APOCALIPSIS CARTAGENERO:El cambio climático.

27/08/2021 - 10:03

APOCALIPSIS CARTAGENERO: ELCAMBIO CLIMÁTICO.

1. MEMORIAS DEL APOCALIPSIS.

Desde muy niño, tal vez a los cinco años de edad, empecé a vivir muy de cerca los horrores de Las Revelaciones: el apocalipsis: el final del mundo; era tal vez, el año 1955 cuando el párroco de Turbaco, el sacerdote Escobar, anunciaba desde su púlpito que la terminación de la vida en la Tierra estaría precedida de una gran oscuridad.

Desde ese momento el pánico cundió entre las señoras que acudían a la Iglesia Santa Catalina de Alejandría, miedo que se proyectó a centenares de familias, cuyas matronas al día siguiente de la prédica apocalíptica, acudieron consternadas con velas y velones, frascos de agua, porque estos elementos al ser bendecidos por el cura serían invencibles ante la oscuridad (las velas) y el agua bendita, regada en torno a la vivienda impediría que las tinieblas penetraran a las viviendas.

Hoy recuerdo todavía aquella tarde nublada, cuando de la mano de mi abuelita Ana Hercilia apresurados llegamos a la iglesia a recibir las bendiciones salvadoras del sacerdote, quien terminó su sermón con esta profética frase: A la oscuridad total que vendrá, le sobrevendrá el derretimiento de los polos, cuya agua ahogará  a los pueblos más bajos del Mundo.66 años después vivo la profecía del sacerdote, con toda la cruel realidad que significa el actual derretimiento de los hielos polares, de nevados y glaciares en el mundo.

Años después, al finalizar mis estudios de pedagogía, comprendí también que el apocalipsis había llegado a Nuestra América desde 1492, cuando los europeos llegaron cabalgando en los cuatro corceles de Las Revelaciones de San Juan (el evangelista, a quien le atribuyen el texto).

En Cartagena de Indias, Las exploraciones de los cuatro jinetes empezaron en 1503, cuando la reina la católica, Isabel, mediante cédula real definió que nuestros amerindios Caribes eran Caníbales, y los comerciante y traficantes de esclavos Luis y Cristóbal Guerra a presaron en la hoy Tierra bomba a 300 nativos, quienes fueron vendidos en Santo Domingo, punta de lanza de la conquista a base de “sangre y fuego” del Gran Caribe y Nuestra América.

30 años después los jinetes del apocalipsis se apoderaron de Cartagena de Indias y su antigua provincia, trayendo ellos con gran profusión:

La guerra.

El hambre

La peste.

La muerte.

Devastada la provincia con la conquista y colonización “a sangre y fuego”, los amerindios, 11 años después de la ocupación de las huestes de Heredia y de otras, igualmente criminales, quedaron reducidos a la mínima expresión de su etnia, tal como lo demuestra Marta Lux Martelo, citando a María Borrego Pla:

1544: 40.000 amerindios,

1560:23.000.

1574:22.500.

1675:4.512 indígenas.

En los 100 años que van desde 1574 a 1675, la población indígena había descendido en un 85%.  (Marta Lux. (2006) Las mujeres de Cartagena de Indias en el siglo XVIII).

En nuestros días, después de 488 años los jinetes del apocalipsis siguen recorriendo las calles de Cartagena a través de sus puntos cardinales. Más ahora estos entes del demonio no llegan como antes, personificados en los españoles de los siglos XVI, AL XIX; ahora los agentes del apocalipsis no son los españoles; ahora la terminación del mundo corre a cargo del cambio climático.

2. EL APOCALIPSIS CARTAGENERO: EL CAMBIO CLIMÁTICO.  

De acuerdo con el informe más reciente de las Naciones Unidas (Agosto 2021) sobre este fenómeno super acelerado por los humanos dueños de los medios de producción,  el poder financiero, los medios de comunicación, las redes sociales y más a nivel mundial, hace sonar las alarmas de la catástrofe ambiental que se vive, debido a los  0.9 grados de aumento de  la temperatura del planeta Tierra y mucho más si  aumenta hasta los  dos grados, un hecho que parece ser irreversible, si continúan los actuales comportamientos de la mayoría de las potencia mundiales consolidadas  y emergentes.

Nuestra ciudad no es ajena a las realidades que se viven a nivel mundial y es así como se observan y viven preocupantes índices ambientales mortales:

*Aumento del nivel del Mar Caribe.

*Aumento de la temperatura ambiente.

*Destrucción de la biodiversidad.

*Deforestación.

*Aumento de lluvias, tormentas eléctricas y vendavales.

Hoy por hoy, Cartagena es una de las ciudades costeras del Caribe más afectadas por el aumento del nivel del mar. Estudios realizados por Invemar revelan que en el año 2040 estarán inundadas las siguientes zonas:

Localidad de la Virgen y Turística, tendrá el 36. 1 % de su territorio.

 Localidad histórica y del Caribe norte:25.38%.

Localidad industrial y de la bahía:6.02&.

Total, de porcentaje inundado :23.”3%.

De hecho, las localidades son zonas inundables desde mucho antes de 2010 y 2019 cuando se hicieron las primeras mediciones; es más: el centro histórico de la ciudad es una de las zonas más vulnerables de la ciudad, situación que empeora en la época lluviosa, cuando en sus calles se puede navegar en pequeñas embarcaciones.

DE igual forma el Plan 4C informa que en el año 2010 el nivel del mar había aumentado en 14 cm, y que el año 2040 el aumento será de 15 a 20 cm, lo que de por sí, es ya una catástrofe.

Pero también las zonas de Castillo y Bocagrande, se hunden paulatinamente, y las mareas inundan las calles del Pie de La Popa, sin contar el aumento del nivel del mar en La Boquilla y el hecho que el sector Marlinda está ubicada en la zona de bajamar, amenazada al igual que El Cabrero, Marbella, Crespo y toda la zona colindante con la Avenida Santander a la cual se le suman los mares de leva, ahora más frecuentes.

Lo anterior no implica omitir, el grave peligro que corre la comunidad de la zona insular y litoral, sometida, más que ninguna otra, a esta amenaza constante del irreversible aumento del nivel de nuestro Mar Caribe, el cual también ha aumentado no sólo su nivel, sino también la temperatura y los catastróficos mares de leva.

El 2021, ha sido uno de los años más calurosos de la historia ambiental del mundo, y Cartagena no es ajena a la situación con las altas temperaturas que sobrepasan cualquier previsión humana, temperaturas que originan enfermedades como el cáncer de la piel, que disparan las afecciones cardíacas y aumentan la irritabilidad de las gentes, predisponiéndola a la intolerancia y el conflicto personal y grupal. 

Hoy por hoy, la destrucción de la biodiversidad continúa rampante: desde los años 60 exterminamos     los mamíferos como el venado, el conejo, el ponche y otros, al igual que   a más de 30 especies de peces y aves, así como a decenas  de especies arbóreas y de plantas medicinales que cultivaron los abuelos; ahora vamos a toda prisa, convirtiendo la ciudad en una selva de cemento de conjuntos residénciales y mega urbanizaciones para la gente pobre, excluyéndola  de un compartir mínimo con los seres dadores de  vida, como son los árboles, haciendo de Cartagena una “isla de calor”

Por el contrario, las plagas de moscas, mosquitos, cucarachas, ratas y ratones se multiplican dándole un contrasentido a la vida digna de seres humanos.

Es esta destrucción sistemática e incontrolada de la biodiversidad  la que conduce a que en nuestros días seamos una de las ciudades más deforestadas de Colombia, con cifras que avergüenzan a los ciudadanos y que ponen en entredicho la misión de las entidades ambientales de todos los niveles político administrativos de la urbe y la región.

Finalmente, en calidad de complemento del impacto del cambio climático está el aumento de las lluvias, las sequias prolongadas, las tormentas eléctricas, de los huracanes, y los vendavales; estos, ahora, se tornan más frecuentes y más intensos también afectando de manera especial las zonas de extrema pobreza.

Conforme con lo anterior, para que las afirmaciones no queden en el vacío, al momento de escribir estas notas, las gentes del Caribe colombiano somos presa de una onda tropical, cuyos efectos lluviosos están causando múltiples daños a nuestros paisanos costeños.

No obstante lo escrito hay que afirmar que al apocalíptico cambio climático lo acompañan  otros factores colaterales, como son : la pobreza , la pobreza extrema y la mendicidad,  la contaminación de los cuerpos de agua, con más de 100 elementos contaminantes, entre estos el letal metil mercurio, la mala disposición de los residuos sólidos, la inequidad social, el hambre que azota muchas de las zonas tuguriales de la ciudad, la inseguridad y la creciente ola delincuencial, la carencia de miles de cartageneros de la “Educación y sensibilidad ambiental” y la ineficiencia demostrada por las autoridades locales, y regionales para brindar bienestar  a la mediana y fantástica ciudad :Cartagena de Indias.

Más el círculo de los factores colaterales lo cierran:

 *la actual pandemia del coronavirus, que hasta la fecha deja como resultado 2.082 muertos, 171.476 contagiados, 789 casos activos y 118.605 recuperados.

*La destrucción del patrimonio material, con centenares de casos, entre los cuales sobresalen en la actualidad: El Pastelillo y Acuarela.

3.  EL PLAN DE ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO (Plan 4C. Cartagena competitiva compatible con el clima): LA CASA EN EL AIRE.

Después de investigar sobre los avances del plan en Cartagena, en el cual participa el sector privado empresarial, los entes pertinentes de la alcaldía mayor, representantes de la sociedad civil, la academia y otros importantes miembros, mi visión se torna pesimista: al distinguir sólo acciones de Educación Ambiental de valientes, aguerridos y entusiastas muchachos de ambos sexos, y una convocatoria al sector privado para que presente sus logros y recibir los reconocimientos respectivos.

Lo primero me parece genial y lo que  puede hacer y hace el sector empresarial privado es importante…pero y el Estado??? ¿Min ambiente? ¿Cardique?, ¿alcaldía de Cartagena?, las empresas recolectoras de residuos sólidos… ¿Que hacen? Hoy, con todo respeto tengo la impresión que esta forma de enfrentar, nosotros los cartageneros es como la famosa composición del Maestro Rafael Escalona Martínez: UNA CASA EN EL AIRE.

Ahora solo se que   sus responsables están obligados a ejecutarlo; reconozco que es un mega proyecto y que llevamos dos años de pandemia; pero … obras son amores, dice el viejo y sabio adagio al igual que este otro: no hay camino… caminante: Se hace camino al andar.

A este respecto, hoy recuerdo que desde 1998, los ambientalistas dimos la voz de alarma a las autoridades locales, departamentales y nacionales, y 23 años después continuamos haciendo Educación Ambiental, una de las estrategias más efectivas contra el cambio del clima, hecha en forma masiva y sistemática y no como acostumbran en muchas oportunidades los entes ambientales.

Las obras de infraestructura son asuntos INDELEGABLES de aquellos quienes reciben nuestros impuestos y de todos aquellos quienes reciben un salario, precisamente por sacar avante este tipo de vitales proyectos, que puedan poner fin o reducir la cabalgata de los jinetes del apocalipsis en la ciudad.

Con los afectos de siempre:

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.

 


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