Confusiones

18/05/2019 - 15:25

Después de 12 horas de viaje logramos llegar a la zona veredal de Pondores de las extintas FARC en el departamento de la Guajira. Para llegar, arribamos primero a Fonseca, municipio del departamento, después por caminos y trochas llegamos a Conejo, vereda de la zona, y luego a Pondores, un área de 8.228 m2. La bienvenida no fue como la imaginada, creía que todo sería un panorama oscuro, tenso y complicado; no fue así, exactamente todo lo contrario. Una fila extensa para ingresar nos esperaba, y en ella encontramos niños, jóvenes, mujeres y hombres de la tercera edad; era lo más cercano al júbilo y felicidad por parte de todos. Los exguerrilleros que estaban viviendo en el PTN, nos saludaban con entusiasmo y algunos, sin conocernos, nos abrazaban.

Ese 18 de marzo 2017 llegaron a mí todas las confusiones. Mi motivación principal eran dos cosas: realizar un trabajo fotográfico documental, y ser testigo de cómo se estaba desarrollando esta situación después de la firma de los acuerdos con el Gobierno Santos. Sin embargo, la confusión no era otra que estar presente en un evento abierto a todo público donde se realizaban expresiones culturales por parte de los exguerrilleros, seres violentos que tienen la violencia como forma de vida, asegurarían muchos en el país.

Los eventos fueron sencillos, música, baile, poesía, gastronomía y demás actos que enriquecieron ese día y medio que duramos en Pondores. Pero las confusiones seguían ¿nos estarán vigilando? ¿nos quitarán las cámaras? ¿podremos hablar con ellos? ¿qué les pasa por sus cabezas? ¿de verdad dejarán las armas? Era un chorro de preguntas que corrían en mi cabeza, que se fueron una a una respondiendo desde las cuatro de la madrugada del día siguiente, cuando empiezan las labores en la zona vederal.

Me acerqué a Jenny, una mujer que tenía más de 10 años en las filas de las FARC. Semi rubia, tez blanca, ojos cafés claro, una sonrisa en su rostro; argollas en sus orejas, y dos cadenas con dijes religiosos; vestía de suéter camuflado y pañoleta en su cabello, pantalón de Drill negro, botas y un celular en sus manos. Me dijo varias cosas, de cómo llegó a la guerrilla más antigua del mundo, de su hija, de su felicidad por el proceso de paz, de la incertidumbre en que vivían todos por los acuerdos firmados; pero que sin duda muchos, a pesar de su escepticismo, y la fe puesta en sus comandantes, todo este proceso llegaría a buenos términos. Me relató su dolor, dijo minucias de la guerra. Un diálogo corto, pero sustancial. Entendí sus razones de la brevedad.

A estas alturas las confusiones ya se habían extinguido. Comprendí de primera mano la situación. No solo ellos estaban en una incertidumbre, hace dos años todos lo estábamos. Dos años y dos meses exactos, las confusiones regresan. ¿En qué momento este país llego a desbaratarse? En qué momento no nos dimos cuenta de que Iván Duque, está al servicio de la incoherencia y placer de un partido político cuyo jefe no tiene ningún tipo de respeto por el país; ¿cuándo se empezó a cuajar todo este desbarajuste? ¿somo nosotros, los que no compaginamos con este Gobierno, culpables en cierto punto? ¿no hicimos los esfuerzos suficientes? ¿nos merecemos esto? Confusión y miedo.

Dos años y dos meses exactos, fuentes muy sólidas aseguran que las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos) han regresado; que la JEP está siendo boicoteada por el Gobierno Uribe-Duque, genuflexo ante la corrupción y el terror; que no hay colaboración del Gobierno actual con los acuerdos firmados; que el ex Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez Neira, personaje atiborrado de corrupción hasta el hueso parietal (Odebrecht, caso Pizano, Grupo AVAL) ha renunciado por un berrinche; que el Ministro de Defensa ha demostrado ser un verdadero ignorante, que la Vice presidenta es, ante todos los pronósticos: una mujer que defiende los intereses de otro país, y que se ha dedicado a rasparse las rodillas ante el poder nauseabundo; que el ex Fiscal Montealegre asegura tener pruebas de Uribe Velez en masacres… y así, cada día retornan a este lugar esquizofrénico, toda una avalancha de látigos que no hacen más que seguir enfermando al país. Dos años y dos meses exactos, y las confusiones campean después de haber experimentado un tiempo de calma y regocijo con las FARC. La realización por parte del Gobierno de todas las gestiones habidas y por haber para extraditar a los jefes de las extintas FARC, sin tener en cuenta la decisión de los jueces, está siendo el clavo ardiente que sigue calentando esta piscina llena de incongruencias.  

El diablo no ha escatimado en la porquería cuando se trata de Colombia. La desestabilización de la sociedad orquestada por pocos, por algunos pocos ya identificados, ha hecho que a nuestras cabezas se asomen las uñas de la incertidumbre, y seamos testigos, una vez más, de esta guerra irracional que ha dejado un río extenso de muertos y desaparecidos. A una gran parte de Colombia le excita nada más la sensación de guerra y zozobra que se está viviendo, y se soban las manos desde sus hogares para que esto de una vez por todas estalle, y verlos hacer barra al Presidente Duque, que no existe diferencia alguna entre el abismo y él.  

Es posible que el infierno en que vivimos de a momentos sea tolerable. Es posible que, Colombia sea un hueco infinito de corrupción donde cada día se extinguen las opciones de salvación. Pero me niego a creer, rotundamente, que ante lo disfuncional que somos como país, con aplausos sigamos sonriéndole a la desgracia. Espero que a Jenny no la invada la confusión, y aferrémonos al poco optimismo que nos queda para no ser observadores de esta destrucción que se avecina y en la cual todos somos protagonistas. 

 


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