Del napalm de la guerra de Vietnam a la tragedia de Tasajera del Caribe.


Del napalm de la guerra de Vietnam a la tragedia de Tasajera.

Jamás podré olvidar la lectura de aquel diario nacional, el 9 de junio de 1972, cuando en la primera página apareció la foto de la niña de Vietnam del Norte, Kim Phuc, quien habitaba el pequeño poblado de Trang Bang, ubicado a un lado de la carretera, y por ello considerado objetivo militar por las tropas invasoras de Estados Unidos de América.

El día anterior, la aviación norteamericana había bombardeado el pueblo con napalm, incendiando y destruyendo instalaciones materiales, vegetación, fauna circundante y por supuesto personas indefensas, entre ellas las más vulnerables : niños y niñas y entre estas Kim, quien con el cuerpo quemado con lesiones de segundo y tercer grado corría por la estratégica vía, con la piel despegada de sus músculos, hasta cuando fue socorrida en un hospital.

 Le acompañaba el fotógrafo Nick Ut, autor de la dramática fotografía que recorrió el mundo, denunciando los horrores de una absurda guerra, como son todas estas, producto de las ambiciones políticas de los países colonialistas y neocolonialistas de la época: 1955.1975.

La página web EcuRed, presenta el episodio de la siguiente manera:

El 8 de junio de 1972 en la población vietnamita de Trang Bang, la pequeña niña Kim Phuc no se imaginaba lo que iba   a suceder. El ejército de EEUU. bombardeaba su pueblo con napalm haciendo que toda la población, tuviera que huir aterrorizada, víctima de horrendas quemaduras.

Phuc salió corriendo desnuda por la carretera, presa del dolor. “Muy caliente, muy caliente” gritaba, con el rostro en llanto, al igual que otros de sus familiares. Un momento que inmortalizó el fotógrafo vietnamita Nick Ut, quien cubría la guerra de Vietnam para la agencia estadounidense Associated Press.

Esta instantánea dio la vuelta al mundo y mostró los horrores del conflicto a la comunidad internacional, hasta el punto de que fue decisiva para acelerar el final de los enfrentamientos. (ecured.cu. napalm. Consultado julio 14-2020)

El napalm, utilizado desde 1965 por Estados Unidos de América en la Guerra de Vietnam que dejó un fatídico saldo entre 3, 8 y 5, 7 millones de muertos, es “una sustancia a base de gasolina en estado de gel, altamente inflamable que arde lentamente. Se fabrica fácilmente utilizando poliestireno expandido en gasolina hasta su gelatinización. Es usada en lanzallamas y bombas incendiarias. Una de sus variedades incendiarias es el napalm B que fue utilizado en la guerra de Vietnam, el cual además de gasolina en su composición contiene benceno” (ecured.cu).

Desde la perspectiva del presente escrito, sin negar la importancia esencial de la gasolina en el mundo moderno, esta, desde otra vertiente, está ligada a las tragedias que vivimos los humanos, tales como las que vivenció el pueblo vietnamita, el pueblo de estados Unidos, ambos con sus miles de miles de jóvenes muertos, y como la vivenciamos hoy el pueblo de Colombia, y el pueblo del Caribe colombiano con la tragedia de Tasajera, corregimiento del Municipio de Pueblo Viejo Magdalena.

El pasado seis de julio, las imágenes de la explosión de un carro tanque cargado de gasolina, volteado en la carretera, superaron con creces los horrores de la foto de Nick Ut, mostrando a Kim Thuc, corriendo desnuda, con la piel desgarrada, en casi todo su cuerpo por los efectos letales del napalm.

En Tasajera, no se trató de una sola persona fotografiada: Fueron grupos de hombres corriendo desnudos, con su cuerpo lleno de quemaduras mortales, con camionetas cargando grupos de personas, en iguales condiciones, todos en lamentables y dolorosos episodios, que sacaron lágrimas sinceras del alma de quien esto escribe.

Hoy, a más de una semana de la Tragedia, de uno de los corregimientos más pobres de Colombia, son 37 las víctimas mortales, a la hora de hacer este escrito, decenas más de heridos con quemaduras de consideración, y otro grupo que sólo espera la voluntad de Dios para continuar luchando en este mundo de injusticias, pobrezas e inequidades, en muchos ámbitos de la vida social.

Sin embargo, lo sucedido en este espacio del Caribe  es explicable, más no justificable:
Se trata de una población carente de agua potable, con gran déficit de energía eléctrica, sin servicio de recolección de basuras sin servicio de alcantarillado, precaria prestación de los servicios de salud y educación, con una economía de supervivencia sustentada en un pesca que mengua cada día, un comercio al detal,  precario al cual solo da un aliento de vida el  peaje allí ubicado, cobrando tarifas, que ahuyentan al turista, que casi nunca se aventura a bajarse del auto, en fin, Tasera es un sitio donde la miseria material está ligada a equívocos comportamientos populares como el sucedido el nefasto pasado seis de julio.

Entonces, es explicable, que una comunidad en estas condiciones decida jugarse la vida por una pimpina de gasolina, cuya venta extralegal, a lo sumo le producirá dos jornadas de alimentación durante un día, y que cada vez que ocurra un accidente, algunos desesperados concurran al sitio del suceso a “pescar en rio revuelto.

Pero lo que no es justificable bajo ningún concepto, por muy elevado que sea el índice de pobreza material, que suceda lo que ocurrió:

Saquear el peligroso cargamento, lejos de auxiliar al conductor del auto, que más que nunca, en ese duro momento precisa de la ayuda, de la solidaridad de una comunidad, frente a la cual él es también de su mismo estrato social: un asalariado más, que lucha por su vida, es un acto que pone en entredicho los valores de una comunidad del Caribe, reconocida, entre otros elementos positivos de la vida cotidiana, precisamente por su solidaridad.

Hoy, duele en lo más profundo del alma, los múltiples fallecimientos de los humildes que perdieron la vida, por una imprudencia letal, la dura condición de los heridos, la situación dolorosa y calamitosa de sus familiares y de la cantidad de niños y niñas desamparados que deja la horrible tragedia.

Ahora, en el ámbito de la vida espiritual sólo conviene:

Continuar rogando a la Virgen del Carmen, que evite los accidentes fatales de movilidad y que Dios y Jesús curen pronto a los heridos y den pronta resignación espiritual a los familiares de los fallecidos.

En el ámbito de la vida social es necesario una reinvención política, social y cultural de Tasajera que posibilite, por una parte, idear y poner a funcionar una agresiva y efectiva política pública de generación de empleos decentes que permitan eliminar la pobreza en todos sus niveles, y abrir nuevos frentes de producción de bienes materiales, orientados a este mismo propósito; el rescate de la pesca, el incremento del turismo y el fomento del comercio cooperativo, pueden ser unos  buenos renglones.

Así mismo, por la vía de la moral cristiana, debe hacerse una redistribución de los bienes de los poderosos, cuyos capitales entren a financiar empresas comunitarias y cooperativas aportando un mediano capital semilla, sin ninguna retribución, o en el peor de los casos, colocado con intereses muy blandos y a un larguísimo plazo.

Paralela a este proceso debe darse la reinvención del sistema educativo, creando en las escuelas un modelo educativo y pedagógico, centrado en el valor de la solidaridad, (que eduque a ayudar a los demás), orientado a borrar de la conciencia de los habitantes de Tasajera, las raíces del comportamiento imprudente y egoísta referenciado, y en el valor de la vida tutelado por la Educación Ambiental.

Esta última connotación debe posibilitar la revaloración de la vida, la convivencia pacífica con todos los seres de la naturaleza, la protección y conservación del ambiente, tan venido a menos en este corregimiento, circundado por lamentables cordones de basuras, con varios kilómetros de extensión que opacan la belleza de la Ciénaga Grande y el Mar Caribe y producen varias enfermedades.

A manera de epílogo, hago llegar mis más sinceras condolencias a los familiares de los fallecidos, mi voz de aliento y de esperanza en la recuperación de los heridos y mi invitación respetuosa a reinventar la vida en esta población, lo cual es una perentoria obligación del Estado a nivel del municipio de Pueblo Viejo, el departamento del Magdalena la República de Colombia, y por supuesto.

Con los afectos de siempre:

Reforzados, y enlutados, pero optimistas en el renacer de Tasajera; esperanzados que jamás se repitan estos dolorosos sucesos en nuestra costa Caribe, Colombia y la Tierra.

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA

 

 

 

 


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