Testimonio inacabado sobre una misión incumplida, un cáncer y un paz y salvo

24/10/2022 - 21:09

Testimonio inacabado sobre una misión incumplida, un cáncer y un paz y salvo con Dios:

La breve historia de Andreihenrik Blanco Noguera

 

Por René Arrieta Pérez y José Vicente Arias Rincón

 

Presentación

Andreihenrik Blanco Noguera es un joven barranquillero que estudió Optometría en Cartagena, en la Universidad del Sinú, a quien en los últimos años de su carrera le sobrevino un cáncer, y que a pesar de tan onerosa enfermedad pudo terminar sus estudios profesionales, y falleció días después de graduarse, en la ciudad de Barranquilla.

De igual manera, hay que precisar que tanto la madre de Andreihenrik como su hermano menor y su abuela materna viven en Barranquilla, y en Cartagena, en donde cursó sus estudios universitarios compartió con su padre José Vicente, sus hermanos mayores y abuelos paternos. Asimismo, anotamos que su padre José Vicente es médico, y tiene consulta alterna en Cartagena como en Barranquilla.

Él preparaba un testimonio sobre su condición y algunas revelaciones detrás del caso. El padecimiento de su enfermedad no le permitió entregarlo.

Hay un fragmento del testimonio del protagonista de este relato: Andreihenrik Blanco Noguera, que está en cursiva, el resto de la narración la hacemos su padre José Vicente Arias, mi hermano, y el suscrito René Arrieta, en su calidad de tío. Nosotros somos los dos hermanos que Dios envió al mundo terrenal a divulgar su plan del fin de los tiempos.

 

Introducción

Este es un testimonio que nuestro querido Andreihenrik, por orden de Dios, debía presentar públicamente acerca de las afectaciones de su salud que pusieron fin a su existencia; sin embargo, pese a algunos intentos de plasmarlo, finalmente no tuvo la energía vital para realizarlo. Por lo que en un momento determinado, Dios le expresó a su padre, José Vicente: “Ese testimonio me lo entregan”.

La divinidad considera importante que se entregue este relato que indica, de una forma clara, como se altera su plan del fin de los tiempos, porque sencillamente muchos elementos, situaciones, intereses o sentimientos de la vida diaria priman y se les coloca por encima de lo verdaderamente trascendente, y más aún cuando se tiene consciencia que nos dota de la certeza en la realidad de esta vida, que era el caso personal de Andreihenrik. En tanto a la humanidad, que no está despierta y en condiciones de recibir información de manera directa, la tendrá a través de la divulgación que hacemos del plan del Creador, y de la manifestación de la naturaleza que irá marcando la pauta del fin.

El testimonio es importante, toda vez que el protagonista de esta historia vino a cumplir una misión ligada a la nuestra, y cuyo compromiso como maestro de la óptica era entregarnos un prototipo de telescopio, que Dios le había mostrado, aparato con un conjunto de particularidades, que apoyaría nuestro “Tercer sello del apocalipsis: cosmos” y una serie de artículos científicos en los que Dios quiere que la humanidad tenga información comprobable sobre su creación del universo y su devenir, la cual proporcionaremos en distintos ámbitos: astrofísica, física cuántica, cosmología y teosofía.

 

Fragmento del inacabado testimonio de Andreihenrik

 

Desde que tengo uso de razón sé que mi hogar ha sido conformado por seres con la capacidad para guiarme, puesto que mi madre ha sido un gran referente en mi vida, inculcándome valores, costumbres y sobre todo el amor por los demás. Mi padre, desde que yo estaba muy joven, aproximadamente a mis 12,13 años de edad, siendo él una persona con dones, me puso a hacer ejercicios espirituales; a mirar el aura de las personas, sus cargas espirituales, también a practicar ejercicios de meditación a las 3: 00, am, ya que era la hora indicada para el ejercicio.

Al cumplir 19 años de edad, recibí la noticia por parte de mis padres que estudiaría en la ciudad de Cartagena, pues soy de Barranquilla, ellos tomaron una decisión y me facilitaron poder estudiar en la ciudad: por el transporte, la ubicación de mi centro de estudios, y también por la guía de mi hermano mayor y mi padre. Muchas razones que presentaban una buena opción de estudiar en otra ciudad. Mi padre, conocedor de mis costumbres, mis valores y mi capacidad de liderazgo inculcadas por él y por mi madre, determinó que sería lo mejor traerme a su casa en Cartagena para recibir mi educación universitaria, y vine con ese propósito, estudiar, que es lo que me corresponde, por lo cual Dios en su inmensa sabiduría dictaminó mi vocación y mi carrera. 

Después de mucho desear estudiar Medicina, el mismo tiempo se encargó de mostrarme lo que realmente me apasionaba, y decidí intentar con Optometría, por la que me decidí y mis padres me apoyaron. Ellos a su vez decidieron darme un consejo, que tratara de terminarla y que luego si quería estudiar Medicina lo hiciera, que no habría inconveniente.

Entré a mi primer semestre de Optometría, dándome a conocer por mi excelente relación con mis docentes, compañeros de clase y un sinnúmero de estudiantes de otras facultades, al punto de que gran parte de los estudiantes sabían o tenían referencia de mí, me di a conocer en tan poco tiempo, pues sabía quién era y por qué había venido. Mi padre confirmó todo lo que me ocurría, pues, veía más allá que otros y sabía que mi futuro en la universidad daba para grandes cosas. Al irme muy bien, decidí seguir estudiando Optometría, porque me había enamorado de lo que estaba estudiando. Me confié, pues al saber que mi papá ya me había dado certeza de cómo sería mi estancia en la universidad me relajé tanto que empecé a dejarme absorber por el mundo.

Me involucré en una relación con una mujer, lo que no correspondía; descuidé mis estudios, mi propósito, parte de mis metas, me aislé de mi casa y, sobre todo, en varias ocasiones, descuidé mucho los principios que se me habían inculcado. 

En el siguiente link puede apreciar un fragmento audiovisual del testimonio inacabado.

 

https://drive.google.com/file/d/1DPtd-Kr6Dgc5hKK7vV1304ov8YDRmudA/view

 

Reducción teosófica de sus fechas de nacimiento y deceso

Referenciamos las fechas de nacimiento y deceso, porque en los números siempre se encuentran las claves de la esencia de las cosas. Todo lo que deviene de Dios es matemático, y a través de la cábala se accede al conocimiento teosófico.

La reducción teosófica de la fecha de su nacimiento (número 6), señala su condición de ser amoroso. Esa era su forma de relacionarse y su carácter.

Fecha de nacimiento: 4-12-1997. Operación: 4+1+2+1+9+9+7=6.

Y la reducción teosófica de la fecha de su deceso es el (número 7), el cual apunta al logro de una reivindicación. Reivindicación a través del sufrimiento y el dolor por recurrencia de errores. La recurrencia es una ley que impide la evolución de las personas, y las ata, por lo que se debe responder ante leyes como la del karma, por ejemplo.

Fecha de deceso: 19-9-2022. Operación: 1+9+9+2+2+2= 7.

 

Relato de José Vicente sobre la historia de Andreihenrik

Desde muy joven Andreihenrik tiene conocimiento de mis habilidades, entre las cuales están: la predicción en la vida de las personas, lo que constituye una guía para eludir errores y tener más certeza en las actuaciones cotidianas, y consolidar logros; la visualización de las cargas espirituales que perturban a las personas. Le hago una descripción muy detallada de todo ese proceso, y él empieza a interesarse. Igualmente, le describo si hay entes espirituales deambulando por las casas o por algún sitio determinado. Se entera de toda esa temática, lo que le genera interés, y se motiva a seguir preguntándome sobre el tema. Tanto así que le pregunto que si le interesaba aprender y me dice que sí. También le señalaba que podía ver la vida pasada de las personas. En ese ejercicio descubro que él no es un espíritu terrestre, sino venusino. Le digo que hace parte de la familia de un jerarca de Venus, y que se le comisionó venir a la Tierra a impartir conocimiento, que además, él se había ofrecido para ello. Le preciso que se mantienen las características de su rostro venusino, y le hablo de su parecido a Spock (el personaje de la serie cinematográfica Star Trek), le pido que observara bien y focalizara una particularidad que cuando se mira de frente, sus orejas son puntiagudas, y efectivamente, su rostro tiene similitudes a un felino. Le reiteré que ese rasgo era típico de los venusinos, y, por lo tanto, se reflejaba en su vida terrenal. Todo eso lo vincula aún mucho más. Asimismo, le digo que esa civilización tiene mucha relación con los elementales, con el universo y sus galaxias. Le advierto que es una civilización muy avanzada y le hablo de otros dones que poseía como miembro de ella: la telepatía y la clarividencia.

Se interesa mucho por todo y decido que lo ponga en práctica. El primer ejercicio fue que empezara a ver la carga espiritual que brujos y brujas ponen a las personas. Le solicitaba que me diera el número de los entes que conformaban la legión de espíritus instalada en personas afectadas, que detallara los grupos y los propósitos asignados a cada uno de ellos para dañarlas. Empezamos, y en un día logró la visualización de esos entes espirituales. Quedó muy sorprendido. Obtiene el testimonio de que lo que le estoy diciendo es veraz, que no era una fantasía, y le reiteraba de su habilidad y que podía ver más allá de los límites normales de las personas. Debido a su interés comencé a programarle ejercicios para que se vinculara espiritualmente con Dios, con su planeta y su civilización, él empieza a desarrollarlos. Su habilidad era tal que en una semana me manifiesta que había tenido experiencias con Dios y conexiones con su civilización e igualmente con los elementales de la tierra y el universo. Queda maravillado, y siguió haciendo las prácticas y cada día se conectaba y desarrollaba mucho más las habilidades e iba precisando cada vez con mayor exactitud todo el contexto de ese mundo espiritual. Vivía totalmente fascinado, y dicho proceso le da un viraje radical a su vida. Le digo que debía señalar su camino en la vida, bien direccionado, teniendo en cuenta siempre el plano espiritual, porque eso era lo más importante.

De otro lado, con su mamá, siempre le manifestamos lo importante de la obediencia a sus padres, el ser un hijo ejemplar, la responsabilidad en la vida, el buen comportamiento, y todas las virtudes importantes e imprescindibles para el desarrollo personal y espiritual.

Cuando empieza el bachillerato ya estaba involucrado en este proceso. Durante todos los años de estudio le voy dirigiendo para que ampliara y fortaleciera su conocimiento, el aprendizaje, y la oración y su momento preciso para una certera vinculación espiritual.

Realiza su bachillerato en un colegio católico. Se involucra también en muchas prácticas católicas de servicio a las comunidades y ese tipo de actividades. Le vaticino que le va a ir muy bien, que no tendría ningún inconveniente. Todo transcurre así como se lo señalé. Cuando termina su bachillerato se considera y se habla de la carrera que quería estudiar. Le gustaba Medicina. No fue viable en Barranquilla por cuestiones económicas. Abrí la posibilidad de que se trasladara a Cartagena y pudiera estudiar Medicina. No pasó. Ante esa situación, la Universidad del Sinú le ofrece que se vinculara a Optometría. Se presenta, pasa y se matricula. Inmediatamente hago el ejercicio de visualización y pronóstico: de cómo sería su futuro en esa carrera. Lo primero que le indico es que va a ser un estudiante muy destacado, con buenas notas, y que se convertiría en referencia de muchos profesores de su Facultad y otras facultades por sus cualidades como buen estudiante. Así también le señalo que causaría mucha admiración en las mujeres de la universidad y sería muy popular. Iniciando estudios lo nombran representante de su curso para las festividades novembrinas.

No me cansaba de repetirle que había venido a Cartagena a estudiar y para que se dedicara a ello. No me oponía a que tuviera algunos amoríos, pero le decía constantemente que su objetivo era sacar adelante su carrera. Los acontecimientos se desarrollaron tal como se lo había predicho, y muchas veces lo exoneraban de exámenes por su buen desempeño. Sustentaba muy competentemente las exposiciones que le correspondían. Suscitaba así la admiración de los profesores, quienes lo tenían en muy buena estima.

                                                                           ***

 

Todo transcurría bien hasta que en determinado momento establece una relación con una chica de su Facultad, y desafortunadamente asume en esa relación mucho compromiso, tanto así que se deja seducir prácticamente por ese amorío. No abandona su responsabilidad en los estudios, pero empieza a faltar en otras que se suponía debía asumir. Le daba preferencia a su relación antes que a su familia. Se desvincula mucho de sus hermanos, de sus abuelos, de su madre, de sus amigos, incluso de su grupo de estudios. Él comienza a fallar, pues tenía claro que su propósito era terminar su carrera profesional con buenas notas y con niveles de excelencia. Cumplió en eso, pero en relación con la familia no. Nos abandonó. En ese periodo comenzó la pandemia, los estudios dejaron de ser presenciales y se realizaban virtualmente, y lo más lógico es que hubiese retornado a su casa en Barranquilla para estar en compañía de su madre, de su abuela, y su hermano, que tanto lo adora y lo solicitaba. Él prefirió quedarse en Cartagena, absorbido por esa relación, y muchas veces no tenía el cuidado y la delicadeza de realizar una llamada telefónica. Se aisló totalmente de su familia. Pasa el tiempo. En Cartagena tampoco compartía con sus hermanos mayores. Tenía el temor de que se le recriminara su actitud, y la excusa de su ausencia era que ‘estaba en la universidad estudiando’. Su compromiso era, repito, estudiar, investigar y desarrollar ese conocimiento que vino en él programado.

En vista de sus distintas faltas y errores, muchas veces dialogaba con él por largas horas haciéndole ver la gravedad del asunto y la falla en la misión que Dios le había asignado. Ese espacio lo teníamos a altas horas de la noche, porque era el momento en que podía hablarle, en el que tenía acceso a él para poderle hacer ver las cosas. Y así, toda esta situación fue transcurriendo durante meses y años, y en vista de que no lograba que entrara en consciencia, cada día yo era más crudo y le decía que se estaba ganando problemas con Dios por no atender los propósitos asignados y su misión. Escuchaba y se quedaba callado, asintiendo que tenía razón y sencillamente manifestando con esa actitud que tal cuestión ya no interesaba.

Él desde mucho antes de que empezara la carrera tenía claro cuál era su propósito, el que Dios le había encomendado, porque desde un principio se lo señalé. Ante su actitud negativa frente a un hecho trascendente en su vida comencé a ser más profundo, y a decirle, a describirle lo que tendría como consecuencia por su indiferencia a una encomienda divina. A partir de ese momento fui más claro en detallarle lo que se le avecinaba.

Le hice dos predicciones de lo que se estaba ganando por ignorar a Dios. La primera que iba a afrontar una enfermedad mala para que prácticamente muriese en el acto. Y en segundo lugar, una enfermedad mala para que sufriera hasta el último día de su existencia. Predicciones que desde tiempo atrás le reiteraba. Hasta que un día determinado, años después, en Barranquilla, en unas vacaciones, y ya casi al final de su carrera, en un momento en casa en el que estaba en pantaloneta y sin camisa, observo que tenía una protuberancia en su bajo vientre, me causó inquietud, y le pregunté qué era eso y qué sentía. Estábamos a punto de regresar a Cartagena para que continuara sus estudios y le solicité que apenas llegáramos se hiciera una ecografía. Efectivamente fue a realizarse la ecografía, y a medio día lo veo con la ecografía ya en su poder, y obviamente la expresión en su cara no era para nada serena, y me dice: “papá, tengo cáncer”. Me entrega el diagnóstico, en donde se registra el hallazgo de varios tumores en el abdomen y se precisa que es un carcinoma. Al tener ese diagnóstico preliminar, pienso que tendría un desenlace fatal y esa situación iba a traer una tragedia a su vida. Llora desconsoladamente por varios días. Luego me acerco a él y le digo, te acuerdas que siempre te lo dije. Parece que empezó ese castigo*. Lo que tienes es grave. Ya no puedo ayudarte. No puedo interceder por ti espiritualmente, se me sale de las manos. Te advertí todos estos años de lo que pasaría, y tú simplemente no lo tomaste en serio. Le dije que ya no valía el llanto, que la posibilidad de poder salvarse le correspondía a él directamente. Te toca pedirle a Dios una nueva oportunidad o una prórroga –le advertí.

*Recordamos que Dios no castiga. Eso que comúnmente llamamos castigo no son más que las consecuencias causadas por nosotros mismos, por violaciones a las leyes y mandatos Divinos.

 

Como le había enseñado algunos ejercicios que le permitían la vinculación que logró con Dios y con los cuales se accedía a Él, le pedí que se comunicara con el Creador y arreglara su situación. Ese día en que recibió el diagnóstico, pasada la noche, como a las 3:00 de la madrugada, me llama muy alterado, y me dice: “papá, papá, logré la comunicación con Dios”. Le digo, cuéntame, cuál fue la experiencia que viviste.

Me dice que iba por un camino, con bastante penumbra, y caminaba casi que a oscuras hacia una dirección determinada. Me cuenta que veía en el horizonte la figura de un hombre, difusa, y se dispone al encuentro con ese señor, ve y siente que es su papá venusino. Observa que tiene la mirada gacha. No lo miraba a los ojos y estaba en completo silencio. Se percata, asimismo, que en la parte de atrás de su padre había un hombre que no se mostraba. Cuando se acerca ve que el hombre de atrás saca una mano y empuja a su padre a enfrentarlo, y a la vez dice: “Andreih, demasiado tarde, sin embargo, nunca es tarde”.

Inmediatamente indago, y le comento que a pesar de que no había nada que hacer, Dios le estaba dando una nueva oportunidad.

Ante esa situación, le digo: bien, vamos a trabajar. Le hago un tratamiento, lo que posteriormente facilita una intervención quirúrgica.

El médico especialista lo programa para una videolaparoscopia (tipo de cirugía poco invasiva), al realizarla descubre que tiene múltiples masas. En ese momento entiende que es una situación compleja y de alto riesgo. Habitualmente ante esa situación se suspende el procedimiento quirúrgico. El médico en su análisis reflexiona y al ver a una persona muy joven con semejante enfermedad, cree que debe dársele una oportunidad de vida y procede a hacer una laparotomía exploratoria y extirpar todas las masas.

En el procedimiento quirúrgico se extraen nueve tumores, pero ese procedimiento conlleva a un shock hipovolémico, por lo que requiere transfusión urgente de sangre, con hemoglobina en 4. Al terminarse la cirugía, pasa a la unidad de cuidados intensivos, y allí hace una cetoacidosis. También le sobrevino un paro. Tuvieron que hacerle reanimación y ponerle un catéter cardiaco. Su pronóstico era reservado, y hubo otras complicaciones. Lo que si era claro y sorprendente es que siempre estuvo con lucidez y consciencia en semejante estado clínico. Él contaba que los médicos le preguntaban que si sentía dolores y molestias. Él les decía que no, que se sentía bien.

Logra salir de la adversidad, de cuidados intensivos y de la situación en la que se encontraba en ese momento. Se recupera satisfactoriamente. De ninguna manera abandonó los estudios. Siguió destacándose como estudiante a pesar de la incapacidad médica, y seguía ganándose el afecto de compañeros y profesores, porque ante tales circunstancias de salud tenía entereza para continuar con su carrera.

Termina ese periodo. Nos vamos para Barranquilla. Siempre atentos, pues se tenía claro el diagnóstico de una enfermedad agresiva y maligna. Sabíamos a lo que nos enfrentábamos. Un padecimiento que conducía a la muerte. Se mantuvo un tratamiento alternativo para preservar su salud, y para que su cuerpo se enfrentase a las células malignas. Se logró un estado aceptable a partir de cuidados paliativos. En medio de su estado de salud, en el curso de tres meses, esperamos las pruebas de patología que confirmaran el diagnóstico; en ese lapso se realiza una nueva ecografía que confirma la activación de nuevos tumores, por lo que lo programan para quimioterapia. En esta nueva etapa se mejora momentáneamente.

Paralelamente se le sigue señalando que tomara correctivo en su andar. No rectificó nunca, y por no acatar lo que Dios demandaba de él, desgraciadamente el cáncer se manifestó nuevamente y aceleró su proceso degenerativo.

Se siguen tres sesiones de quimioterapia y en la tercera, como médico, hago una evaluación de las funciones de hígado y riñones, y un control ecográfico, y descubro que las masas siguen creciendo, que entra en insuficiencia hepática y renal por las quimioterapias, las cuales se suspenden inmediatamente, y el médico tratante diagnostica que no hay nada que hacer.

Deduzco, entonces, que la primera predicción se había plasmado, y que por el hecho de no haber corrección de las faltas en su vida, que fueron origen de la enfermedad, comienza a encausarse a la segunda predicción: afección maligna para que sufra hasta el último día de su existencia.

A partir de ese momento su deterioro físico se hace más evidente, le afecta una insuficiencia renal crónica y mantiene el abdomen distendido; las masas crecen nuevamente, se le hace una segunda intervención quirúrgica (laparotomía exploratoria), que a diferencia del primer procedimiento en donde extirpan el cien por ciento de los tumores, ahora solo extirpan el cincuenta por ciento. El cirujano manifiesta que es un mal pronóstico, que ya no lo puede volver a intervenir quirúrgicamente. Los tumores del hígado, del bazo y la fosa iliaca no se pueden remover. Terminada la segunda intervención quirúrgica presenta un cuadro de dificultad respiratoria, se agrava, y descubren que el tumor ha hecho metástasis e invade el pulmón del lado derecho. Tiene un derrame pleural. Se complica su situación en estancia hospitalaria, se le instala un tubo de tórax, le drenan los líquidos represados en su cavidad pulmonar: un líquido metastásico cancerígeno. Se le sella toda la cavidad pleural para evitar que la masa siga proliferando a nivel pulmonar.

Sale de UCI en ese nivel de complicación, hinchado de la cintura hacia abajo, en unas condiciones de salud paupérrimas, desahuciado sencillamente, en estado crítico, ya solo esperábamos la llegada de la fatalidad. Se lleva a casa y se inicia un tratamiento para mejorar su estado. Logro su estabilidad y sacarlo de esa condición de muerte por un tiempo.

Manifestaba un avanzado deterioro físico y mental, y, en esos momentos, se encontraba muy depresivo. En diálogo le digo que cambiara su actitud y se armonizara, que no valía la depresión, pues se le había advertido con tiempo. Me señala que por qué no fui más drástico en hacerle ver la verdad. Le comento que me parecía injusto que me dijera eso, porque muchas veces, muy molesto, con razones en las que le detallaba las causas, le advertía, y que él estaba seguro que jamás hubiese usado la fuerza para hacerlo entrar en razón, que ni siquiera cuando estaba pequeño usé el cinturón, como generalmente lo hacen muchos padres, y mucho menos iba a proceder así cuando ya era un hombre mayor de edad. Le enfatizaba que aquí de lo que se trataba era de haber hecho un acto de reflexión y voluntad, al que lo invitaba innumerables veces, y que simplemente no lo hizo. Le enfaticé que logró el despertar de consciencia, que sabía cuáles habían sido sus vidas pasadas y cuál era su propósito en esta vida, la misión que Dios le había encomendado, y que por priorizar unas cuestiones más mundanas dejó de lado lo trascendental que en su momento hubo logrado.  

En vista de su padecimiento le reitero que el dolor o el sufrimiento ahora correspondía a una forma de pagar a Dios las faltas, y que le manifestara que si esa era la forma de reivindicarse que le mandara a toneladas, pero que nunca lo abandonase, que lo asistiese, y le precisé que se dispusiera a señalarle que estaba listo para partir cuando así lo dispusiera, y su respuesta siempre fue contundente: “listo papá, eso haré.”

Él se reivindica con su madre y su hermano menor, al final, en Barranquilla, les pide perdón, y propicia un vínculo espiritual en familia.

 

Mi relato sobre la historia de Andreihenrik

Inmediatamente Andreihenrik llega a Cartagena lo acojo y ejerzo sobre él otra tutoría más. Lo instruyo en comunicación oral y escrita, y en comprensión de textos. Le entregaba siempre material de estudio para que fuera formándose en sus momentos libres. Así lo hace y se ven sus avances.

Constantemente me visita, me plantea sus inquietudes espirituales, y se las resuelvo. Su padre José Vicente le había develado una de sus reencarnaciones en la tierra, la de su venida como Isaac Newton; pero él quería saber sus otras vidas pasadas, y le indago cuatro: Jacobo, hermano de Jesús de Nazaret; Flavio Josefo, el historiador judeorromano; Filóstrato, autor griego, y Gauss, el matemático, físico y astrónomo alemán.

Como una de las características de Dios es que habla poco: lo justo y preciso, Andreihenrik cuando tenía experiencias con Él, muchas veces no entendía del todo, y al no poder preguntar a su padre José Vicente, porque no estaba en casa o andaba muy ocupado en su labor médica, entonces venía a mí para que le explicara. Y efectivamente, me iba a la escena de la experiencia que había tenido, la visualizaba, observaba atentamente y le describía con detalles la situación: por qué Dios le había dicho eso, en dónde fue el encuentro o sencillamente qué implicaciones tenían las palabras por Él expresadas.

Alguna vez, en la primera etapa de su afección, vino y me dijo: “Dios me envió aquí”. Le respondí: “mientras el signo de muerte esté sobre ti yo no te guiaré en el propósito para que logres el prototipo (telescopio)”, y proseguí, “cuando decidas quitártelo y estés libre de eso con todo el gusto del mundo cuentas conmigo”. Asintió y me dijo: “ah, bien”. Se lo dije porque debía hacer un acto de reflexión, evaluar el estado en que lo había sumido el hecho de haberse apartado de lo que le correspondía realizar en esta vida, rectificar su andadura, y en un acto de voluntad determinar su prioridad y dedicar el tiempo suficiente para emprender su investigación inventiva sobre la cual ya Dios le había proporcionado mucha información. Nunca tomó la decisión de priorizar lo que le correspondía como misión y se alejaba un buen tiempo de mí. Por lo tanto, nunca se quitó el signo de muerte que pendía sobre él, al que aludí cuando me expresé así.

 

Conclusiones

En este mundo tenemos dos opciones: cumplir o no cumplir. Para la primera se necesita de un grado de alta determinación en la que la voluntad del ser es definitiva, del esfuerzo y sacrificio que requiere la ejecución misma del proceso, y así, finalmente, se logra el producto, el invento, la obra, la misión, etc. Lo otra opción es no cumplir. Muchas veces se tiene la intención, pero esta sola no basta. Se requiere de mucha entrega. Eso lo saben las personas que logran realizar un proyecto y cumplen con lo deseado.

Dios, sabía que Andreihenrik no cumpliría, pues en el tiempo en que debía hacerlo no había nada concreto. Por lo que en la primera fase de la enfermedad le mostró una de sus vidas pasadas, y le dijo así: “Tú eres Mohamed”.

Pregunta Andreih, ¿quién?

Mohamed, le repite, Dios.

¿Quién?, insiste Andreih.

Mohamed, le dice, en forma fuerte, y le da la espalda.

 

En la ocasión en la que Andreihenrik me contó esa experiencia, inmediatamente me di a la tarea de indagar su vida como Mohamed, y se la describo.

“Fuiste un hombre de ciencias, que perteneció a la corte de Mahoma, y fallaste a muchas encomiendas que Dios te hizo en ese momento”.

Le describo que constantemente se dirigía a Dios con las manos unidas en acto de plegaría, de súplica y devoción, diciendo: ‘perdóname, esta vez te voy a cumplir’, y no lo hacías, le enfatizo y continúo.

“Te pasaste toda esa vida en eso, te daba nuevamente la oportunidad y no te desencarnaba”. “Ahora, Dios, al ver que repetías en esta vida la historia de recurrencias de tu pasado, sencillamente te lo recordó”.

Bien, en esa experiencia de Andreihenrik, se observa claramente que Dios le recuerda su vida como Mohamed, y esta vez sí lo desencarna, después de una segunda oportunidad que le ha entregado y en la que no le cumple. Aunque el Altísimo es bastante amoroso, determina todo un contexto de catarsis, para que obtenga su paz y salvo y pueda subir liberado, por consiguiente, Andreihenrik debía asumir la enfermedad. Con el padecimiento de esta obtuvo su liberación y ya no tiene deudas con las leyes de Dios.

Esta experiencia, y el testimonio que de ella presentamos, hacen ostensible que detrás de muchas situaciones en la vida están los misterios de Dios.

Ahora, Andreihenrik vive en la luz y en la paz de Dios. Y desde el plano espiritual está viendo el mundo de los hombres en su fase apocalíptica, y crudamente le ha manifestado, en dos ocasiones, a su padre, José Vicente, estas palabras que lo abruman, porque ha visto el futuro:

“Padre, tenías absoluta razón”

Y luego:

“Padre, ni siquiera te imaginas lo que va a pasar”.

Reitero, se ha abrumado tanto, que ha manifestado esas dos expresiones. Y aunque le notificó de una manera consternada el futuro de la humanidad que ha visto, advierto que nosotros sabemos perfectamente las escenas dantescas y conturbadoras que se acercan para el hombre. Es el plan de Dios que constantemente estamos divulgando.

De igual manera, Andreihenrik se le ha manifestado a su madre en sueños, en dos ocasiones. Primeramente le dice, de forma concisa:

“Desobediencia a Dios en el mundo de los hombres”.

Luego, en la siguiente noche, le indica que consulte Jeremías 11: 11-12. Que literalmente dice:

“Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí, yo traigo sobre ellos un mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los escucharé.

E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes ellos queman incienso, los cuales no los salvarán en el tiempo de su aflicción”.

                                                                                ***

 

Este testimonio, de igual forma, corrobora que la historia final de la raza está por concluir, y que es tarde para el hombre. Dios estrega su plan del fin de los tiempos a través de sus dos testigos y espera consciencia y despertar de la gente, quien debe abrigarse en Él.

Obedezcan a Dios y deslíndense de esa carrera irracional en la que los seres humanos dañan a su prójimo, la naturaleza y el planeta. Igualmente, en un acto de sensatez, hombres y mujeres, opónganse y critiquen férreamente esa actitud demencial de grandes sectores de la sociedad.

 

Nota de advertencia

Todos nuestros artículos en el que Dios Padre envíe mensajes a la humanidad a través de sus dos testigos, tendrán esta advertencia, y el costo personal y familiar por violarla puede ser muy alto.

Quien no esté en capacidad de ver en el mundo espiritual y de comprobar o no lo que decimos, mejor que permanezca en silencio, reflexione y le deje todo juicio al tiempo, que no haga ningún comentario en contra, no sea que por hacerle pulso al mensaje de Dios sea blanco de su ira.

Y tal como dice Borges, en un pasaje del Aleph, “Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio”.

Toda persona que ataque la palabra de Dios en boca de sus dos ungidos, de los dos testigos del apocalipsis, se vincula a que la severidad de la ley divina lo castigue con tragedia y muerte, y con juicio sumario lo hagan descender a las mazmorras del Infierno. De forma idéntica a como cuando la autoridad policial captura a un delincuente, a un infractor de la ley, que los lectores consideren la debida advertencia, que reza: “Todo lo que usted diga podrá ser usado en su contra”. La ley se cumplirá de forma implacable. Ya llegó el momento, en consideración de la jerarquía celestial, que no se puede dejar pasar ningún tipo de faltas, y mucho menos afrentas e insultos al ejercicio de la autoridad de Dios y de sus plenipotenciarios aquí en la Tierra, en este periodo del fin de los tiempos.

Una persona, por desatender la advertencia y por desatarse en improperios contra nosotros y el mensaje de Dios ya fue castigada.

 

Crédito montaje fotográfico: José David Arias.


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