FIESTAS DE LA CANDELARIA(PARTE FINAL). Historias reales,libros y memorias.

31/01/2020 - 14:52

FIESTAS DE LA CANDELARIA (PARTE FINAL). Historias reales, libros y memorias.

Después de narrar los orígenes de las fiestas de la Candelaria y el transcurso de estas a inicios y mediados del siglo XIX, prosigo ahora, a explicar el conjunto de eventos que se dieron en estas celebraciones, inspirado en el magnífico libro: “Fiesta de la Candelaria de La Popa en Cartagena de Indias” (2009), de Edgard Gutiérrez que en paz descanse.

De igual forma emplearé otros libros inspiradores, junto con mis escritos y libros publicados en diversos medios.

1.LAS FIESTAS DE FINES DEL SIGLO XIX, INICIOS DEL SIGLO XX Y SIGLO XXI.

1.1. Cerrando el siglo XIX.

Las referencias más directas a la celebración de las fiestas de la Candelaria en Cartagena a fines del siglo XIX las encontramos en el libro de Gutiérrez (2009), el cual reproduce la siguiente información del diario El Porvenir del 10 de enero de 1886:

“La fiesta…Este año promete ser muy animada y bulliciosa por la numerosa concurrencia de elegantes señoras y señoritas que concurren todas las noches a la novena que se celebra en la ermita. Contraste de la vida: hace un año que los sitios donde hoy vamos a divertirnos y a gozar, nos arrojaba el enemigo, el sitiador la muerte, el hambre, la desesperación. Pero así es la humanidad. En donde el yermo miraba, hoy encuentran un jardín”. (P-128).

Lo anterior, porque dirigentes conservadores, devotos de la Candelaria se comprometieron hacer unas fiestas “muy espectaculares” en acción de gracias a La Virgen, por el triunfo de los godos sobre los liberales radicales, derrotados por el ejército gubernamental del presidente Rafael Núñez, en una guerra que enfrentó a liberales radicales contra los conservadores y los liberales moderados liderados por el cartagenero.

Continúa, el autor citado, explicando que:

“...A finales del siglo XIX, adportas de la guerra partidista de los Mil días, la ciudad re-continúa las tradiciones festivo -religiosas, aunque la compañía del ferrocarril amanece con no prestar el servicio de trenes, como en los años anteriores porque los rendimientos no alcanzan para cubrir los gastos de esos servicios”.

Sin embargo…La Fiesta continúa y el siglo agoniza…”toda la muchedumbre popular se apresta para el jolgorio sacro-profano, con música, fandangos , cumbias, mapalé, gaitas, comidas… y a prepararse para los goces del pre-carnaval…Fiestas de la Virgen de la Candelaria y carnaval, construyeron parte del acervo simbólico que hoy enriquece  nuestras manifestaciones folclóricas, como las danzas del Congo, y el Torito, que hoy son parte del carnaval de Barranquilla, además de los diversos ritmos  como el mapalé, la gaita, el bullerengue y la cumbia”(P.130).

2. LAS FIESTAS DURANTE EL SIGLO XX.

Rodolfo de la Vega, un destacado columnista de eluniversal.com nos recuerda que “el Papa Clemente VII, creó el obispado de Cartagena el 24 de abril de 1534; desde entonces todos los obispos y arzobispos que ha tenido la ciudad son oriundos de otras ciudades del mundo. Cartagena fue erigida en arzobispado por el Papa León XIII en 1900.Su primer arzobispo fue monseñor Pedro Adán Brioschi, quien falleció en 1943”. (eiuniversal.com. (junio 9.2012).

Es este mismo y controvertido arzobispo, quien imprime un mayor vigor a la religiosidad católica en Cartagena, para dar la despedida al siglo XIX y la bienvenida al XX: La Virgen de la Candelaria fue partícipe de esa celebración porque:

En la Popa se cantó una misa y enseguida se bendijo la cruz, erigida por la generosidad de los habitantes de Cartagena. Los peregrinos bajaron en procesión y regresaron a la catedral a las once del día primero de enero de 1901(Gutiérrez (2009). P.140).

Así, desde el primer día del siglo pasado se iniciaron las fiestas religiosas de la Virgen, las cuales, a lo largo del siglo, continuarán combinando lo divino con lo profano, mostrando las costumbres de antaño, y sufriendo las modificaciones que imponía el paso del tiempo, los cambios de mentalidades y el llamado progreso; sin embargo, el arzobispo prohibió las celebraciones profanas.

A continuación, orientado por el libro de Gutiérrez, seleccionaré una serie de años del siglo XX, para destacar algunos eventos, como los siguientes:

2.1.1907-1908.LOS ORGANIZADORES NOTABLES, LA ROMERÍA, LA NOCHE DE LAS CANDELAS Y LA PROCESIÓN.

Para celebrar tan importantes festividades, sacro-profanas se organiza una “junta de notables” miembros de la comunidad pertenecientes al naciente caserío- corregimiento del Pie de La Popa, a El Espinal o Espinar, San Diego, Getsemaní y Cartagena(Centro amurallado y abaluartado), personajes, quienes como los Araújo, Los Pombo, Caviedes, Gutiérrez de Piñeres  y otros algunos dueños de hermosas casas en el corregimiento, cuyas responsabilidades además de lo organizativo, debían coordinar las colectas con las cuales, la comunidad financia  los eventos  religiosos y festivos.

El Diario El porvenir citado por Gutiérrez narra que:

La fiesta que allí se celebra anualmente en honor a N.S de la C. es una viva demostración de la religiosidad de aquel pueblo que se consagra por completo a festejar a su santa Patrona y que hace de la poética romería (ascenso a la cima) que emprende hacia su santuario, como una de las fases más interesantes y característicos de su vida.

LAS NOVENAS tuvieron lugar por la mañana en la iglesia de la cima y por la noche en la Ermita del Pie de la Popa, ambos templos aparecían elegantemente adornados, y en el último que ha sido reparado convenientemente por el reverendo Padre Patricio (Patricio M. Moyr (1907), brillaban multitud de focos eléctricos que embellecían aquel recinto.

LAS VÍSPERAS solemnes fueron cantadas en la Ermita del Pie …Se ofició misa y antes de esta tuvo lugar la imponente PROCESIÓN DE LAS CANDELAS, la cual consiste en dos filas de fieles con hachas (teas, mechones) encendidas en las manos, que recorrió los claustros del convento de La Popa, recitando las más tiernas plegarias…

Por la tarde, LA PROCESIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA, completó con su esplendor y su belleza las alegrías del homenaje d aquel día. La muchedumbre que acompañó a su Celestial Madre en aquella jornada fue incontable… A los acordes de las bandas de música y en medio del entusiasmo general, llevada en hombros por los feligreses del Pie de La Popa, aparecía la efigie de Nuestra Señora, resplandeciente, bajo un primoroso arco de oro. Para recibirla, engalanada y llena de luces estaba la Ermita, que con alegres repiques   anunció la llegada de la Soberana Señora, que venía a hospedarse bajo sus sagrados muros.

La venerada imagen permanecerá en la Ermita durante 8 días en los cuales se le ofrecerá una novena

2 .2 .1915: MUJERES EN ACCIÓN Y EL FERROCARRIL CENTRO-PIE DE LA POPA.

De acuerdo con las fuentes citadas, desde esta fecha, la participación de las mujeres piadosas del Pie de La Popa, se hace notable, con el adorno de la Ermita, el arreglo del altar de la Iglesia de la cima y otras actividades, que muestran el talento, creatividad y religiosa de nuestras vecinas de antaño.

Desde enero, concluidas las fiestas de navidad y año nuevo, la prensa empezó a pedir a los vecinos el arreglo de sus propiedades, iluminación, la limpieza de los solares y alrededores; la policía prohibió el tráfico de vehículos de rueda, desde el 24 de enero hasta el amanecer del 4 de febrero, por el camellón que conduce del centro de Cartagena hasta el corregimiento.

POR SU PARTE LA COMPAÑÍA DE TRENES CARTAGENA(Colombia) Railwail.Co. Ltda., anuncia los servicios de transporte, los costos de los pasajes y horarios, empezando el día primero de febrero; desde las cinco de la tarde, cada media hora hay despacho para el Pie de La Popa hasta las doce de la noche, a un costo de 10 pesos por persona.

Alberto Lemaitre, Míster Tollo, rememorando eso espacios temporales en el libro: “Estampas de Cartagena de Ayer” escribe:

El tren que para esa época funcionaba salía de la Boca del Puente hasta la subida, por sólo cinco centavos…La casa del vigía se llenaba de curiosos que le pedían, les prestara el telescopio, con que él avistaba el mar para dar aviso a la aduana de la llegada de los buques.

Al día siguiente de la procesión, el tres de febrero, día de San Blas, los cartageneros de cepa ,subían a las cuatro de la tarde con sus vestidos blancos, su chaleco blanco, su sombrero de paja  y su infaltable varita de chupa-chupa (en extinción) que habían cortado el día anterior. (Lemaitre Alberto. (1990). (P.40)

Los programas se anuncian de manera anticipada y así una banda de música tocará en las horas de la mañana en el Pie de La Popa; se da un febril movimiento del tren cada media hora; los ómnibus, los caballos, las bicicletas y carromatos no dan abasto para la conducción de los pasajeros.

Las festividades empiezan propiamente el desde el 1 de febrero con la víspera solemne en la Ermita, con misa, sermón y bendición.

El dos de febrero se dará la procesión solemne de la Candelaria y continuará otra serie de actividades. Gutiérrez afirma que, durante las tres primeras décadas del siglo XX, la programación de las fiestas es muy semejante, sin cambios sustanciales. (P.149).

2 .3 .1930-1950 TRES DÉCADAS DE CAMBIO EN CARTAGENA Y DE   LAS FIESTAS DE LA VÍRGEN DE LA CANDELARIA.

Con Cartagena a bordo, Colombia experimenta una serie de cambios, en el período de la llamada República Liberal (1930-1946), en las libertades ciudadanas, en la ideología de las personas, en las concepciones religiosas, en la tecnología y los sistemas de producción.

Evidentemente estos cambios ejercieron influencia en las fiestas de la Virgen de la Candelaria, las cuales nuestro autor de cabecera relata de la siguiente forma.

Después de 1930 y hasta gran parte dela década de 1950-60 la ciudad experimentaba también su auge en la industria, el comercio y servicios en general: los empresarios y los comerciantes cartageneros aprovechan estos medios para publicitar sus productos y entre ellos se destacan varias emisoras: Miramar, Fuentes y Radio Colonial. Muchos de los productos van a tener la publicidad e injerencia para el consumo festivo. (P.168).

Productos refinados para las clases pudientes y populares, se promocionan con frenesí en el lapso de las fiestas; así también los clubes sociales de clases medias, pobres y ricas se engalanan y programan festejos; los teatros Caribe, Rialto, Padilla, Colonial Variedades, montan espectáculos especiales, y los restaurantes como el Sans Soucí(chino) hacen su  agosto, de igual forma; los almacenes de calzado y variedades promocionan sus: productos: era una gran fiesta de ciudad que congregaba a todos los creyentes de Cartagena  y sus cercanías.

Mención especial merece el Club Naval y el Club Popa, de manera sobresaliente, como centro de diversión y recreación de las élites cartageneras, y gran promotor de las fiestas de la Virgen.

El cine, encuentra gran oposición de la iglesia de la época, por sus mensajes nocivos, según las altas jerarquías y por la competencia de los horarios de la función Vespertina con la misa de las seis de la tarde; de igual forma, los picós encuentran gran oposición por los controvertidos escándalos que arman hasta nuestros días, sin olvidar aunque en los años 70 y 80 a la subida de LA Popa Y hasta la primera curva, la algarabía y bullicio de estos era inaceptable, aunque la salsa fuera el género de moda.

Al interior de este lapso se destaca la celebración de 1939, cuando el ilustre poeta Daniel Lemaitre es el alcalde de Cartagena y los festejos son organizados por la junta Sociedad de la Candelaria; se da, entonces una programación que servirá de marco a varios años, e invita a la reflexión para rescatar, en nuestros días algunos eventos, de esta manera:

Febrero 1.

Salvas de artillería, bando desde la calle real, por varios sectores, presentación de la banda de música 11 de noviembre, en la Ermita del Pie de La Popa, la  Gran Cumbia, en honor a los fieles del campo,  pieza de fuego(fuegos artificiales) en la cima, gran baile público en la Calle Real.

Febrero 2.

Artillería de la junta anunciando carrera ciclística, desayuno en la cima a 1.500 niños, competencias de patines, carreras de rana, partido de beisbol en el Playón Grande, procesión y reparto de velas(5:30 pm )y  pieza de fuego, segunda gran Cumbia, y a las 10 de la noche , segundo baile público, con dos bandas , en la Calle Real.

Febrero 3, 4 y 5.

Carreras ciclísticas, reparto de víveres a los pobres, corrida de toros, carreras atléticas, carreras de caballos, campeonato de boxeo, bazar de juguetes para regalar a los niños pobres, Gran Cumbia, baile público en la Calle Real, y maratón atlética.

El cinco de febrero, la imagen de la Virgen era regresada a la cima del cerro en solemne procesión, mientras en la noche se celebraba gran concurso de murgas, (grupos musicales, compuestos de un coro e instrumentos de percusión) corridas de toros, fuegos artificiales y el último baile público con dos bandas.

2. 4. DÉCADA DE LOS AÑOS 60: MÁS CAMBIOS,

CABALGATA Y CONCURSO DE DECIMEROS.

La década de los 60 del siglo XX, trae valiosos cambios con el retorno de los padres agustinos:

*Las instituciones educativas se vinculan a las celebraciones religiosas.

*Distintas parroquias de Cartagena y de municipios de las cercanías de Cartagena, hacen peregrinaciones a la cima a venerar a la Virgen milagrosa, cuya cantidad de milagros aumenta cada día, de acuerdo con las confesiones de los beneficiados.

*Durante varios años, Radio Miramar transmite el concurso de Decimeros que se realiza durante las noches, congregando artistas populares de las poblaciones vecinas; a este concurso le sucedía la pieza de fuego.

*La cabalgata de 1965, tiene premios para caballos y jinetes, satisfaciendo, así el ego de criadores y dueños de caballos, pertenecientes a las clases poderosas, acompañados, (sin desearlo) con el pasar de los años de carretas populares, tirados por burros, yeguas y caballos que sufren el abuso de los usuarios ante el exceso de carga humana durante un extenso recorrido que partía del Hotel Caribe y recorría las calles del Pie de la Popa.

*finalmente, la gastronomía en sus diferentes manifestaciones de pobres y ricos, que desde tiempos lejanos se formó al interior de nuestra cultura Caribe, se tomó las festividades, una vez empoderadas estas en nuestras costumbres y prácticas culturales; hoy como antaño es fácil degustar los distinguidos, elegantes y apetitosos bufets de los clubes Naval, Cartagena y Unión, entre otros.

 En el Festival del Frito, inaugurado en 1985 aún se puede saborear las tripitas, el bofe, los buñuelos de fríjol, la carimañola con carne  y la otra  con queso, la arepita de dulce o de viento, la empanada, el pícaro(en vía de extinción) y la reina de todos los fritos: la arepa de huevo, tal como decimos miles de miles de cartageneros; a todos estos se suma las arepas innovadoras, que no son otra cosa que las “arepas con todo”, preferencia discutible entre los jóvenes.

De igual forma, a principios de la década referenciada el pastel de arroz con gallina y cerdo combinado, o de una sola carne constituía una delicia entre los cartageneros de esos años, siguiendo la vieja tradición (modificada, por supuesto) de la cultura indígena sanjacintera, del año 5000 antes de Cristo, cuando se hacía en hojas de bijao, cereal no identificado en este momento,  carne de pescado  o de morrocoyo, o de cualquier  mamífero objeto de caza y consumo, siempre con la otra variable, de ser asado en hornos rudimentarios ,bajo tierra.

En la contemporaneidad, la venta e ingesta de pasteles en nuestro barrio se resisten a desaparecer: cada día de la semana, cuando son las 11:30 am, incansable el vendedor canta su pregón que se escucha desde la calle 29, adyacente al Camino Arriba, hasta la Avenida Miramar del vecino barrio Manga.

Igual situación viven los fritos: en la esquina histórica del Albercón una familia que se sucede generacionalmente mantiene la tradición que reúne nuestra herencia cultural mestiza, y en más de 32 años de ser asiduo cliente, jamás he escuchado a un cartagenero que pida “una empanada con huevo”; arepae’huevo es el vocablo predominante, aunque le duela a los “puristas.”

3. MIS MELANCÓLICAS MEMORIAS DESDE LA CIMA HASTA EL PIE DE LA POPA.

Que todo tiempo pasado fue mejor lo demuestra estas festividades a las cuales, la modernidad, les resta el encanto de algunos eventos positivos de antaño, hoy perdidos ante “la pica del progreso”, tal como aconteció con varios de nuestros monumentos desde fines del siglo XIX.

Casi siempre desde mi llegada temprana a la ciudad, proveniente de mi tierra natal, Turbaco, he sido vecino de la Popa:

Desde 1962, durante largos años viví “al   Pie de La Popa” en un barrio de sus estribaciones, Las Delicias de la Esperanza; después y hasta hoy, el destino y Dios me condujeron hasta el Pie de la Popa desde el cual escribo estas memorias evocando los viejos tiempos de los años 50 cuando con mi abuelita y mi mamá nos trasladábamos, desde la tierra de los amerindios Yurbacos, hasta la heroica, para saludar a la Virgen en un día cualquiera de sus novenas.

Subir a la cima por la carretera, era un momento maravilloso, a medida que ascendíamos y el paisaje de la hermosa Cartagena, se mostraba ante nuestros ojos, ávidos y curiosos, descubriendo sitios conocidos en este barrio, tales como la Avenida Jiménez, donde quedaba la Fábrica del Café Almendra, a la cual acudía con la abuelita Ana Hercilia a cambiar las bolsas vacías por juguetes y artículos domésticos según la época del año.

Una vez en la cima, un evento extraordinario nos daba alegría a mí y a mis hermanos, al ver acuatizar y despegar los hidroaviones en la Escuela Almirante Padilla o un sitio no identificado de Bocagrande.

Luego venían las historias de mi papá Rafael, cuando con mi abuelo Juan, proveía de toros a las corralejas que durante muchos años (años 50) en estas fiestas, se daban en el Torín, sector que hoy sobrevive, aunque con el nombre modificado de El Toril.

Ramón de Zubiría, uno de los grandes académicos de Cartagena dejó estos recuerdos:

“El primero de febrero, víspera de la fiesta, la tarde abría, con corraleja con uchos toros que se prolongaba hasta entrada la noche para empalmar con toda suerte de bailes privados y un gran baile público.

Por considerarlas profanas, un piadoso arzobispo prohibió las celebraciones populares en honor de la Virgen. Se quebraba así una tradición más que secular, de la cual queda un hermoso testimonio: la vívida narración que en sus Memoria Histórico-Políticas hace el general Joaquín Posada Gutiérrez de lo que eran aquellas fechas por 1830”. (De Zubiría Ramón. Recuerdos de las fiestas populares en Cartagena”. En Revista Dinners, octubre de 1984.).

El arzobispo de la referencia fue Pedro Adán Brioschi, quien ejerció en Cartagena desde 1898 hasta 1943, cuando falleció, en medio de una gestión muy controvertida.

La devoción a la Virgen era y continúa siendo práctica cultural de mi familia turbaquera, y se fortaleció cuando nos trasladamos “al Pie de la Popa”; entonces ascender a la cima era una misión familiar, para pedir a la Candelaria que nos ayudara a salir adelante, a romper el círculo de la pobreza y hoy, aunque no parezca un milagro lo logramos para vivir con la dignidad que todos los humanos nos merecemos, con las necesidades básicas satisfechas.

Subir a La popa, por la carretera, con la mamá y la abuelita era delicioso; pero hacerlo por los caminos tramposos era una aventura de adolescentes:

Hoy recuerdo que a nuestro alcance estaba uno (ya desaparecido) que partía de la carrera 28 y nos conducía muy cerca de la cima; el otro también desaparecido estaba al borde del barrio Las Delicias y La Quinta, muy cerca del Salto del cabrón; era un camino rápido y peligroso que conducía prácticamente hasta el convento de los Agustinos.

De igual manera, evoco, aquellas noches de los años 60, cuando todavía se podía hacerlo sin arriesgar la vida ante un atracador; el frío que en la cima recorría nuestro cuerpo era un pretexto para apretujarse con la novia en medio de la presentación de los decimeros en vivo; era , en verdad, un remedio efectivo; el cuerpo se te llenaba de una cantidad de calor suficiente, superior al que producían los anafes y fogones de la venta de fritos  o de las ventas de carne a la llanera que también se  establecían en la cima.

Más no todo es color de rosa:

 aunque en otras décadas hubo problemas de comportamiento  de los visitantes, recuerdo que en gran parte de los años 70 y 80 subir a La Popa se convirtió en un verdadero martirio por la inseguridad suscitada por los delincuentes, las riñas de borrachos y busca peleas, el tránsito de burros, caballos y de automotores; este medio de transporte  en un año que no recuerdo produjo la muerte de un joven  y lesiones a varias personas; desde entonces se tomaron medidas  de prevención por  la policía de Tránsito y después se prohibió el ascenso de vehículos a la cima. 

La venta de licores, las casetas y quioscos dotados de picós y equipos de sonido armaban el más bochornoso escándalo emulando las fiestas de corralejas, las cuales de manera afortunada desaparecieron de estas festividades, a la par de las corridas de toros causantes de la muerte de nobles animales, eran paradójicamente, hechas en honor a una divinidad, protectora de la vida.

Horrible espectáculo de suciedad y atentado contra el ambiente lo daba la serie de túmulos de bagazo de caña que producía la venta y consumo de este producto, característico de las festividades y delicias de niños, jóvenes y adultos.

Hoy, en nuestros días muchas debilidades están superadas, gracias al esfuerzo de las autoridades religiosas y algunas civiles, al igual que de los miembros de ASOPOPA, comprometidos con preservar la tradición y darle un nuevo aire a las festividades y garantizar la tranquilidad de los vecinos, en medio de unos festejos barriales que desde su origen se convirtieron en fiestas globales de Cartagena y sus cercanías.

La labor de ASOPOPA, a través de su junta directiva y su comité cultural es muy loable y apunta a la columna vertebral de las festividades no sacras, como son: Los eventos musicales de la víspera, La Noche de las Candelas, El Festival del Frito y el Encuentro Popano, para motivar e integrar a la comunidad; destaco en toda esta labor a los popanos, liderados por los señores Hernán Cárdenas, Cecil Botero, Gustavo Guardiola, Luis Meza, Rosa Díaz y Raúl Paniagua, entre otros

Lugar especial en estas breves memorias merece el festival del frito, que nació en una mesa de trabajo del Centro de Historia de Cartagena, asociación que hizo valiosos aportes colectivos e individuales al conocimiento de la vida Cartagenera.

Ahora veo a su gran creador al Zícalo-Francisco- Pinaud, mi buen amigo, explicando su proyecto que de inmediato contó con la aprobación de todos quienes éramos miembros de la entidad cultural; el festival, en 1985 partió con unas cuantas mesas de las guardianas de nuestras costumbres ancestrales, hasta convertirse en un gigante, que no cupo en la plaza de la Ermita y que tampoco cabe en el parque de las botas viejas de nuestro inmortal poeta Luis Carlos López, cuya familia se enraizó también en nuestro barrio.

A tres días de la gran fiesta, viviendo en el Pie de la Popa, después de vivir en El Toril durante 21 años, ahora veo los balcones con gente emparrandada, equipos de sonido a todo volumen, festejando la Fiesta de su patrona, y derramando pétalos de rosa al paso de la fulgurante imagen, cuya estructura espiritual, sin duda alguna, tendrá en cuenta este noble gesto de sus creyentes de estrato cinco.

El próximo 2021, será el momento apropiado para pensar en su repartición lugareña, guardando siempre el espacio memorial de nuestro poeta, el centro histórico y otro barrio, donde la devoción a la Candelaria sea muy ostensible.

La cabalgata que inició como un evento de la festividad barrial-citadina, se tomó la urbe y continúa convocando a las multitudes que disfrutan del paso de hermosos caballos, jineteados por miembros de las élites de Cartagena y sus cercanías, evocando un pasado colonial, que nunca fue mejor, aunque parezca paradójico y contradictorio.

En nuestros días, la cabalgata cambió su ruta, y quiera la Virgen de la Candelaria que cambie la mentalidad de sus organizadores, ya que los habitantes de Bocagrande, no son muy afectos a este acto, también controvertido en la ciudad.

Ya en calidad de epílogo solo resta pedir a los devotos de la Candelaria sus oraciones para que la gestión de rehabilitación integral del cerro, sea una realidad en el presente año que se inicia, por parte de las autoridades locales, departamentales y nacionales.

Con los afectos de siempre,

 muy encendidos en este novenario:

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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