Secretos de CORSARIOS y piratas. Segunda parte.

19/08/2021 - 15:32

HISTORIAS SECRETAS DE CORSARIOS y piratas. Segunda parte  

En la entrega anterior de la miniserie sobre piratas y corsarios, a manera de hipótesis provisional, se demostró con documentos históricos  a la vista, que el único ataque de piratas: filibusteros bandidos del mar, que sufrió Cartagena en su larga historia colonial, fue el liderado por Jeans Baptiste Ducasse, gobernador de la Isla de Santo Domingo, (la antigua Quisqueya de los amerindios), en 1697, cuando acompañó al barón de Pointís, y juntos realizaron el ataque más devastador que sufrió la ciudad, erigida en una de las llaves de la defensa  de las Indias.

Mayoritarios fueron, entonces, los ataques de corsarios y armadas reales de las potencias enemigas de España, en esos aciagos tiempos para la humanidad, a los cuales me refiero en la parte final de este ensayo, una vez concluya con los asuntos teóricos pendientes sobre la piratería y el corso, de manera conjunta.

2.COMPORTAMIENTOS SECRETOS COMUNES   DE LOS ATAQUES   DE PIRATAS Y CORSARIOS EN CARTAGENA DE INDIAS.

Aunque con esencias diferentes entre sí, la piratería y el corso adoptaron, algunas veces, comportamientos comunes en su accionar ofensivo contra Cartagena de Indias, al igual como lo hicieron también, en algunas ocasiones las autoridades de la ciudad.

 2.1. EL ANTICLERICALISMO CATÓLICO DE PIRATAS Y CORSARIOS.

En una primera perspectiva es notoria la forma como corsarios y piratas, adoptaron una clara posición anticlerical católica tal como lo deja saber Kris. E. Lane en su magnífico ensayo: “Corsarios y piratas en la defensa de Cartagena de Indias en el siglo XVI”.

Todo parece indicar que las motivaciones de los atacantes ingleses estuvieron fundamentadas, por una parte, en su pertenencia a la iglesia anglicana, fundada por el rey Enrique VIII, en 1534, convertida en ala disidente de la iglesia católica y rival a su vez, que condujo a varias guerras en Europa, en el ámbito de la Reforma protestante y la Contrarreforma.

Por otra, era un secreto a voces las importantes riquezas en dinero, joyas y metales preciosos que guardaban sacerdotes y obispos en sus respectivas iglesias, de tal suerte que atacar estos sitios se convertía en una prioridad del asalto, tal como sucedió en Cartagena de Indias, en diversas ocasiones, que se relatan a continuación.

En este orden de los hechos es de destacar:

PRIMERO. El ataque del corsario francés Roberto Baal o Roberto O’ Vaal, cuando el 27 de julio de 1543, atacó la ciudad, la saquearon y robaron más de 45.000 pesos y para no incendiarla, el obispo Fray Francisco de Santamaría Benavides, debió darle dos mil pesos de rescate.

SEGUNDO. “El ataque del   corsario inglés sir Francis Drake, alias El Drake en 1586; Urueta y Piñeres narran el drama vivido por los cartageneros:

 “Dueño Drake de la ciudad, robó todo el oro, plata y joyas que encontró. Las campanas de las iglesias y ochenta piezas de artillería. No contento aún exigió 400.000 ducados para no encender la ciudad; pero merced a los esfuerzos del obispo se contentó con 107.000 pesos que se pudieron reunir a duras penas.

Tan pronto se entregó esta suma… amenazó con poner fuego a las casas del arrabal (en ese entonces) Getsemaní donde además estaban situados el convento de San Francisco y el matadero, propiedad, de Alonso Bravo Hidalgo; en vista de esto los frailes dieron mil pesos y cuatro campanas que habían podido salvar del primer saqueo, y Alonso Bravo dio 5.000 pesos para salvar sus propiedades” (Cartagena y sus Cercanías (2011. P.436.Tomo II.)

“Es en este lapso de 1586, cuando la mayor parte de la iglesia catedral Santa Catalina de Alejandría virgen y mártir estaba concluida y el cuerpo de esta, cubierto de tejas y sólo faltaba la torre y otras dependencias menores, Drake, para obligar a la ciudad a pagar el rescate solicitado destrozó a cañonazos tres arcos de la iglesia y   la construcción quedó suspendida, al no existir fondos, ni para las reparaciones. (Elles, Ubaldo (2012). Lugares Sagrados de Cartagena Colonial.P.42).

TERCERO. EL ATAQUE DEL BARÓN DE POINTÍS Y LOS FILIBUSTEROS EN 1697.

Los atacantes, bien fueran anglicanos (protestantes) o católicos, corsarios y piratas asaltaron sin piedad los templos de los feligreses que reconocían la autoridad del papa de Roma. La prueba de ello se da cuando se produce el ataque a la ciudad por parte del barón de Pointís, cuyas tropas, una vez tomado el castillo San Luis de Bocachica se dirigen a la plaza, la atacan sin piedad alguna, de acuerdo con los relatos de Urueta y Piñeres:

“Los franceses arrojaron sobre Cartagena, más de dos mil bombas, de las cuales, más de la mitad cayó en la plaza y una de ellas dio sobre la iglesia San Juan de Dios (hoy San Pedro Claver) y arruinó el altar y la custodia, estando en velación el “santísimo”.

…De igual manera desembarcaron siete mil hombres de Pointís… y los piratas de Ducasse 1.000; el barón tomó posesión de la plaza el 4 de mayo; entrados en ella se dirigieron, ante todo a la iglesia catedral…y en seguida se dirigieron a la sacristía y se apoderaron de las custodias, cálices, vinajeras, incensarios y de cuantas alhajas tenía la catedral.

Lo mismo se hizo con las demás iglesias y hubieron de estropear y dar tortura a algunos frailes y varios particulares para que declarasen donde tenían alhajas o caudales. El 3 de mayo dejaron la plaza y se dirigieron a los castillos de Bocachica y Santa Cruz, donde tuvieron junta de oficiales y el 25 resolvieron irse porque la fiebre les había consumido la mitad de la gente.

Entre las alhajas que se llevaron, fue una de ellas el sepulcro de plata con ocho mil onzas de plata, usado en la ceremonia del entierro de Cristo, el viernes santo en una cofradía erigida en el convento de San Agustín, pero esta prenda fue rescatada con otras de las cofradías” por gestión del propio rey de Francia. (P.441).

Una vez se retiraron las tropas de Pointís, oficial de la armada francesa y oficiante como corsario también en esta empresa punitiva, los filibusteros de Ducasse, el gobernador de Santo Domingo y acompañante del barón, regresaron a la ciudad, a buscar el botín, después de la mala pasada que les jugó el jefe francés.

“Viose, entonces cuan acertadas habían andado las monjas al salir de la ciudad, porque los monasterios fueron invadidos, registrados y robados y no quedó prelado, clérigo ni fraile que no fuese apresado. Todos y las demás personas de quien sospechaban que tuviesen algo o que podrían   denunciar por medio de los intereses de otros, todos, esclavos y libres todos fueron encerrados en la iglesia catedral, donde se les intimidó y atormentó de diversas maneras, para que confesaran donde tenía o sabían que otros tuviesen intereses” (Urueta y Piñeres. (2011). P442).

De acuerdo con la fuente citada, los procedimientos más viles para obligar a las mujeres a que entregaran las alhajas fue ponerlas en fila en la iglesia entre regueros de pólvora a un lado y otro, amenazándolas con el botafuego (vara con un tenedor en un extremo, para mantener una mecha lenta encendida) en la mano. (P.442).

Otra fuente importante, como lo es la del sacerdote Tulio Aristizábal(qepd) en su libro: Iglesias, conventos y hospitales en Cartagena colonial (1998) precisa que:

“En 1697, el barón de Pointís ataca y saquea a Cartagena: Del templo Santo Domingo se llevó toda la plata labrada y gran cantidad de reales, doblones y joyas que eran caudal de su provincial.

Ido Pointís, atacaron a la ciudad los filibusteros, al comienzo de junio de ese año y en el convento de los dominicos prendieron fuego a algunos barriles de pólvora que habían colocado en una de las capillas de la iglesia. Derribaron muros y destruyeron altares. “CONTINUARÁ…Amerindios cartageneros contra piratas y corsarios.

Con los afectos de siempre:

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.