#TBT: ¿Hasta cuándo “el pueblo”? (Sept.2013)

06/09/2019 - 13:35

Para efectos de este artículo definamos algunas palabras desde ya:

  • Pueblo: no es la gente ni lo que ella quiere o necesita, sólo es algo abstracto como “nación” o “soberanía”.
  • Gente: es todo el mundo, es cualquiera y es nadie.
  • Político: cualquiera menos el que hace política.
  • Política: licuadora en la que caben el pueblo, la gente, el político.

Ahora sí, al tema. Hay cosas de las cuales la humanidad se ha declarado dueña sencillamente porque son de todos, son indivisibles, son intangibles, no se pueden cuantificar o son inmateriales. Ejemplos: la verdad, la libertad, la cultura. Y cada quien pretende imponer sus razones sobre cómo cree que deben interpretarse esas cosas.

El expresidente Alvaro Uribe lo hacía y lo hace con “la patria”. Todo es por la patria y la patria aguanta todo, y nadie se molesta por lo que pase con la patria porque la patria no significa nada, la patria está por ahí en el aire, en todas partes y solo se materializa cuando triunfa la selección nacional de fútbol o en los desfiles militares de las fechas patrias o en la solidaridad de los desastres naturales.

También lo hacía Hugo Chávez en Venezuela y ahora Nicolás Maduro: por la patria todo vale y si es en nombre del Libertador, pues más válido se presume.

En nombre de Dios y de la libertad, otro ejemplo, se han autoproclamado muchos reyes y emperadores, se han emprendido guerras y cometido atrocidades, y por supuesto, se invisten de mensajeros iluminados muchos “pastores” todos los días.

Pero hay una fuente inacabable de justificaciones, en nombre de la cual se disfrazan muchas ambiciones, conspiraciones, fraudes y traiciones: “el pueblo”. Por eso, nada mejor para la política que la palabra “pueblo”. Y cuando el pueblo ya suena anticuado o pierde significado entonces se acude a “la gente”.

“El poder del pueblo… la esperanza del pueblo... el pueblo lo pidió… es el tiempo de la gente… primero la gente…siempre cerca de la gente”.

Todo lo que necesite ser convertido en bueno y legal pasa por “el pueblo” y por “la gente” y la gente no tiene idea de lo que está legitimando, pero lo acepta porque “el pueblo es el que manda”.

Pero ¿cuál pueblo, cuál gente, dónde está, cómo se manifestó? ¿Quién es ese pueblo, acaso los que abrazan o le cargan el maletín a los “proclamados” por el pueblo o los que se montan en los buses sin saber para dónde van?

¿Acaso la bendición de un político o de un partido político a otro deja a ese “otro” untado automáticamente de voluntad popular, sin pronunciar palabra por lo menos frente al espejo de su baño o sin saber siquiera qué es el constituyente primario?

Declararse candidato del pueblo o de la gente supone defender sus intereses, actuar en consecuencia y ser reconocido por su servicio y sus conocimientos, como lo hacen, por ejemplo, nuestros indígenas con sus mamos o gobernadores.

Si ese antecedente es muy difícil de demostrar entonces deberíamos hacer un gran acuerdo nacional para omitir del discurso político, sea por estrategia publicitaria o por simple honestidad, el rótulo de defensores del pueblo, y de paso, no hacer ofrecimientos inalcanzables como “el cambio es ahora… somos el cambio…es la hora de la gente…por un nuevo país…estamos contigo…”


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