TRINOS ANGUSTIOSOS

24/11/2020 - 12:01

Se siente inseguro en su jaula. Ya no es el mismo desde que sus compañeros de andanzas lo dejaron solito lanzando trinos insustanciales  sin ton ni son; trinos que lo condenan a morir en la soledad de su jaula. A ese cucarachero, Troglodytes aedon- ruiseñor lo llaman algunos conocedores del tema- lo midieron con el mismo rasero. Ahora vive amargado y flemático: todo le hiede, nada le huele. Ahora hay una mariposa variopinta apoderada del solio, adornando y presidiendo con su estética figura los destino del bosque.

No es un pájaro muy esbelto; es un pajarraco atrevido, soez y prepotente que cree que todo lo que trina cae bien a quienes lo escuchan. Muchos de sus compañeros están encerrados desde hace rato y aquellos que no pudieron ser capturados por las trampas de los pajareros huyen y solapadamente, desde las distancias del bosque, intentan trinar sin la fuerza que antes poseían. Son impotentes después de ser prepotentes. El miedo los acobarda e intentan engañar con trinos sofisticados.

Este pajarraco muere lentamente pensando que sus trinos mentirosos, mezclados  con amenazas y asechanzas desde su jaula aún impactan a los oídos estúpidos de sus enfermos y engañados secuaces. Cada día sus plumas se resecan y sus ojos mueren llenos de odio, porque sus trinos nadie los oye y si los oyen no le prestan atención. Ya no tiene el poder. Es un pajarraco esquizoide. Único en su especie, porque hay algunos, como el toche, que mueren de rabia cuando son capturados y encerrados en sus jaulas, pero éste es un espécimen muy raro en el mundo de la fauna colombiana. Los ornitólogos quedarían sorprendidos ante su rareza.

Es  un ave hasta muy especial, que ve cómo se le viene abajo toda la estantería. Siente miedo; ese miedo frio de los muertos que tanto dejó por el camino que transitó durante noventa y seis meses de placer olímpico, pero que ahora le producen un temblor acompañado de sensaciones encontradas por el remordimiento de lo que hizo. Nunca antes había sentido  el miedo en sus entrañas y creo que sus heces salen raudas así como sus trinos. Había tenido todo  el poder en sus manos y ahora lo añora.

Ya es muy tarde; cada vez su jaula se le cierra más. Las evidencias surgen de todas partes. De allende los mares le llegan señalamientos que lo hacen sentirse no un pájaro cantor, sino una urraca parlanchina y hazmerreír de sus contrarios. Ya no duerme a piernas sueltas. Ve en todas partes  fantasmas y enemigos que intentan capturarlos. Es un pobre pajarraco que no sabe qué decir cuando lo mencionan.

Antes, cuando no trinaba tanto, se creía el único que podía manejar la pajarera a su antojo. Pero se dio con la pared; chocó contra una monolítica resistencia a la tiranía de sus cantos de muerte.  Se estrelló y después comenzó una forma sucia de combatir a quienes trinaban diferente. Nunca pensó que había pájaros con mejores trinos y se quedó solo. Ahora no trina, llora cual pájara solitaria.


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