado la vida a un ser humano.

 

 

 

Juzgar sin tener la dignidad de juez o fiscal te compromete ante Dios

Los únicos autorizados para juzgar a un ciudadano son: un juez o un fiscal, porque son quienes tienen la formación, el conocimiento y el criterio para hacerlo. Además, el pacto social que creó las instituciones los invistió para que así lo hicieran; y en efecto, estos tienen la responsabilidad de hacer bien su labor. Por lo tanto, quien no tenga esa dignidad no está en condiciones de juzgar, y si lo hace se está comprometiendo seriamente ante Dios y sus instituciones de justicia divina. En consecuencia, quien señale a una persona, a la manera de “Oye, tú, prostituta”, en el momento de rendir cuenta ante Dios debe responder por ese tipo de actitudes y atropellos a la gente.

 

Toda persona que cause dolor a su prójimo será rigurosamente castigada por la ley de Dios

Todo el que inflija dolor en el alma de las personas, quienes hagan víctimas a seres humanos con ultrajes, despropósitos, usurpaciones, crímenes, vejaciones y otras distintas maneras de agredir a su prójimo se gana, de facto, karmas y graves castigos. Ante esto la justicia divina es inflexible y rigurosa. En ella no hay cabida para la impunidad.

Si la justicia de los hombres falla, la de Dios no.

Dios dotó a los seres humanos de inteligencia y de una serie de facultades como el sentido común, la sindéresis, que es la capacidad de análisis para distinguir entre lo bueno y lo malo. La inteligencia le permite a la persona guiarse correctamente. Existen distintas acepciones de este vocablo; no obstante, aquí definimos lo que para el Creador es inteligencia, que no es otra cosa que la capacidad que tiene el ser humano para conectarse con su fuente y así poder dirigir de la manera más luminosa su vida y armonizarse con el universo creado. Por lo que se puede colegir: que lo malo lo hacen personas que no tienen esa conexión, y desde luego, cuando se habla de tener inteligencia para el mal es la falsificación de la autenticidad misma del término. El ser humanos ha adulterado todo.

Todas las doctrinas jurídicas o casi todas, afirman que el desconocimiento de una norma o una ley, no exime del castigo consecuente de tal violación.

En síntesis, toda persona que contravenga una ley o mandato y haga daño a alguien causándole dolor, como consecuencia tendrá un riguroso castigo que dictaminará la justicia divina, indistintamente a que haya sido juzgado o no por la justicia de los hombres.

 

Lo que pasa en la hora exacta, cuando llega el momento trascendente

La humanidad ignora lo que pasa después de esta vida, a lo que se suele llamar la muerte. Primeramente no hay muerte. El término correcto es desencarnar. Cuando se desencarna se pierde el cuerpo físico, que hacía como de una especie de vestido de la configuración energética de la persona (lo que llamamos espíritu). El cuerpo físico lleva los estímulos que percibe del mundo exterior al alma, que es como un anillo o envoltura que reviste a su vez al espíritu; es decir, que el alma media entre los dos, entre el cuerpo y el espíritu. El alma es una energía plasmática muy sensible.

Cuando la persona abandona este mundo entra inmediatamente a cuarta dimensión o al mundo espiritual como se le conoce comúnmente. Si la persona tiene deudas serias con la justicia divina, inmediatamente es capturado por los ángeles del tribunal, que en experiencia de muchos moribundos se presenta con atuendo de esqueleto, el antifaz de la muerte y guadaña. Ese ángel de la muerte es el encargado de subir a la persona al tribunal de justicia, que en el cristianismo se conoce como Purgatorio. Y cuando está allí, inmediatamente pasa a juicio y condena.

No obstante, advertimos que en estos momentos los criminales que han cometido crímenes atroces, no son llevados al tribunal, sino que se les hace un juicio sumario en el lugar en donde fallecen, pero en cuarta dimensión, lo que quiere decir, que aunque en ese sitio hayan personas en tercera dimensión no verán absolutamente nada, porque es invisible para ellos, salvo que tengan la facultad de la videncia. Incluso, ni siquiera así les es permitido visualizarlos, puesto que son actos de protocolo vedados al ser humano.

Pues bien, en ese juicio sumario el tribunal divino envía a un juez para que dé su veredicto acerca de la situación de cada una de esas personas. Como estamos hablando de seres que tienen serias deudas con la justicia de Dios, ergo, el juez condena y envía tales personajes a las mazmorras del Infierno y les asignan cuerpos plasmáticos que intensificarán por diez las capacidades que tiene el cuerpo físico humano para recibir dolor, y así puedan pagar por los delitos cometidos que le causaron dolor a su prójimo acá en la tierra. Estos condenados son tirados por un portal que conduce al primer círculo del Infierno, y desde allí deben pasar por todos. A continuación describimos los castigos reservados a los infractores de la justicia de Dios, y especialmente a los que tenían como misión impartir justicia en nuestra humanidad y no lo hicieron.

 

Los castigos

Tendrán como castigo una sed insaciable sin que tengan forma de calmarla. Los invadirá una sensación de ahogo terrible y no podrán salir de esa situación.

Vivirán un fenómeno constante, molesto y fuerte de asfixia infinita, y les llegarán automáticamente las imágenes del dolor de las víctimas, causadas por los victimarios, y a quienes estos ayudaron a eludir la ley. También se hacen inmediatamente merecedores del dolor que sufrieron esas víctimas: un dolor magnificado, la sensación de impotencia absoluta ante ese dolor, como también la rabia exacerbada que sintieron las víctimas cuando acudieron a las instancias judiciales para recibir justicia y no se la dieron. Esa rabia se les hará sentir a ellos.

Todos estos personajes que le fallaron a Dios en su misión de impartir justicia en la tierra son considerados por Él como parias, y tendrán su indiferencia total. Sus súplicas de perdón serán ignoradas, porque para Dios el orden del universo está sujeto al cumplimiento de las leyes del cosmos.

Ay de aquel que practique la abogacía y no cumpla a cabalidad con la corrección y el deber. Les será negado el perdón de Dios.

La sentencia de castigo para ellos es contundente, y se hacen merecedores de pasar por los nueve niveles o círculos del Infierno. Se lo han ganado por menospreciar la ciencia de la jurisprudencia, que ellos escogieron y se dedicaron a estudiar, pero no le hicieron honor. Porque sobre todo ellos saben que las leyes se hicieron para que se cumpla lo positivo en su estricto orden, para que funcione en su perfección el universo.

En el ámbito de las mazmorras del Infierno la desnudez en la que estarán expuestos es penosa, vergonzosa y dolorosa, con una constante sensación de tener un nudo en la garganta, ese que causa la absoluta vergüenza.

Ya dijimos que estas personas que toman la abogacía como profesión y la ejercen tienen el beneplácito de Dios y un salvoconducto especial expedido por Él, privilegios que vilipendiaron y menospreciaron en todo sentido. Ahora sufren las consecuencias de tan grave ofensa.

Dios Padre, al ilustrarnos sobre lo que tiene reservado para estos personajes, nos insta a replicar la frase con la que cierra la sesión:

“Ay, ay, ay, crujir de dientes”.

Sí, terrible crujir de dientes para quienes hayan pisoteado el honor que Dios les concedió.

Finalmente, cuando se aplicó justicia y los condenados en las mazmorras del Infierno pagan la deuda contraída por sus actos, se les introduce a un horno de terribles temperaturas (el cocito, se llama), luego, el poder del fuego desintegra la estructura energética que conforma el espíritu y alma de estos, ahí sí, acontece la verdadera muerte. Esa energía queda purificada y convertida en polvareda cósmica.

 

A pesar de todo, el amor de Dios es infinito y habrá perdón si a partir de este momento:

Tú, señor abogados, juez o fiscal pides perdón a tu Creador, desnudo, con la absoluta verdad ante Él, pues sabemos que penetra todos los corazones y conoce si hay sinceridad o no; si pides perdón a todos los que fueron víctimas de tu ejercicio errado y torticero, y buscas la forma de resarcir a las víctimas de los victimarios a los que serviste; si, además, decides cambiar y tomar conciencia de que todos los seres humanos vinieron a este mundo fue a vivir en sociedad, conforme al mandato de Dios, y te haces, por lo tanto, una persona intachable y ejemplar, un profesional correcto, regenerado, y que la sociedad pueda percibir esa nueva realidad en tu vida. Si haces todo lo indicado, obtendrás el perdón divino. Si se ofrece la ocasión de que tengas la oportunidad de reconocer ante los medios de comunicación el error y confesar lo que hiciste, y asumes un verdadero arrepentimiento, hazlo; sino, realízalo de manera muy personal, pero efectiva y testimonial ante Dios y ante todo el que puedas, tal como lo hemos enunciado.

Citamos de manera puntual el caso de la exjuez Ligia del Carmen Hernández, que admitió públicamente que recibió sobornos del empresario Mattos, cuando era juez 16 civil municipal de Bogotá, para que en una demanda contra una empresa importadora de autopartes, emitiera una medida cautelar y dicha empresa se abstuviera de importar productos de la misma marca de la empresa de Mattos, y así este mantuviera el monopolio, y su empresa fuera la única comercializadora autorizada en el país.

Esta exjuez admitió públicamente su conducta delictiva, sin embargo, eso no le bastaría para obtener el perdón de la justicia divina, puesto que debe completar los requisitos enunciados en su totalidad.

Bien. Si así lo hicieres, devendrá el amor de Dios... Solo así. De lo contrario, ya conoces el precio de tu deuda.

Así también lo explicitan los vínculos con los juramentos: “Si así lo hicieres, Dios y la patria os lo premien, y si no Él y ella os lo demanden”.

Tú, señor abogado, juez, magistrado o fiscal, en caso de que hayas pisoteado el honor que Dios te concedió, ¿serás verdaderamente capaz de hacer todo esto y granjearte Su perdón?

 

Nota de advertencia

Todos nuestros artículos en el que Dios Padre envíe mensajes a la humanidad a través de sus dos testigos, tendrán esta advertencia, y el costo personal y familiar por violarla puede ser muy alto.

Quien no esté en capacidad de ver en el mundo espiritual y de comprobar o no lo que decimos, mejor que permanezca en silencio, reflexione y le deje todo juicio al tiempo, que no haga ningún comentario en contra, no sea que por hacerle pulso al mensaje de Dios sea blanco de su ira.

Y tal como dice Borges, en un pasaje del Aleph, “Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio”.

Toda persona que ataque la palabra de Dios en boca de sus dos ungidos, de los dos testigos del apocalipsis, se vincula a que la severidad de la ley divina lo castigue con tragedia y muerte, y con juicio sumario lo hagan descender a las mazmorras del Infierno. De forma idéntica a como cuando la autoridad policial captura a un delincuente, a un infractor de la ley, que los lectores consideren la debida advertencia, que reza: “Todo lo que usted diga podrá ser usado en su contra”. La ley se cumplirá de forma implacable. Ya llegó el momento, en consideración de la jerarquía celestial, que no se puede dejar pasar ningún tipo de faltas, y mucho menos afrentas e insultos al ejercicio de la autoridad de Dios y de sus plenipotenciarios aquí en la Tierra, en este periodo del fin de los tiempos.

Una persona, por desatender la advertencia y por desatarse en improperios contra nosotros y el mensaje de Dios ya fue castigada.


TAMBIEN TE PUEDE GUSTAR