EL MOCHUELO PICO AMARILLO :GRAN CANTOR ALADO.

09/10/2020 - 20:43

 EL MOCHUELO PICO AMARILLO: GRAN CANTOR ALADO.

1.De la edad de oro a la crisis existencial de

las aves canoras de Cartagena de Indias.

La década de 1950, fue la época dorada de la existencia de las aves canoras de nuestra ciudad, cuando estábamos convencidos que la abundancia de pájaros cantores jamás menguaría, nunca se acabaría.

Por esa misma circunstancia, por su belleza, canto y simbología, los cartageneros insensibles e ignorantes se dieron a la tarea de cazarlos y comercializarlos, para condenarlos a un cruel cautiverio de por vida, frente a las autoridades, que históricamente se han comprometido con la teoría del “dejar hacer, dejar pasar”.

A la par con esta situación, desde el inicio de los años 60 la expansión urbana de Cartagena se disparó con la aparición de nuevos barrios y urbanizaciones, entre legales e ilegales, con invasiones de pobres y de cuello blanco, que perduran hasta nuestros días, a la par de los urbanizadores piratas, constructores de edificios que se desmoronan, en su proceso inicial de construcción.

Con el crecimiento de la población llegó el fraccionamiento y la pérdida de hábitats naturales para la fauna silvestre, siendo la más perjudicada, por su fragilidad biológica la de las aves canoras, los seres silvestres más maravillosos del mundo.

A ello se sumó el aumento de la contaminación atmosférica con la creciente industrialización y un mayor número de los vehículos automotores y de las fuentes de agua (pozas y estanques) las cuales fueron desapareciendo de manera vertiginosa.

Pero no todo estaba perdido: desde los años 50, Manga por su abundante vegetación de frutales, manglares y jardines se convirtió en uno de los últimos paraísos para nuestras amigas aladas, proceso que se prolongó, de acuerdo con mis testigos, durante los años 60 y 70, cuando se presentó el proceso salvaje de urbanización que hasta nuestros días atormenta a muchos y deleita a pocos de sus habitantes.

Allí estaba  un inmenso patio lleno de ceibas, palmas  de corozos, guindas, guanábanas, guásimos, cocos, plátanos grande,  platanitos manzano, limones, anones lisos y de verrugas, uvita de playa y uvita mocosa, cultivos especiales de batata y maíz en tiempos de lluvia, la infaltable huerta de las abuelas, con más de 10 especies medicinales, sembradas en  tierra firme  y en la tradicional troja de palos y tablas, y por último el Trébol, uno de los árboles más simbólicos del barrio, a la par  del icaco o hicaco, el níspero y el mango.

En este espacio urbano, en uno de cuyos ángulos estaba una elegante casona de madera, rentada por la familia Herrera Zárate, predio cuyo propietario era, en ese entonces, la antigua Compañía Colombiana de Tabacos, cuenta mi mujer, Doris Herrera, que servía de refugio a una importante variedad de aves canoras y de otras especies, sobresaliendo:

El canario botón de oro, cantor invencible de la ciudad,  el laborioso carpintero, el  turpial, cantor de cantores, el púrpura “sangre de toro” o cardenal, el dedicado constructor de largos nidos: el toche, el bello azulejo, la famosa chicha fría o tía maría, el estilizado tusero o tucero, el  pico gordo, devorador de frutas, el meriño, con su atractivo color de rosita, que le da su propio nombre, el fantástico colibrí, bandadas de pericos, cotorras y loros mangleros, ejecutores de diarias algarabías , que silenciaban el canto estridente  de las mariamulatas, papayeros   y chupahuevos, que también saben hacer interesantes conciertos, de manera especial, en su época de apareamiento.

Cerrando el escenario, aparecen el pitirri, ave emblemática de Puerto Rico y Rep. Dominicana, gran devorador de insectos, pero poco apreciado en nuestro suelo, pues algunos “pajareros”, dicen que no canta.

Por último, aparecen los aguiluchos a gavilanes polleros, casi siempre en parejas, atentos a cazar tortolitas y torcazas, o algún desprevenido polluelo de las gallinas o de mamá ganso de la cría existente, siempre agresiva contra cualquier otro ser extraño.

2.MIS ENCUENTROS CON EL MOCHUELO PICO AMARILLO, EL CONGO Y EL BAJERO.

Más en medio de estas bandadas, parejas y demás seres de nuestro   valioso patrimonio natural de antaño, sobresale la figura estilizada y de gran ave canora: el Mochuelo pico amarillo, mostrándose sólo, algunas veces, otras luciendo una bella pareja.

Son pocas las veces que lo he visto volar libre, y menores las de oírlo cantar en esa condición; mis últimos encuentros con él fueron a principios de los años 60 del siglo pasado, en las colinas de los valientes yurbacos, mis antecesores inmediatos, cuando la picota del “progreso” daba sus primeros pasos, inalterados hasta nuestros días.

Luego, en mi Cartagena de Indias, sólo he podido apreciarlo detrás de una opresora y mísera jaula de alambre y madera, en manos de un ignorante que lo lleva o lo cuelga en la terraza, el patio o la cocina de la casa.

Reputado por algunos como mejor cantor que el canario, el canto del mochuelo, es tal como lo describe Adolfo Pacheco: “su cantar, su lírica canción es nostálgica” …  pues ningún ave prisionera canta feliz, aunque la jaula sea de oro y el alimento el mejor manjar del mundo.

Aunque puede ser cierta su superioridad como concertista, frente al canario, no me consta en realidad esta situación y frente a su canto prolongado, fino y maravilloso prefiero los conciertos de los canarios en amaneceres y atardeceres y los del cucarachero.

 Hoy, a este otro amigo alado, lo evoco con nostalgia, cuando en las mañanas y las horas vespertinas cantaba en los alares de las viejas casas de palma de Turbaco y sus cercanías, o en las viviendas de madera de la Cartagena de principios y más allá de mediados del siglo XX, aquí en esta patrimonial ciudad de la humanidad.

Clasificado por los expertos en aves canoras bajo tres variedades, el mochuelo pico amarillo es el más apreciado en la escala de los cantores, seguido por el mochuelo Congo o del Congo y el bajero; los dos últimos son de mayor tamaño que el primero, aunque de figuras menos estilizadas.

Más como escribe Adolfo el poeta de San Jacinto: entre más viejo más fino” y es una maravilla de la naturaleza, ver la estética de las tres variedades:

El mochuelo pico amarillo, con su plumaje gris brillante, y su boca refulgente, el Congo con sus plumas azabaches y el bajero con plumaje gris más modesto; aunque siempre los dos últimos mostrarán, también, un tenue amarillo en sus picos.

3.EL MOCHUELO PICO AMARILLO: DE PRODIGIO DE LA NATURALEZA A CANCIÓN QUE ENAMORA.

Aunque amantes de los pájaros cantores como Rafael Sánchez afirman que los mochuelos y otras especies abundan en las cercanías de Cartagena, lo cierto es que durante larguísimos años, que me he dedicado a observar la avifauna cartagenera, ya no avisto a los alados amigos ni en las opresoras jaulas, muestra clara del peligro de extinción que vive tan precioso ejemplar.

Por ello hoy, sólo nos va quedando el recuerdo del bello cantor en una de las canciones más emblemáticas de Adolfo Pacheco, interpretada, además de su autor, por dos grandes de nuestro Folclor: Rafael Ricardo y Otto Serge.

Y como de recuerdos se trata, evoquemos algunas frases del compositor, que nos conducen a traer a la memoria, el amor de aquella mujer a quien en reiteradas ocasiones se la cantamos;

Mochuelo pico e´ maíz,

ojos negros brillantinos,

Y como mi amor por ti,

entre más viejo más fino,

sí como mi amor por ti,

entre más viejo más fino.

Pero… más allá de los recuerdos y de los buenos amores, pensemos en la imperiosa necesidad de liberar las aves cautivas y pedir a las autoridades ambientales que pongan fin al tráfico de la fauna silvestre en general, y de la avifauna, en particular y… en especial.

Con los afectos de siempre,

reforzados con cantos y alas de libertad:

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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