Historias secretas de piratas y corsarios en Cartagena Version 1

01/08/2021 - 20:06

Historias secretas de piratas y corsarios en Cartagena Version 1

1. Los piratas en Cartagena: más leyendas, literatura, canciones, e historias falsas que hechos reales.

Después de concluir la serie Historias Secretas del castillo San Felipe de Cartagena de Indias, inicio una nueva entrega sobre piratas y corsarios de la ciudad.

Sobre el tema de la piratería, es mucho lo que se ha escrito, hablado y cantado en Cartagena; sin embargo, las especulaciones son mayores que las realidades sucedidas en este ámbito

 Lo anterior porque desde fines del siglo XIX, diversos escritores de ficción y realidad, a la par de periodistas se dieron a la tarea de relievar la presencia de piratas en esta plaza fuerte, al igual como lo hicieron diversos historiadores tradicionales de nuestra urbe y Colombia.

En este ámbito, es preciso recordar a la virtuosa mujer Soledad Acosta de Samper (cuya memoria representa con orgullo una de nuestras mejores instituciones educativas) escritora y periodista, quien, en 1885, publicó su libro: “Los piratas de Cartagena: Crónicas histórico noveladas”, en el cual recrea, dentro de este estilo los ataques de Roberto Baal, Francis Drake y Eduard Vernon, quienes precisamente no eran piratas sino corsarios.

A la par de lo anterior en Cartagena de Indias, su pertenencia al mar Caribe, condujo a que, desde pequeños, en la escuela se nos enseñara canciones infantiles sobre piratas, de las cuales recuerdo una que aprendí a cantar en mi escuela primaria Antonio José de Sucre o El Divino Infante, del barrio La Esperanza, apoyada por la Compañía de Jesús.

Hoy, más de 60 años después recuerdo estas estrofas:

Soy pirata y navego en los mares,

donde todos respetan mi voz,

soy feliz entre tantos mortales,

y no tengo más leyes que Dios.

Viva la mar, viva la mar.

A la Luz de una pálida luna,

en un barco pirata nací,

y a bogar fue la voz que, en mi cuna,

escuchando a mi madre aprendí,

viva la mar, viva la mar.

Así, en nuestras mentalidades, infantiles y juveniles se desarrolló la idea que Cartagena fue tierra asolada por piratas, tal como considera la mayoría de sus habitantes, manteniendo así una falsa visión del transcurrir político económico de la época colonial.

En calidad de complemento de lo anterior, resalta también en mi memoria la canción del compositor Rafael Escalona Martínez: “El Pirata”, interpretada desde la segunda mitad del siglo XX por los inmortales “Bovea y sus Vallenatos” con la voz líder del gran cantor Alberto Fernández, canción que en su primer verso dice:

No te extrañe que yo me haya desterrado,

y no camine por el barrio Loperena.

Te juro, que vivo como el pirata,

rondando las murallas e’ Cartagena...

Se trata de una hermosa canción, sin embargo, a lo extenso de su historia colonial, Cartagena fue sometida solamente por un ataque pirático, y no fueron los piratas quienes más rondaron por la ciudad colonial, en búsqueda de botines, colonias españolas, alimentos y más.

Ahora, en el entrecierre del círculo de los recuerdos, en la segunda mitad del siglo pasado, cuando evoco el hermoso bolero “Cartagena” del otro inmortal Adolfo Mejía, con la voz hermosa e imperecedera de Cenelia Alcázar:

Cartagena, brazo de agarena, canto de sirena,

canto de sirena, que se hizo ciudad…

Minarete color de mosquete,

caprichoso arete tallado en cristal,

 serenata que olvida un pirata,

 alfanje(espada) de plata, sueño de coral …

A manera de epílogo de los recuerdos personales, rememoro a manera de anécdota aquella foto postal del castillo San Felipe, donde al pie de una garita aparecía la figura de un viejo pirata con su indumentaria típica, el cual, en persona se convertía en centro de atracción de los visitantes del monumento.

Aunque nunca lo aprecié  en el fuerte, si pude apreciarlo, durante varios años, cuando en las horas de la tarde llegaba a su humilde residencia  en el barrio Las Delicias(Esperanza) con su disfraz cotidiano; se trataba de mi vecino del frente cuyo nombre olvidé: Un señor alto, delgado, con sólo la pierna derecha, y la izquierda, de la rodilla hacia abajo, completada con madera,  blanco, de cerradas barbas llenas de blancas canas, quien era el esposo de la señora Catalina Martínez, hermana  de la sin igual cantadora Irene Martínez.

De esta forma, y con las mejores intenciones, con libros (incluyendo varios textos extranjeros) versos y melodías muy gratas, en nuestras mentalidades quedó la idea que fueron los piratas de manera exclusiva y no otra clase de agentes, quienes asolaron a Cartagena en la época de la dominación española.

 Tiempos después, o tal vez de manera simultánea, el cine y la televisión decidieron “pescar en río revuelto” con el tema, hasta llegar al exabrupto cinematográfico de “Piratas del Caribe”.

En síntesis, es posible afirmar que los hechos anteriores condujeron a que historiadores tradicionales, escritores, compositores, cantantes y productores de cine y televisión crearan una gran confusión frente a dos fenómenos distintos en su esencia: piratería y corso, aunque ambos tienen algunas similitudes tales como el saqueo violento de embarcaciones y poblaciones, pero con objetivos diferentes.

2. UNA BREVÍSIMA RELACIÓN SOBRE EL ÚNICO ATAQUE PIRÁTICO A CARTAGENA DE INDIAS.

2.1. El ser del pirata y la piratería.

La piratería es una actividad ilegal de asaltos, pillajes y saqueos, realizadas por sanguinarios bandidos del mar, que ejecutan sus acciones contra embarcaciones, que navegan, de manera general, solitarias o se quedan rezagadas en los convoyes o flotas en las aguas marinas, o bien contra poblaciones costeras, indefensas, como lo estuvo Cartagena hasta fines del siglo XVI.

El objetivo de esta actividad es obtener, a como dé lugar, un botín de oro o de plata, a través de ataques sorpresivos, los cuales, en las embarcaciones asaltadas, además de los metales preciosos, podían conseguir alimentos, armas, municiones, mujeres que viajaban como pasajeras, y liberar esclavizados africanos, que bien podrían engrosar sus filas, u optar por el bien inapreciable de la libertad.

Situación parecida se vivió en tierra, tal como lo narra Alexander Olivier Exquemelin en su obra: Los piratas de la América, editado en el siglo XVII, citado por Wikipedia:

“Comenzaron a comer con buen apetito, y a tomar como mangas de lo que siguió la insolencia y los muchos abrazos sucios, con muchas honestísimas mujeres y doncellas que amenazadas con el cuchillo entregaron sus cuerpos a hombres tan desalmados”.

Dada la condición temprana de Cartagena, como punto de llegada y partida hacia el interior de la Nueva Granada, su auge comercial, antemural de las riquezas del Perú,del Chocó y la capital Santa Fe, la ciudad despertó el interés de los bandidos del mar, y de los corsarios y armadas reales de las potencias enemigas de España.

Pero a pesar de todo, a lo extenso de su historia colonial, Cartagena sufrió solo un único ataque pirático, el más devastador de su historia, y fue en 1697 por las hordas de filibusteros, comandadas por Juan Bautista   Ducasse, acompañantes del corsario francés, el almirante Jeans Bernard, barón de Pointís, jefe de la expedición, tal como se explica de inmediato.

La expedición de Pointís que arrasó, incendió y saqueó a Cartagena tuvo dos connotaciones especiales:

Una: conquistada la plaza, esta debía pasar a ser dominio del rey de Francia, dominio desde el cual se abriría el comercio a todas las Indias Occidentales.

Dos: “en la expedición debían intervenir los filibusteros de Santo Domingo y a ese fin se habían cursado órdenes al gobernador de los establecimientos franceses de la isla Juan Bautista Ducasse, para que formase con ellos un cuerpo expedicionario” (Dorta. (1960) Cartagena de Indias Puerto y Plaza fuerte.P.161).

2. 2. LOS CONFLICTOS ENTRE EL ALMIRANTE, EL GOBERNADOR Y LOS FILIBUSTEROS.

Dejemos, entonces que sea Dorta quien continúe con el relato de la actuación de los filibusteros en el asalto a Cartagena, después que la escuadra de  Pointís devastó la ciudad:

Fondeada la escuadra de Pointís en Bocachica, el 15 de abril de 1697, dos navíos se dedicaron a bombardear el castillo San Luis, mientras que 1.700 soldados y 1.200 filibusteros desembarcaron en los Tejares, a cubierto de los fuegos del fuerte, precedidos por 80 negros de Santo Domingo, para que abrieran trochas en el bosque… El día 18 después de conquistar al San Luis y entrar los buques a la bahía, Pointís despachó 800 filibusteros en la misión de conquistar el convento de La Popa, y lo encontraron abandonado, dejando en el, una guarnición y retirándose el resto de las fuerzas a un pequeño bosque inmediato al hospital San Lázaro, donde acamparon…

A mediados de mayo, la epidemia del vómito negro atacó a los hombres de Pointís y entonces abandonaron la plaza el día 25. En cambio, los filibusteros, acostumbrados al clima del trópico e inmunes contra la epidemia pensaban quedarse para continuar con más libertad el saqueo.

En la ciudad quedaba Ducasse con sus filibusteros autorizados por el almirante francés para quedarse y saquear la mercancía de los almacenes, pero con la prohibición de violentar las casas privadas. Vallejo, relator del sitio-escribe Dorta- “que Pointís les había autorizado para ejercer el pillaje a su antojo, e incluso para que pasasen hasta la villa de Mompox que era el receptáculo y albergue de cuantas familias habían salido a destruirlas en el todo”.

Lo indudable parece ser que Pointís deseaba prescindir de los filibusteros y zarpar para Francia con el botín, pero estos reclamaron la parte que les correspondía, según lo estipulado antes de hacerse a la vela en Santo Domingo o sea el diez por ciento del primer millón y el tres por ciento de los restantes. Ducasse intervino defendiendo el derecho de sus súbditos que habían vuelto a sus buques y estaban al ancla, junto a los de la armada real, cerca de Bocachica.

Así, entre alegatos de las partes, el contrato entre Pointís Ducasse y los filibusteros quedó en letra muerta. El gobernador marchó silenciosamente a Francia por temor a sus responsabilidades. El almirante, pretendió imponer su autoridad a los filibusteros, pero con la tropa diezmada, optó el 1 de junio de 1697 levar anclas, mientras que los filibusteros que habían vuelto a desembarcar la víspera sembraban el terror en Cartagena:

2.3 LOS FILIBUSTEROS ENTRAN EN ESCENA PROTAGONIZANDO EL ÚNICO ATAQUE PIRÁTICO A CARTAGENA DE INDIAS.

En número de más de mil cayeron sobre la ciudad y en vano trataron de defenderse los vecinos que habían vuelto a sus hogares. Los filibusteros libres del freno de la autoridad pasaron a ir sacando de sus casas a los moradores y de los conventos  a los religiosos, llevando a niños y mujeres a la catedral… y sacando a fuera a los más principales, haciéndoles en fuerza de tormento confesar el propio o ajeno caudal que había quedado en el lugar sin perdonar sacerdotes, religiosos,nños, mujeres, ni enfermos, con notable crueldad y desprecio, consiguiendo por estos medios más de  millón y medio de oro, plata, y piedras preciosas que habían vendido los franceses, no dejando en los templos ni un cáliz con que  celebrar, con otros innumerables daños  y destrozos  que hicieron,  en lo que por inútil o gravoso no pudieron cargar…

 El jefe de los filibusteros, Godfrey les prohibió atentar contra la vida de los vecinos y a dos filibusteros que asesinaron a dos mujeres les hizo cortar la cabeza, después que un sacerdote español los hubo confesado.

Pero él mismo cuenta algunas de las muchas atrocidades por los implacables sabuesos para encontrar los pocos caudales que se habían salvado del saqueo de los días anteriores…Así pusieron una veintena de barriles de pólvora en la catedral, y alrededor a los prisioneros, a los que amenazaban con hacerlos volar, sino declaraban donde aún tuvieran plata escondida.

2.4.LOS FILIBUSTEROS SE DESPIDEN SEMBRANDO MÁS TERROR.

El terror y el saqueo duraron hasta el 3 de junio en que los filibusteros tuvieron noticias que se acercaba una escuadra en defensa de la plaza. Se apresuraron a embarcar, y aunque la prisa de su viaje fue grande, no dejaron de hacer todo el daño que pudieran, pues en el convento de Santo Domingo dieron fuego a algunos barriles de pólvora, que colocaron en una de las capillas de su iglesia, derribando las paredes y maltratando gravemente sus altares.

El 7 de junio se hicieron a la vela, y Cartagena quedó libre de enemigos después de un mes de sufrimientos.

3. VALORANDO LA INVASIÓN FRANCESA Y DE LOS FILIBUSTEROS DE DUCASSE.

Dorta, nuestra guía documental en esta historia real, se muestra implacable-al igual que este amante de la historia científica- frente a la toma de Cartagena.

*Pointís se hizo a un botín de más de ocho millones de pesos oro, más las joyas, perlas y demás bienes de valor comercial. Para Francia y los patrocinadores de la expedición, esta resultó ser un buen negocio, aunque la pérdida de hombres fue un duro golpe para la sociedad y sus familias, aunque para el capitalismo mercantil que se imponía en Europa y América “a sangre y fuego”, este factor no cuenta.

*De igual manera, para los filibusteros aliados de Ducasse, el saqueo resultó provechoso, dada su inmunidad frente al vómito negro y la cuantía del botín obtenido.

*El incumplimiento de las capitulaciones-escribe Dorta de nuevo-con la ciudad rendida, el saqueo de los templos y casas, contrario a lo pactado y el hecho de abandonarla en manos de los filibusteros para que ellos se cobraran la parte del botín que les correspondía fueron hechos indignos de la guerra, que empañaron la gloria de la acción de armas, y valieron al barón de Pointís una condena.

Finalmente, confirmando mi tesis que este fue el único ataque pirático que sufrió Cartagena en su vida colonial Dorta afirma:

…” La alianza odiosa con los filibusteros dio un carácter pirático a la empresa que empañó el prestigio de una armada en la que, equiparadas a las tropas del “rey cristianísimo” figuraron las turbas indisciplinadas de los “hermanos de la costa”, gentes sin ley, que en todo momento hicieron honor a su fama de ladrones de mar, sin más ideal que el robo y el saqueo, siempre acompañados de un sanguinario cortejo de crueldades”. CONTINUARÁ…Los ataques de corsarios a Cartagena de Indias.

Con los afectos de siempre,

reforzados con la narración de la historia real de Cartagena de Indias.

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.

                                                                    


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