El enojo de los padres y el enojo de los hijos


El Enojo de los Padres

Para nosotros como padres, el dejarnos llevar por la ira nos produce una morbosa satisfacción, pero esto es momentáneo, es fugaz. El enojo no es un buen consejero en el proceso de crianza de nuestros hijos, sin duda no nos ayuda a resolver problemas, por el contrario, más bien nos impide razonar de manera correcta, entorpece nuestra capacidad de tomar buenas decisiones, y genera un lamentable círculo vicioso que nos altera, nos entristece y enfurece más.

Perder el control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, es un riesgo para nosotros y para los que nos rodean, a corto plazo genera sufrimiento, desunión y después produce culpa.

Para los padres amorosamente responsables, resulta de mucha importancia aprender a calmarnos. Cuando la rabia comienza, lo recomendable es tratar de identificar los pensamientos que están provocando esta emoción básica, considerar qué tan adecuados son y cambiar nuestro enfoque. Además de esta primera técnica podemos usar otras  técnicas que nuestras abuelas sabían usar muy bien, como por ejemplo: Contar hasta veinte, dar un paseo a pie, respirar profundamente, relajamos o hacer un ejercicio breve y vigoroso.

Sólo si aprendemos a manejar la ira y el enojo podremos enseñar, con autoridad, a nuestros niños a controlarlos y orientarlos de manera saludable.

El Enojo en los Hijos

Cuando el niño se enoje, siempre tratemos de averiguar qué hay detrás de su rabia: ¿Se siente solo, herido, celoso, inseguro? ¿Tiene miedo? ¿A qué?

Es muy importante que papá y mamá le pongan atención a los sentimientos de su hijo. Él debe saber que para nosotros sus emociones son importantes. La mejor forma de demostrárselo es acercándonos a él y ayudándolo a entender cómo se siente. Esto reclama de nosotros mucha sensibilidad y respeto, para ello es importante recordar que no hay sentimientos malos, todo sentimiento tiene su razón de ser, saberlo controlar y orientar es lo importante, por eso debemos evitar criticarlo, burlarnos o prohibirle que muestre sus sentimientos. Si le decimos, por ejemplo: "No llores, no grites, no me contestes" él irá aprendiendo a esconder sus emociones perdiendo de este modo la confianza para abrirse y expresarse a los demás.

También es importante, en este proceso educar a nuestro hijo para que sea asertivo en la expresión de sus emociones, esto significa saber ponerle limites, contenerlo cuando sea necesario y exhortarlo a comunicarse respetuosamente, en este sentido no se debe aceptar ni permitir que, al mostrar sus sentimientos, lastime y falte al respeto a otras personas. Si esto llegase a suceder será necesario corregirlo.

Es importante que los papás aprendamos también a ser amorosamente firmes y hablar con él para que reflexione sobre lo que hace bien y lo que hace mal, para ello debemos procurar hacerlo sin regaños, cantaletas o insultos, repito, debemos poner límites y aprovechar el momento para enseñarle a ser sensible al dolor del otro. Podemos decirle por ejemplo: "Entiendo que estés molesto, pero no puedo aceptar que lastimes o insultes a nadie. Mira cómo le dolió lo que hiciste". De esta manera, propiciaremos que el niño se vuelva más empático y evitaremos que se vuelva egoísta e incapaz de pensar en los demás (antipático).