En los tiempos de María Auxiliadora

14/06/2020 - 08:51

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En Los Tiempos De María Auxiliadora

Siempre he admirado a las personas que trabajan voluntariamente en las iglesias.

Entregan volantes, hacen el aseo, le planchan las ropas al sacerdote, enceran los santos y además, te dan la bienvenida en la puerta. Soy amigo de todos en la iglesia de mi pueblo. Soy amigo de Martina, una señora de cabello alunado que se encarga de dejar la casa de Dios como la de un magnate y de Genaro, un militar retirado que sirve de chofer y escolta al padre Lucio. He dicho que son mis amigos y a pesar de mi actual miseria, me siento orgulloso de que así sea, de lo contrario sería peor mi situación.

Soy apellido Castrini, el único apellido que ha sido dueño de la funeraria de este pueblo desde el día en que nació, el pueblo por supuesto, pues la funeraria es más antigua que el mismo cementerio. Mi familia ha enterrado a propios y extraños que caminaron por la calles de esta provincia. Sin embargo, las cosas han cambiado, ya no es lo mismo, en mi pueblo la gente ya no se muere.

 

Tomo una hoja, un bolígrafo, saco de mi bolsillo una de mis últimas monedas, la agenda de contactos que solo tiene dos nombres que valen la pena para mí: Martina y Genaro. Descuelgo el teléfono, meto las monedas por la ranurita que parece de alcancía, me humedezco los labios con un café que sabe a ratón y saludo a Genaro.

 

── ¡Aja compa! ¿Cómo va todo por allá?

 

──Aquí mi hermanito, sin novedades,

 

──Mierda compadre, seguro que nada de nada por allá.

 

──Seguro, tú sabes que si hubiese algo yo te aviso.

 

──Pero y la vieja Rosiris, la mujer de Toño, el man de las cortinas.

 

──Ah sí claro, ella peló el cobre, pero la hija vino de los “mallamis” y se la llevo pa´ Bogotá, antes de que muriera y terminó cremandola.

 

──Ñerda…seguro men.

 

──Compa segurísimo, si yo mismo la traje de la terminal.

 

──Nojoda…ve y este Lucrecio, ya se murió.

 

──Nada, ese tronco ha salido bravo, ayer le di las pastillitas, pero las vomitó, casi me pillan, pero yo estoy pendiente de esa vuelta, apenas se muera, te llamo a ti, así sea que quieran llamar a otra persona.

 

──Listo mi vale, cualquier vaina que me tires por ahí es cariño.

 

──Todo bien.

 

Cuelgo el teléfono, no me fue muy bien con la primera llamada. Tengo más de 2 meses pulseando pa´ que Lucrecio estire la pata, y nada, ese hijueputa ha salido más bravo de lo que imaginé. Ni las pastillitas de azúcar pudieron llevarse a ese viejo diabético. Pero eso me pasa por contar con la plata que no me ha llegado pa´ pagar la nómina. Pero no importa, me queda otra opción. Busco en la agenda y la letra M me dice que a lo mejor Martina me tenga mejores razones. Tomo otro sorbo de mierda de ratón con café, me gasto otro par de monedas y saludo a Martina de la misma forma en que saludaba a mi esposa.

 

──¡Hola amor mío corazón de otro! ¿Cómo estás?

 

──Hoooola mi vida, bien y tú que tal

 

──Bueno, ahí en las de siempre… Cuéntame ¿Qué me tienes por ahí?

 

──Nada mi amorcito, la cosa sigue dura, ayer estuve tratando de convencer a la vieja Renata pa´ que desconectara a la hija del respirador y nada, no pude convencerla ni leyéndole la palabra. Le dije de todo, que ella iba a pasar a mejor vida, que así descansarían todos, incluso que si lo hacía ahora tenía un descuento con la funeraria y nada, lo único que me dijo fue que ella esperaba el milagro.

 

──Ujum…y…entonces…

 

──Y entonces nada mi amorcito, esto está grave, yo llevo casi seis meses sin ganarme un peso y yo creo que el cura ya se está dando cuenta de que las limosnas llegan incompletas, al paso que voy me va a tocar darlo.

 

──Ni que me lo digas, yo tengo todos los servicios cortados, incluyendo los del burdel secreto, si me sale un muerto ahorita me toca lavarlo con el agua del arroyo.

 

──¡Imagínate!

 

──Aja, pero óyeme y el hijo de Juancho Torres, el que es mariquita y está pringao’, nada que se lo llevan…

 

──Nada, a ese también le estuve dando consejos para que tomara una decisión definitiva que acabara con la locura que está viviendo, hasta le dejé una cuerda debajo de la cama y nada, el hijueputica es cobarde. Me mamé el olorcito del cuarto en vano. 

 

──Bueno mija hay que seguir insistiendo, si no, me toca cerrar esta vaina y darlo junto contigo.

 

──Imagínate…aunque yo estaba pensando…

 

──Ya vienes tú con tus inventos Martina…

 

──Hombre párame bolas, yo no te digo que organicemos un tiroteo como el de los hermanos Tejada, porque ya ves lo que ocurrió la vez pasada, todos los cuerpos se los llevó medicina legal y los zampó de cabeza en una fosa común…

 

──Aja lo único que me gané no alcanzó ni pa pagar el préstamo que le hice a Don Teso y que luego le puse en las manos a Federico pa que comprara las balas y se reventara a balazos con el hermano, me pagaron una ridiculez por echarle líquido quita sangre a las paredes de la alcaldía. Por eso te digo de nuevo, no más tiroteos Martina.

 

──Nombe, yo no digo tiroteos, pero si un jala-jala de marido y muje´, ¿Qué dices?

 

──¿Cómo así? Explícate.

 

──Mira, tú conoces a Mireya, la tetona de la tienda de abarrotes

 

──Ajá

 

──Bueno, imagínate que la nena se vuela todas las noches después de que cierra la colmena con Jorgito, el hijo de Carmencita, el que vino de vacaciones, él mismo que cuando chiquito todo el mundo creía que iba a terminar repartiendo jopo y míralo, tirándose a Mireyita.

 

──Ajá y…

 

──¿Como que y? Ah claro, es que lo que tú no sabes es que Mireya es casada, tiene 4 hijos y el marido trabaja en Barranquilla y viene cada ocho días.

 

──¿En serio? ¡Fabuloso!

 

──¡Fabulosisimo! Es cuestión de avisarle al marido (yo me consigo el teléfono) justico cuando estén por los lados del cañaveral dándose, ahí mismo que llegue el Maríachi (Fausto, creo que se llama) y ¡Bang! se los cargue a los dos, y como eso es zona rural, los “pris- pris” de medicina legal no se van a meter allá y listo, salvamos el semestre ¿Qué te parece?

 

──¡Nojoda Martina! Me parece magnífico y con el favor de Dios y María Auxiliadora, Fausto se pega un tiro por la culpa y bendito padre que sacamos tres muertos.

──Bueno, entonces quedamos así, yo me encargo de Fausto, Jorgito y Mireyita y tú ves llenando los tanques y ya sabes no me llames cuando este en la iglesia, llámame a la casa.

 

──Listo mujer, pa cuándo me tienes el datico de Fausto.

 

──¡Hombe que pa´ mañana! pero primero tengo que tomarle los tiempos del polvo a Mireyita con Jorgito, para cuadrar todo.

 

──Bien mi vida hasta luego.

 

──Hasta luego.

 

Bueno, por eso me gusta hablar siempre de ultimas con Martina, ella siempre tiene ideas frescas y novedosas, y además está pendiente de todo, Quien creería que la tetona de la tienda que debe de tener su cosita destrozada, todavía le gusten los peladitos. Pero bueno, todo eso es positivo. Sin embargo, aún tengo el panorama embolatado, lo de Mireyita es bueno, pero es a mediano plazo, yo necesito algo para esta noche, todo queda en manos de María Auxiliadora. ¡Miércoles! Esta es una llamada que no quería hacer. Malditos ratones.

 

──¿Aló? Buenos días, tenga la amabilidad me comunica con el señor párroco.

 

Mientras espero, el tipo que atiende la cabina telefónica, me ofrece un banquito disque para poner los papeles, pero se demora mucho, yo creo que quiere oír la conversación.

 

──Habla el párroco ¿Con quién tengo el gusto?

 

Y al tipo se le da es por limpiarme el reguero de café que hizo en mis pantalones.

 

──¿Aló? ¿Quién habla?

 

──Ya lo llamo padre── y en seguida cuelgo de un solo totazo el teléfono, le miento la madre al tipo de la cabina y lo mando a comer física mierda. Me hizo gastar la última moneda de servicio que me quedaba. Reviso los bolsillos y no encuentro más que un hilo rojo, una uña postiza de algún cliente que se me quedó enredada y providencialmente 10 centavos aparecen entre mis dedos, lo suficiente para hablar 2 minutos con la mini-santidad.

 

Inserto la moneda, le hago señas al petardo del administrador y le advierto que como se asome por mi cabina le parto la madre, marco el número nuevamente al tiempo que le pido a la virgen que por lo que más quiera la llamada dure menos de dos minutos con todos los puntos claros. Espero el tono y mi respiración se cuela por la bocina y llega hasta mis oídos.

 

──¿Aló? Buenas tardes (me dieron las 12 del medio día) con el señor párroco por favor.

 

──Si con él habla, a sus órdenes.

 

──Ah, hola padre, habla con el señor Castrini…

 

──Señor Castriniiiiii ¡Que sorpresa! a qué debo el honor de su llamada. [0:10 seg]

 

──Je je je padre (yo y mi risita maricona) aquí llamándolo porque realmente estoy muy contento con el bienestar que está mostrando nuestro querido pueblo…

 

──¿Ah sí? Y esa vaina.

 

──je je je (de nuevo la maldita risita) es que mire que el otro día, hablaba yo con él alcalde y me ha dicho que está muy feliz, porque según el último informe del DANE, nuestro pueblo tiene el menor índice de mortalidad de todo el país ¡Qué maravilla! ¿No le parece?

 

──Si, por supuesto, en efecto, somos la población con menos decesos en los últimos 10 años, y ni un solo muerto en 6 meses, de hecho, nos han enviado cartas de varias fundaciones y organizaciones gringas que quieren hacer un documental especial en el pueblo y cuanta vaina.

 

──¡Qué bueno Padre! Me alegra mucho, aunque fíjese usted que en el momento justo de hablar con el alcalde, me preguntaba ¿Será verdad que somos el pueblo con menos fallecimientos? Y yo dije, tengo que preguntarle al párroco, pues solo él sabe a cuántos le ha dado los santos óleos últimamente y bueno… [0:37 seg]

 

──Je je je Castrini…hasta cuando vas a seguir con tus maricadas…

 

──Pero padre (Mierda se la pilló) a qué se refiere── me aflojo el pantalón, miro el cronómetro que tiene el teléfono y me doy cuenta que el día está perdido.

 

──¡Sí! Gran güevón, crees que no me ha dado cuenta el trato que tienes con la solapada de la Martina. O que no me he enterado de la llamadera que le tienes a Genaro.

 

──Pero padre… [0:58 seg]

 

──Padre nada, no me llames así…

 

(Mierda, se jodió todo)

 

──Llámame socio… [1:10 seg]

 

¡¿Qué qué?! De un momento a otro me volvió el alma al cuerpo, tragué saliva en seco y pregunté con la voz más pendeja que he podido entonar en mi vida.

 

──¿Socio? Pa-pa-padre a que se refiere.

 

──Sí, socios, usted verá, solo te diré, que el 15% que le ofreces a Martina no me sirve, conmigo es fifty-fifty o no hay “bussines” ¿Estamos o no estamos?

 

──Fifty-fifty (Hora de negociar) Pero padre, eso es mucho, no alcanzo a cubrir los costos mínimos de preparación del difunto. [1:32 seg]

 

──O es fifty-fifty o no hay difunto, tú verás, es más, si aceptas, pa´ mañana mismo tienes a la hija de Renata lista en la palangana…

 

── ¿Seguro padre?

 

──No sea igualado, recuerde que yo soy la imagen de Dios en este pueblo, eso sí, como me salgas calceto, te excomulgo y ahí veremos cuántas personas van a ir a tu negocio…

 

──Bueno padre (aquí es donde me toca aflojar) acepto, si quiere me doy una pasadita por la iglesia pa´ que celebremos nuestra nueva sociedad. [1:46 seg]

 

──No no no hijo mío, por acá no vengas, más bien, ve preparando la sala pa’ la hija de Renata que esa no pasa de esta noche.

 

──Muchas gracias padre, deme la bendición.

 

──Que Cristo todo poderoso y nuestra patrona María Auxiliadora me lo bendiga y nos ayude en estos tiempos de estrechez económica.

 

──Amén Padre── y cuelgo la llamada un segundo antes de que se cumplieran los dos minutos.

 

            Este mundo cada día está más loco, es todo lo que se me ocurre decir después de la conversación con el Padre. Me jodió con el fifty-fifty, pero bueno, cualquier vaina es mejor que un nadisty con esta escasedisty de muertedisty. Ahora tengo otro dilema, si me voy para el negocio, no tengo cómo regresar a la noche a esperar la llamada de Martina, de todas formas, tampoco creo que nadie vaya a preguntar hoy por la funeraria. Así que me quedaré a esperar en alguna de las bancas cagadas de palomas del parque.

 

            Son las 10:30 de la noche, he esperado toda la tarde bajo el acecho de miradas ajenas y embolatando el hambre con una bolsita de crispetas que me regaló Doña Petra, una viejita que es más vieja que las mismas crispetas que vende. Con disimulo llego hasta la central telefónica y  el tipo que atiende las cabinas me hace señas indicando que ya no puede esperar más, que él ya se va, yo prácticamente le ruego que me regale un par de minutos y enseguida el ambiente del negocio se enrarece, ya no es tan cómodo como en la mañana. Los muebles están sobre las mesas, las luces están apagadas y el hombre me recalca que me apure que tiene hambre, no lo culpo, yo también. Recojo mi maletín, mis pesados anteojos y me voy rumbo a la puerta a pasar el hambre en mi casa, desisto de la idea de esperar la llamada de Martina, sin embargo, no hemos terminado de abrir la puerta cuando uno de los teléfonos suena, el tipo de la cabina hace mala cara, pero yo salgo soplado y tomo la bocina, no hay que presentarse, definitivamente es Martina. El tipo de las cabinas llega a un acuerdo conmigo, él se irá y me dejará una copia de las llaves para que le cierre las puertas al terminar, después de todo es buen tipo, chismoso, pero buen tipo.

 

──Aja papi, y esa vaina, no dejaste ni repicar el teléfono.

 

──Ah hola Martina, eres tú, fíjate es que estaba revisando unos documentos y se me pasó el tiempo, me he quedado dormido y tu llamada me ha despertado.

 

──Bueno, menos mal, yo pensé que te habías quedado comiendo crispetas en el parque.

 

──Oh no, para nada, tenía cosas más importantes que hacer, pero y bueno dime ¿Qué me tienes?

 

──Te tengo de todo papi, imagínate, seguí a la Mireyita, salió de su casa a las 6 menos 10, subió por la loma del diablo, bajó luego por la cuneta y se sentó en una piedra a la orilla del arroyo…

 

──¡¿En serio?!

 

──Sí claro, luego como a las 6 y media llego el galán, el hijo de Carmencita, con un suetercito beige, un pantalón de overol y unas chancleticas tres punta´ y enseguida me puse las pilas con cronómetro en mano pa´ tomar los tiempos del encuentro...

 

──¿Cronómetro?

 

──¡Sí mijo! Esto debe quedar cronometrado, a mí me gustan las vainas precisas…en fin. Los tortolitos hablando se demoraron [4:37 seg] ella le hizo un reclamo, pero no alcancé a escuchar el porqué, tal vez por eso se demoró un poco más el preludio del acto, luego cuando echaron el primer polvo les tomé el tiempo, se demoraron [7:17 seg] eso fue bestial, con botada de camisa al rio y todo. Para el segundo, como era apenas lógico las fuerzas mermaron [5:56 seg] arrojó el cronometro, y cuando pensé que las cosas quedaban ahí, resucitó el amor para el tercero. Increíblemente, el hijo de Carmencita sacó fuerzas de un saco roto e impuso un tremendo [8:45 seg] en el cronómetro ¿Qué te parece?

 

──Bueno Martina, me parece bien, nunca antes había visto esa vaina, pero si tú crees que nos favorece…

 

── ¡Por supuesto! no ves que así concluí que el marido les puede llegar entre las 6 y 35 y las 7 y 40, pa´ que los coja en plena faena. Ya tengo el número de Fausto…

 

── Listo Mireyita entonces quedamos así, me encanta tu actitud, eso es servicio.

 

──Oye, acabo de ver unas luces rojas y azules en la carretera, voy a ver de qué se trata.

 

──¿Qué vaina? ¿Luces…?

 

Y la llamada se cortó, a pesar de todo me gustó la investigación de Martina, si todo sale bien tendremos un remate de año feliz. Pero me quedó sonando en la cabeza lo que dijo con respecto a esa vaina de las luces en la carretera, si por este pueblo no pasa nada, a menos que… sea una ambulancia para la hija de Renata, Dios mío ojalá. Me robo un vasito con agua, recojo las llaves y me apuro para llegar a casa antes de 12, nuevamente estoy cerrando la puerta cuando suena el teléfono, pero esta vez es el de la recepción, no el de las cabinas, así que supongo que no es para mí. El aparato suena, suena, suena y a la onceava vez se activa la maquina contestadora. Mi patética curiosidad, por no decir afición por el chisme me detiene justo antes de colocar el último cerrojo.

 

[Deje su mensaje después del tono]

 

──¡Alooo! Castrini…

 

¿Qué Carajos? ¿Es para mí? Y esa voz…me suena, me suena, me suena, ¡NO! No puede ser él, Dios mío cualquiera menos él. Esa voz solo significa que…

 

──Aló Castrini, si estás por ahí contesta carajo.

 

──A-a-a-a-Aló, Mister Funes, ¿Co-co-cómo me encontraste?

 

──Bueno mijo, este es un pueblo chico, y la verdad es que tú sabes cómo son las tradiciones de este oficio, así que debía hacer hasta lo imposible para encontrarte, pues ya sabes solo nos llamamos entre colegas cuando uno tiene el muerto del otro.

 

──Sí, pero ¡Oh Dios mío! ¿Qué pasó? 

 

──Bueno, no sé si te has enterado que hubo un accidente automovilístico en la carretera que viene desde La Guajira.

 

── ¿La Guajira? Oh no, ¿María? Mi María Auxiliadora.

──Exactamente primo, como tú entenderás, yo también ando en la vuelta de buscar “clientes” y bueno le pedí el favor a uno de mis ayudantes que pues le echara una ayudita al destino rociando un poquito de brea caliente en plena vía.

 

── ¿Brea caliente? ¡Hijueputa eso es asesinato!

 

── ¡Te calmas! Que todos estamos en las mismas, además, yo solo di orden de rociar un tanquecito y el bruto de mi ayudante roció tres pimpinas y bueno, hubo una colisión de autos, explosiones, árboles caídos, es decir un mierdero; entre esos una camioneta Dodge Roja con placas MAM 338 de Sabanalarga, se fue de frente contra un poste de la luz, adentro iban 3 personas, dos mujeres y un hombre, entre ellos el hijo de Carmencita.

 

──¿El hijo de Carmencita?

 

──Sí, el mismo. Entonces te estoy avisando pa´ ofrecerte nuestra nueva sala V.I.P. de velación y nuestro servicio “Class Royal” de mujeres lloronas en caso tal no tengas quien te acompañe a llorar a María.

 

── ¡Miserable! ¡Asesino! Pero esto no se queda así…

 

──Déjate de espectáculos tristes Castrini, tú estás muy viejo para esas cosas, a hierro mataste, luego entonces… Bueno te dejo que tengo que ir a tomar las medidas a los cadáveres para ofrecerles nuestro nuevo y exclusivo servicio de diseño de ropa mortuoria. Chao viejo zorro.

           

Mi pobre, pobre, pobre María Auxiliadora, Dios mío no puede ser, pero qué carajos hacía viajando a estas horas por esa carretera, y con el hijo de Carmencita, este mundo no me merece. No puedo aguantar más las lágrimas, ellas quieren salir, lloro como un idiota sobre el escritorio de la recepción, mi única misión en la vida, era recuperar el amor de mi virgen de la guarda, de mi propia María Auxiliadora, por eso la había invitado a pasar las navidades conmigo, por eso el afán de que la gente se muriera para tener que ofrecerle, pero eso ya no importa, he pagado con mi propia hija mi afán por ser la parca maldita de este pueblo. Esos cables del teléfono de mi cabina de todos los días no transmitirán más emociones, esos cables ya no servirán más para comunicar a los vivos entre los vivos, esos cables, hoy, me comunicarán con el mundo de los muertos.

 

Me subo con la cara todavía hecha un mar de lágrimas al mueble de la recepción, amarro el extremo del cable a la viga que luce fuerte en el techo y con el otro extremo rodeo mi cuello. El salón está oscuro, los muebles siguen sobre las mesas y el teléfono vuelve a repicar, pero ya es tarde, me imagino la carita de mi María Auxiliadora y mentalmente le anuncio que voy hacia ella. Este pueblo tendrá su primer muerto en 6 meses…

 

[Deje su mensaje después del tono]

 

──Aló, Castrini, si estás ahí contesta, soy yo, Martina. Mira el pelao de las cabinas me dijo que estabas allí, párale bola que te tengo la última, imagínate que Mireyita peleaba antes de echar el polvo, era porque el peladito este, el hijo de Carmencita preñó y con gemelos a una pelada de afuera…Aló, Aló Castrini, Nojoda niño contesta que eso nos puede costar el negocio….Aló, Aló…

 

[Deje su mensaje después del tono]

 

──Aló, mira Castrini, sigues por ahí, te habla Mister Funes, mira es para decirte que… nojoda este es un pueblo de mierda, y seguimos con el maldito record de 0 muertes, no hay ni un muerto en el accidente, los hijueputas de los médicos revivieron a todo el personal en la clínica, así que todo bien, sin rencores…Aló, Aló…

 

[Deje su mensaje después del tono]

 

──Aló papá ¿Estás ahí? Soy María Auxiliadora, mira que me dijo Martina que a lo mejor estabas preocupado por lo del accidente de la vía principal, yo no iba en ese carro, yo me vine por flota, además recuerda que las placas del mío son VMP 313, y si es rojo, y es Dodge, pero el mío se quedó en casa guardado en el garaje. Aló, Aló… ¿Papá sigues ahí? Espérame, ya voy para allá.

 

Cj Torres.


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