Confesiones de un Ambientalista (1). Los Orígenes del ambientalismoo

08/07/2019 - 13:57

CONFESIONES DE UN AMBIENTALISTA (1). Los orígenes del ambientalismo en las culturas indígenas.

 

La “Confesión” es una categoría adscrita a la filosofía y la literatura y hace referencia al reconocimiento voluntario de una persona a sucesos desconocidos de sus vivencias personales y que un momento determinado de su vida decide hacerlos públicos bien sea   o comunicándolos de manera verbal, o escrita con un doble propósito:

*Hacer pedagogía como una ciencia de la educación para transmitir saberes y experiencias que sean valiosas para la comunidad a la cual pertenece, por una parte,

* y por otra establecer canales de comunicación autobiográficos, que permitan poner en orden sus propias historias vitales, las cuales, tal vez, algunas de ellas puedan servir de ejemplo de vida para quienes la comparten.

En el presente caso optaré por el primer enunciado procurando abordar el tema del ambientalismo mundial y local, de una manera dialéctica referenciando experiencias positivas vividas sin caer en el delicado sendero de la autobiografía que pueda despertar antipatías, más que simpatías, en este campo extraordinario de la literatura periodística.

Comencemos explicando en primera instancia que este   estilo de escribir “Confesiones” surgió en el siglo IV de nuestra era presente, siendo san Agustín de Hipona (Italia) el pionero, quien entre los años 397 y 398 escribió sus Confesiones, condensadas hoy en 13 libros exponiendo sus datos autobiográficos y sus enseñanzas, muchas de las cuales se convirtieron en dogmas de la iglesia católica.

Las siguientes Confesiones, destacadas en la literatura mundial las hace el Filósofo y educador francés Juan Jacobo Roseau en el siglo XVIII, legando un conjunto de saberes, cuya utilidad se mantiene hasta nuestros días en el campo de la pedagogía, la sociología y la política.

Es posible que a nivel del ambientalismo actual existan Confesiones hechas por otros ambientalistas; sin embargo, jamás serán iguales a las presentes, pues las abordaré desde las realidades inmediatas que he vivido, y la vivencia histórica de cada persona es única e irrepetible, aun cuando actúe en un conglomerado social tan complejo como el que se da en Cartagena de Indias contemporánea; nadie, puede ni podrá vivir la vida de otra persona.

Iniciaré, pues, esta primera entrega reflexionando y escribiendo sobre los orígenes remotos del ambientalismo, trasladándome al modo de producción primitivo, es decir, a la vida del hombre del antiguo continente, (Asa, África y Europa) cuyo protagonista es el llamado homo sapiens, cuya antigüedad oscila entre 200 mil y 300 mil años del cual descendemos los humanos actuales, y somos herederos de su vida cultural.

Con base en las afirmaciones anteriores, es posible reiterar   que el hoy llamado ambientalismo, no es más que el cuidado, la conservación y el respeto hacia la naturaleza, acompañado de los correspondientes procesos educativos para continuar la tradición conservacionista y sostenible, que permitiese preservar los bienes naturales para el bienestar de las generaciones presentes y futuras de las comunidades; este ambientalismo contemporáneo, sin duda alguna tiene sus raíces  en esos albores de la humanidad, tal como ya se enunció.

Sin embargo, las comunidades primitivas del mundo entero, fueron más hacia allá de estas concepciones y prácticas sociales divinizando   a la naturaleza  y creando sus propios dioses y diosas protectoras, convirtiendo a algunos ejemplares de la flora y la fauna  en su dios protector y algunos bienes como mares, ríos, arroyos bosques, árboles, cuevas, colinas, promontorios y rocas fueron consagrados como lugares sagrados en los cuales se rendía culto a las deidades, tradición que hoy , gracias a nuestro Dios mantienen las culturas aborígenes del planeta Tierra.

Los amerindios de nuestra América no fueron ajenos a estas prácticas y realizaron concepciones parecidas sobre los seres de la naturaleza;  en sus  universos mentales tuvo cabida la existencia de los dioses protectores, es decir los seres de la naturaleza y en aquellos lugares americanos donde todavía sobreviven comunidades indígenas las prácticas de conservación y respeto, las prácticas del desarrollo sostenible, se mantienen  aún, pese a la persecución histórica que sobre ellos ha desatado el colonialismo europeo, los agentes estatales, las compañías mineras, madereras, químico farmacéuticas y de otros ordenes, nacionales y multinacionales, acompañadas de la implacable persecución de los colonos  de diversas clases sociales y tonos de piel.

De igual manera es posible discurrir sobre las aldeas amerindias de Bolívar y de Cartagena y sus cercanías forjadas por los indios de lengua Caribe, entre ellas las de Yurbaco, Karmairí, Canapote, Carex, Crespo, Barú, Zenúes, Chimilas, Pocabuyes y otras extensas para continuar referenciándolas.

Desde esta óptica es posible afirmar la existencia de prácticas sostenibles del uso de la tierra, al establecer la rotación de los cultivos, la conservación y divinización de los cuerpos de agua, de árboles y bosques, algunos animales, de los cuales como el tucán fueron considerados como dioses y otros cuyo plumaje vistoso como el de los guacamayos fue utilizado para adornar vestidos de gala y la corporeidad humana, para participar en las ceremonias religiosas.

Es plausible afirmar también que fueron nuestros antepasados amerindios los pioneros de la educación ambiental, con sus prácticas socio pedagógicas llamadas Areito, ceremonia fastuosa, mediante la cual los mayores transmitían la herencia cultural a las generaciones jóvenes , las cuales se convertían en garantes de la continuidad de los valores y costumbres conservacionistas y de otro tipo de experiencias que hacían posible la existencia del bienestar comunitario al interior de cada aldea o cacicazgo.

En síntesis, puede afirmarse que el ambientalismo actual debe sus principios básicos y originales alas culturas primitivas de la Tierra, cuyas prácticas sostenibles han permitido su conservación en lugares inhóspitos, alejadas del llamado mundo civilizado. CONTINUARÁ…

Con los afectos de siempre, remojados en este julio que se inicia, pero más reforzados:

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.

uellesq@hotmail.com

 

 


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