I Antología niñas y niños

I ANTOLOGÍA #MiCuentoDesdeCasa Niñas y Niños de 0 a 13 años

21/03/2020 - 13:04

Santiago Piedrahita Tuñon  - 12 años.

 

ENFERMEDAD

Antes de contarte mi historia voy a presentarme. Mi nombre es Jonathan, y no tengo empleo. Antes vendía armas, aunque no sabía nada de ellas, solo veía cual era más atractiva y las vendía a un alto precio. Tuve éxito, pero decidí renunciar porque casi me las roban, aún tengo una pistola pequeña, solo por si acaso. Bueno, ya presentado, les cuento lo que me pasó.

Estaba despertando en mi cálida cama con el molesto ruido del despertador, pero me di cuenta que aún era muy temprano. Vi que solo se descompuso, lo reparé y me volví a dormir, el despertador volvió a sonar y lo tiré a la cocina. Me desperté, ya que tenía el sueño arrebatado, llamé a mi querido perro maximus.

-Maxi, Maximus.

Pero no ladró, ni siquiera oí sus pasos, pensé que estaba durmiendo, iba a salir a la calle para desayunar.

-Buenos días ¿Panadero? - Pero nadie respondió y la panadería estaba abierta, volví a gritar -Panadero ¡rápido tengo hambre!

Como soy curioso, entré y vi al panadero tirado en el suelo.

-Señor despierte!

Y el panadero me respondió con una voz no tan normal:

-¡Lárgate!

Y me fui, pero no tardo tanto cuando el panadero me dijo:

-¿Quieres pan? me dijo como si él fuera un payaso y yo un niño de 4 años.

Yo dije que sí, y me despachó el pan. Cuando lo saqué de la bolsa el pan estaba verde y duro, entonces, fui otra vez a la panadería a que me devolvieran mi dinero.

-¡Hey, panadero!

Cómo tenía hambre volví a entrar y el panadero estaba otras ves en el suelo, y cuando le hablé, se paró, cogió el rodillo del pan y me pego en la cabeza. Cuando desperté tenía dolor de cabeza y un carro me estaba pitando, cuando reaccioné, estaba en un lugar muy extraño, tenía el cielo de color gris y las calles llenas de basura. Me acerqué al carro para preguntar dónde estaba, cuando abrió la ventana para hablarme vi que era una hermosa chica y que me dijo que estaba en un pueblo no muy conocido llamado, Hangornia, de paso me preguntó si quería ir a su casa a comer, y de repente sentí lo que se llama enamorarse, cuando me monté en su auto no podía dejar de mirarla, quería romper el hielo con ella, ya saben hablar, pero no dije ninguna palabra hasta que ella me preguntó mi nombre, le dije me llamo Jonathan, mi nombre es marta, contestó.

Llegamos a su casa, me dio un plato de sopa, pero parecía que nada en este mundo me quería dejar comer ya que se apagaron la luces, Marta fue a abrir las ventanas y vio a un señor saliendo de su casa, ella bajo rápido las escaleras y apuntó al tipo con un arma.

-¿Quién eres y qué haces aquí?- gritó marta.

-No me hagas nada solo quiero buscar comida- contestó el tipo.

Entonces marta le dijo al chico que entrara a su casa, cuando el chico entró y se sentó yo le pregunté que como se llamaba, Kevin, me respondió con una voz tímida. Yo le metí conversación ya que soy muy parlanchín. Le pregunté a que se dedicaba.

-Soy doctor, o lo era- me respondió Kevin.

También me dijo que tenía una esposa que actuaba raro, pero la tuvo que dejar ir. Después me lo que me había dicho yo quería investigar porque todos actuaban de forma extraña, le comenté mi idea a Marta y a Kevin y aceptaron, nos fuimos en el carro de Marta a buscar un porque todo estaba pasando, y en el camino casi atropellamos a un chico que le cortó la cabeza a un señor que también actuaba raro

-¿Cómo te llamas?- preguntó Kevin.

-Scott- respondió el sujeto.

Scott nos dijo que iba a un supermercado ya que podía haber mucha comida, pensamos que con el espacio del súper mercado podíamos investigar. Scott se embarcó con nosotros e íbamos en camino al supermercado. Éramos como cualquier familia en cualquier paseo, pero en realidad éramos una familia armada en un paseo para sobrevivir, cuando llegamos vimos que la puerta estaba cerrada, pero vi que la puerta trasera estaba abierta y entramos por ahí. Lo que decía Scott era cierto había una cantidad de comida, todos nos sentamos a comer y ya les dije que nada me deja comer en esta vida, escuchamos unos fuertes golpes y vimos que una gran cantidad de gente enferma rompieron las ventanas y entraron.

Scott, sacó la misma hacha con la que le cortó la cabeza el señor de hace rato, Marta se puso en una estantería a disparar, Kevin estaba desarmado hasta que encontró un machete en la zona de carne, pero un enfermo lo apuñaló con 2 navajas, y Scott también murió lo ahorcaron 2 enfermos, solo quedábamos Marta y yo hasta que un enfermo me mordió el brazo. En un abrir y cerrar de ojos me sentí mal y me di cuenta que me habían contagiado, ya era uno de ellos. Salí corriendo a matar a Marta, pero ella me disparó.

Estaba asustado, pero me di cuenta que todo era un tonto sueño, pero cuando iba a llamar a maximus me dolía el brazo me di cuenta que tenía una venda que decía “perdón por dispararte, con amor Marta”, después de leerlo me quite la venda y tenía una marca de mordisco. ¿Será que todo fue real?

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Sebastían Vergara Sanchez 

 

RECONSTRUCCIÓN MENTAL

 

Me desperté, me levanté del suelo, analicé mi entorno, y me pregunté: “¿Qué diablos hice ayer?”. Me encontraba en mi habitación, pero en el suelo, me encontraba en mi casa, pero una pared tenía diferente pintura a la de las demás.

Caminé alrededor de este lugar al que no llegaba a comprender del todo, aquel sitio que me produjo tanta confusión, y me dejo tal inconmensurable intriga. Noté que la nevera de mi cocina era de otra marca. Mi sofá estaba en otra posición, mi televisor estaba en el suelo, mi alfombra fuera de lugar, mis discos de música en desorden, y mi mesa estaba intacta.

Me dirigí a mi baño, y vi que la tapa del retrete estaba rota, mi cepillo dental se encontraba en el piso, y mi espejo tenía una esquina rota. Al analizar con más detenimiento mi espejo de pared, me di cuenta que mi cabello estaba extremadamente despeinado. Aquel cristal reflejaba unos cabellos de punta, como si me hubiese explotado una bomba en la cara. Mi barba estaba afeitada, cosa que sí recuerdo haber hecho, mis ojos tenían unas bolsas horribles, tenían unas ojeras espantosas, pero el color café de mis pupilas estaba igual.

Paré de contemplar mi rostro para pasar a mi ducha. Descubrí que la cortina que creía haber perdido hace dos meses se encontraba allí, junto un par de bellos de dudosa procedencia en el suelo.

Mi lavadora estaba vacía, mis máquinas de afeitar, mi jabón de manos, mi jabón para bañarme y otros elementos del baño estaban por el suelo, pero eso era algo común.

Luego de un par de momentos analizando mi casa, me comencé a preocupar por algo que hacía unos minutos no había caído en cuenta: Mi estudio.

Corrí a toda velocidad hacia el mismo, rezando todo lo que sabía al dios que nunca creí que existiese para que mis objetos más preciados estuviesen en su lugar. Atravesé como una bala el marco de la puerta, solo para descubrir que mi estudio estaba patas arriba.

Mis guitarras Fender Stratocaster estaban tiradas por todos lados, mi batería tenía dos platillos desaparecidos, mi portafolios estaba abierto por completo, lo cual me asustó un poco, puesto que allí guardaba una cantidad de dinero considerable. De igual manera, no le di tanta importancia, ese dinero no me hacía tanta falta. También noté como mi computadora estaba encendida, con la pantalla de bloqueo aun requiriendo una contraseña, pero no me pareció tan relevante como el resto de la situación. Había papeles importantes fuera de su lugar, un contrato firmado con una disquera para un álbum, y demás cosas importantes que no estaban donde deberían. También encontré la máquina de escribir de mi abuelo con una hoja puesta, cosa que me extraño mucho, puesto que no la había tocado desde hace unos dos años.

Me senté en la silla que estaba enfrente del escritorio en el que había colocado la máquina de escribir, saqué la hoja y leí:

“Ocho de la noche, viernes, calle séptima con carrera ochenta y cuatro, a la derecha de la calle. En el congelador.”

Desconocía completamente el significado de esas palabras, puesto que en mi ciudad no había ninguna calle séptima que conectase con la con la carrera ochenta y cuatro. Traté de recordar todos los viernes a las ocho de la noche que tuve en mi vida, preguntándome que significado tenían para mí esos días a esa hora. Lo único que me hizo sentido fue que ayer fue viernes, pero de allí en fuera todo parecía muy confuso.

A todo esto, mi perro no había dado señales de vida, cosa que me puso el corazón a mil por hora.

- ¡Jerónimo! - Llamé a mi perro. - ¡Jerónimo! ¡Ven, Jerónimo!

Salí al patio trasero de mi casa, pero al pasar por la puerta de cristal corrediza que daba al patio, sentí mi teléfono vibrar. Antes de sacarlo de mi bolsillo derecho, me di cuenta que mi pantalón tenía un polvo blanco raro en ambas de mis piernas. Para todo esto, solo llevaba un pantalón que uso para dormir, y no llevaba ninguna prenda superior, o algún calzado. Supuse que mi ropa estaría por allí, pero no recordaba haberla visto en la lavadora de mi baño.

“Será algo de cocaína.” Pensé. Soy un habitual consumidor de sustancias psicoactivas en polvo, así que no era descabellado pensar que inhalé un poco de ella sin recordarlo, y que algo se me haya caído al pantalón, era bastante común.

Al atender la llamada de mi teléfono, me senté en el suelo, con la espalda dando a mi patio trasero. Ignoré completamente quién me estaba llamando, y simplemente contesté:

- ¿Diga? - Atendí con mi voz de zombi recién despertado.

- Hola, Sr. Thompson. ¿Qué tal se encuentra hoy? - Saludó mi vecina.

Barajé durante un par de momentos la opción de contarle a mi vecina por lo que estaba pasando al despertarme, pero esa señora era muy entrometida, y sabía de primera mano que ella llamaría a la policía, les contaría mil mentiras y difamaciones de mi persona, y les exigiría que revisaran mi casa.

Yo no soy precisamente un santo, estoy metido en temas de drogadicción, apuestas ilegales, alcoholismo, y mil problemas que me han acarreado diversos inconvenientes, como la distanciación con mi familia, por ejemplo. Yo soy consciente de mis problemas, y llegué a pensar que una de mis fiestas salvajes, exceso de alcohol, o consumo de drogas, podrían haber provocado este destrozo en mi casa, pero era imposible. Llevaba tres años en este agujero negro del consumo, y más de una vez había dejado mi lugar patas arriba, pero la última vez de ello fue hace un año.

Tomé las riendas de mi adicción, me puse normas y límites antes de tomar la decisión de dejar este submundo de los excesos, y me puse estas reglas, que eran como mis mandamientos:

1. Nunca beberás alcohol en tu propia casa.

2. Nunca consumirás drogas sin el acompañamiento de un buen amigo.

3. Nunca darás la dirección de tu hogar a nadie.

4. Nunca te meterás en líos con otro hombre, y si pasa, solvéntalos antes de volver a casa.

5. Nunca te propasarás con una mujer.

6. Nunca manejarás ebrio.

7. Nunca involucrarás a Jerónimo en tus problemas.

Estos sencillos siete mandamientos fueron suficientes para mantenerme a raya durante un año completo, evitando así destruir mi casa, maltratar a Jerónimo, violar a alguien, y mil problemas más. Me impuse estos mandamientos a fuego en mi vida, y me castigaba cada vez que estuve cerca de romperlos, o cuando lo hacía. Esto me funcionó mucho.

- Bien, señora Rebecca. Gracias por preguntar. - Respondí.

- Disculpe molestarlo tan temprano, pero estaba algo preocupada por su Chihuahua. Ayer salió en medio de la noche chillando de su casa. Afortunadamente, yo había sacado la basura para cuando su perro se escapó. Me lo llevé a mi casa, y lo tengo aquí, perfectamente seguro. No le había llamado antes porque pensaba que estaba dormido, pero ahora que vi que encendió un bombillo, pensé en llamarlo. ¿Podría venir a mi casa a recoger a su perro?

- Muchas gracias, señora Rebecca. - Repliqué aliviado. - Voy enseguida a su casa a buscar a Jerónimo. Solo deme un segundo.

- ¿Sabe qué? Mejor voy yo a su casa, y se lo entrego. Para que no camine tanto.

En ese momento, mi corazón comenzó a latir con mucha velocidad. El sudor corrió por mi frente, y la preocupación invadió mi cuerpo. Miré alrededor de mi casa, me pregunté si había algún solo espacio que luciera decente, y me encontré con un rotundo no.

- No se moleste, señora. Yo iré a casa a buscar a Jerónimo. Después de todo, es mi responsabilidad cuidar de él.

- …Está bien. Lo esperaré aquí. Hasta ahora.

- Gracias otra vez.

“¡Maldita sea, maldita sea, maldita sea, maldita sea!”

Lo único que pasó por mi mente fue culpa. Sabía que Jerónimo se había salido de la casa por mi culpa, y quizás lo puse en peligro. Jerónimo estaba muy bien entrenado. Nunca le levanté la mano para hacer que me obedeciera, y él sabe perfectamente que no puede salir de casa. Sin embargo, Jerónimo se había escapado alrededor de dos veces de la casa, pero eso fue cuando solo era un cachorro.

Corrí hasta mi habitación, observé mi suelo, busqué mis zapatos, pero no los encontré. Miré hacia mi armario, el cual no había notado estaba bastante roto. Tiene dos partes, una de ellas es para mi ropa y zapatos, la otra para alguna visita o persona que pudiese necesitar ese espacio. Abrí rápidamente una de las puertas del clóset, solo para darme cuenta que la bisagra de la parte baja estaba rota. La puerta izquierda es del tamaño de una persona regular, mientras que la puerta derecha llegaba del pecho hasta casi el techo, en la parte izquierda del armario. En la parte derecha, la puerta de la izquierda no era de cuerpo completo, para dar espacio a tres cajones en los que suelo colocar mi ropa casual para estar en mi casa, mis calcetines, algo de ropa rota que tengo pendiente botar, arreglar, o regalar para que alguien las use después de cocerlas.

Otro detalle acerca de mi armario, es que este tiene un tubo por el cual cuelgo mis camisas, suéteres, sacos, chaquetas, pantalones y demás mudas de ropa, teniendo este una base firme que llegaba desde el sitio donde empezaba la puerta corta, hasta el techo. Dejando así un espacio restante del comienzo de la puerta más grande hasta el comienzo de la otra, el cual mide exactamente los mismos centímetros de alto que los tres cajones del centro del armario. En este espacio coloco todos mis calzados, mis chancletas, mis botas, mis tenis, y demás calzado casual o formal.

La puerta que me llega hasta el pecho se zafó de su bisagra baja, casi me da en la nariz, y quedó colgando de manera que parecía una línea diagonal con la parte alta en la izquierda, y la baja en la derecha. Traté de ignorar ese hecho, tomé una camisa negra y roja a cuadros, un suéter negro, unos jeans azules, mis zapatos que estaban escondidos entre varios calzados, un par de calcetines azules, me vestí lo más rápido posible, me acomodé el alborotado cabello, y salí a toda velocidad de mi casa.

Al cruzar un par de calles para llegar hasta la casa de mi vecina, recibí un mensaje de texto, el cual decidí ignorar por querer recuperar a Jerónimo.

Toqué el timbre del anaranjado hogar de la señora Rebecca, cuyo apellido desconozco, y fui recibido un par de segundos después por la desagradable cara de mi vecina.

- Buen día, joven Joseph. Aquí le entrego a su perro.

- Muchas gracias, de verdad.

- ¿Se encuentra usted bien? Parece que no durmió mucho ayer.

- Estuve trabajando hasta tarde.

- ¿Y qué estuvo haciendo que lo ocupó tanto como para no dormir?

- Es que me centré mucho en un nuevo proyecto que tengo.

- ¿Se puede saber que es ese nuevo proyecto?

- Es una especie de trabajo secreto en el que me he estado enfocando.

- Está bien. - Respondió a regañadientes.

- Hasta luego, señora Rebecca, gracias por cuidar de Jerónimo.

Con mi chihuahua al hombro, lamiendo mi rosto, feliz de verme, regresé a mi hogar, aliviado por saber que mi hijo no biológico estaba a salvo.

Busqué el plato de Jerónimo, le serví comida, agua, y me centré en este enigma que me llevaba persiguiendo desde hace unas horas.

Recibí otro mensaje de texto, el cual me recordó que tenía otro pendiente por leer. Saqué mi teléfono, lo desbloqueé usando mi demacrado rostro, y revisé mis mensajes.

Algo de spam por correo, un mensaje de buenos días de una amiga, el evangelio proporcionado por un conocido, y unos cuantos mensajes que no recordaba haber enviado.

Tú: ¿Tons’ khé?’

Tú: ¿Voy o no?

Rachel: Siii. La fiesta esta genial.

Tú: ¿Debo llevar algo?

Rachel: Solo ganas de pasarla bien.

Tú: Estaré allí en menos de diez minutos.

“Parece que ayer estuve en una fiesta.” Pensé. “Siempre que me paso de tragos, me toman fotos y vídeos. Seguro que hay alguno en mi galería.”

Dos vídeos, seis fotos.

En la primera foto estoy yo, junto a Rachel, mi mejor amigo Mike, y su hermano. Estábamos en la barra, nos tomaron la foto al empezar la fiesta, parece ser, y no había nada fuera de lo normal.

En la segunda foto yo estaba encima de la barra, con dos botellas de Old Parr en cada mano, y aparentemente gritando, con el cuerpo humedecido de lo que sospecho era más alcohol.

La tercera y cuarta foto eran de una sola secuencia, en la cual se ve como estamos el hermano de Mike y yo en la parte de atrás del bar, cada uno con una botella de Old Parr vacía y rota por la mitad, fingiendo que son cuchillos.

En el vídeo se puede ver como apuñalo, pateo, y me río del hermano de mi mejor amigo en el suelo. Era un vídeo corto de solo cinco segundos.

En la quinta foto, solo se ve la mano del hermano de Mike, sobre la pared de mi casa, la cual ya no posee ese color blanquecino.

En el otro vídeo estamos Mike y yo peleando por toda mi casa, mientras que quién espero sea Rachel nos grababa y se reía. Rompí la tapa de mi retrete, tiramos mis instrumentos de mi estudio, y desordenamos todo, a excepción de mi mesa del comedor.

En la última foto solo se ve al hermano de Mike, quién había golpeado su cabeza con mi espejo de pared del baño, dejándose caer sobre mi ducha, llevándose consigo mi cortina.

Comencé a atar cabos, uní las piezas del rompecabezas, y armé la siguiente teoría:

“Yo llegué a una fiesta a la que me había invitado Rachel. Pasamos un rato tomando el hermano de Mike (Mike es mi mejor amigo desde la preparatoria), mi amiga Rachel y él propio Mike. Durante un rato estuvimos festejando como su no hubiese un mañana bebiendo botellas de Old Parr, hasta el punto en que nos acabamos dos de ellas, las rompimos, y nos apuñalamos con ellas el hermano de Mike y yo.

Yo logré apuñalar al tipo antes de que el me diera a mí, y en lugar de llevarlo a un hospital, lo llevamos a mi casa. Mike y yo peleamos en mi hogar, destrozamos horriblemente mi lugar de descanso, y el hermano de Mike manchó con sangre una de mis paredes, la cual fue pintada. Seguramente, durante la pelea entre Mike y yo, Jerónimo se asustó, y escapó de casa. Después, o antes de luchar con Mike, dejamos a su hermano en mi ducha, el cual rompió parte de mi espejo, y seguro lanzó mi cepillo de dientes.”

Esta teoría suena muy factible, pero no explica el por qué mi estudio tiene una hoja con las palabras: “Ocho de la noche, viernes, calle séptima con ochenta y cuatro.”, por qué mi nevera no está, por qué mi portafolios, en el que guardaba mucho dinero, estaba abierto por la mitad, o qué había pasado con el hermano de Mike.

Entonces decidí revisar otra vez mi teléfono, y me di cuenta que tenía cuatro mensajes de Mike.

Mike: Tú, ¿Estás seguro que nunca encontrarán a mi hermano?

Mike: Sé que está muy lejos de nuestra ciudad, pero tengo mis dudas.

Mike: Esa nevera comenzará a apestar eventualmente

Mike: Estoy considerando seriamente pedir más por mi silencio.

En ese momento supe por qué mi nevera había cambiado, por qué tenía esa hora y esa dirección, por qué mi portafolios estaba vacío, qué pasó con el hermano de Mike, el misterio de la pared de mi casa, mi nevera, mi cortina, mi clóset, mi ropa, y todas las dudas que tenía.

En ese momento, mi sangre se heló, mis pelos se pusieron de punta, y quedé en un shock total. Dijimos que el hermano Mike desapareció solo después de la fiesta, eliminamos todo rastro de nuestra implicación en su muerte, y juramos como pacto de caballeros llevarnos el secreto a la tumba.

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Kiara Sofía Guerrero Baldovino

LA TORTUGA Y SUS AMIGOS

La tortuga camina siempre lento y sonríe feliz; decidió ir a la granja a visitar a sus amigos los cerdos y jugar con ellos a las carreras, pero era la última en llegar a la meta en todas las carreras y se puso muy triste y volvió a su casa y no volvieron a saber de ella.

Un día salió a caminar por el bosque y se encontró con una ardilla que le preguntó -por qué estaba triste, ella respondió, es que yo siempre iba a la granja a visitar a mis amigos los cerdos para jugar a las carreras y siempre era la última en llegar a la meta, eso me entristece.

La ardilla le dijo que ella era una buena amiga, y que todos son diferentes; cada quién desarrolla sus propias habilidades que no se preocupara por eso y que volviera con sus amigos.

La tortuga volvió a la granja con sus amigos cerdos que estaban preocupados por ella, se sintieron muy felices al verla llegar, se reunieron y hablaron de sus diferencias y acordaron organizarse en equipos de acuerdo a sus capacidades para realizar sus juegos. La tortuga nunca más se sintió triste y siguió compartiendo con sus amigos. 
 

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Xiomara Daza Sternberg - 10 años

LA SUPERHEROÍNA CIENTIFICA 

Erase una vez en China, un mago malvado que quería apoderarse del mundo llamado “El hombre del Sombreo Negro”. Durante años. Buscó un hechizo perfecto para que el mundo lo alabara.

Un día, mientras buscaba el hechizo, y lo encontró, se fue hasta la torre mas alta de China, y comenzó con el hechizo. Hizo, que todos los obedecieran infectándolos con un virus contagioso que mató a mucha gente.

Muchos de ellos no lo obedecieron, y tuvieron el virus, algunos murieron, y otros viajaron a otros países, y todos se comenzaron a contagiar.

En Colombia, vivía una científica llamada Xiomara Daza. Ella, comenzó a investigar, pero no encontró la cura, pasaron 3 semanas, y ella no la había encontrado, era muy confusa la cura para salvar el mundo.

Un día, después de tanto investigar, encontró la cura, y comenzó a ponerles las vacunas a quienes vivían cerca, y la compartió con los demás en el mundo. Después de eliminar al virus, ella se enfrentó al mago malvado y se convirtió en la superheroína científica. Fin.

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Elena Ríos Franco - 9 años

EL PEZ Y SU TESORO

Había una vez un pez llamado Coral. Un día Coral fue a donde su abuela y su abuela le dijo que existía un tesoro en el fondo del mar. Coral fue en busca del tesoro paso por tortugas, estrellas de mar y hasta por tiburones, después Coral encontró el tesoro y lo abrió, Coral encontró oro y joyas después fue a donde su abuela y su abuela le dijo “eres muy VALIENTE. Coral muy feliz se fue a dormir.

A la mañana siguiente Coral fue a donde su tesoro, pero NO ESTABA Coral se puso a llorar y entonces la abuela le dijo que sabía quién se robó el tesoro, Coral pregunto ¿quién? La abuela respondió es el ladrón de tesoros. Coral nuevamente fue en busca del tesoro después se encontró a el pulpo mago. Ese pulpo no dejaba pasar a nadie si no resolvían 3 acertijos. Coral le dijo al pulpo déjame pasar, pero el pulpo dijo no puedo tienes que resolver 3 acertijos Coral dijo bueno. 1 acertijo: cual es el animal que es terrestre y acuático. Coral dijo es la tortuga el pulpo dijo muy bien. 2 acertijo: cual es el animal que para defenderse tira tinta; Coral dijo es el pulpo el pulpo dijo muy bien. 3 acertijo: cual es el animal que para respirar salta en el agua. Coral dijo es el delfín. El pulpo dijo muy bien puedes pasar.

Después Coral se encontró con un delfín y el delfín dijo ¿Qué buscas? Coral dijo yo busco a el ladrón de tesoros el delfín dijo yo lo conozco Coral dijo ven conmigo, el delfín dijo no puedo, pero tengo un mapa para que lo encuentres Coral dijo bueno, después a coral se le cayó el mapa pero no lo encontró Coral se puso a llorar después. Coral encontró a el ladrón de tesoros y lo desafió a una batalla de canto el que ganara se quedaba con el tesoro después Coral gano el tesoro Coral fue a donde su abuela y fueron felices por siempre. FIN.

El pez

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Martina Ibañez - 12 Años.

MI EXPERIENCIA EN EL BUCEO

Yo se que todos estamos preocupados por el coronavirus, pero yo les quiero contar de mi experiencia sobre un sitio a donde no puede llegar ese virus: debajo del mar!

      Lo más interesante de bucear es cuando te sumerges y ves todo un paraíso 

que ni siquiera sabías que existía. Al principio puede que de un poco de miedo pero eso es normal. Lo único que tienes que hacer es seguir las instrucciones y nada malo te pasara. 

 La primera vez que me sumergí en el agua sentí una sensación extraña, y me asuste, pero despues recorde que si me controlaba respirando profundo todo iba a estar bien. La inmersión más chévere que tuve fue cuando fui al museo acuático, en frente de la isla de Barú, a unos 40 pies de profundidad. Había barcos hundidos a propósito para que  Cartagena también fuera un lugar turístico ¡subacuático! Cuando yo vi los 3 barcos me quedé impresionada porque todos tenían mucha vida alrededor incluyendo corales y muchos peces. 

También había como un barquito de papel, pero hecho de metal! Me tome varias fotos con mi papá y mi hermano, pero lo que mas me impresionó, fue cuando entramos a uno de esos barco y había una burbuja de aire allí atrapada. Pero yo solo saqueé la cabeza e intente respirar. También me encontré a un mero gigante y pensé que me iba a atacar, porque tenía una boca gigante. No pasó nada porque los meros no atacan a las personas si no los molestamos. Nadé hasta donde estaba mi hermano, mi papá y el instructor y les señalé el mero, que hasta posó para que le tomáramos fotos.

Además vimos un caballito de mar bebé color naranja, y unos peces azules divinos que nadaban por arriba de nosotros.

Al final la pase muy chévere y no veo la hora que se termine esta pandemia para poder volver a bucear.

Martina

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Leticia Céspedes Espinosa 

LA FANTASÍA EN SUEÑO 

Ilustraciones: Leticia Céspedes Espinosa

Había una vez una niña llamada Ondina que tenía una hermanita menor llamada Mimmi.

Era la hora de dormir para Ondina y Mimmi y las niñas se fueron a acostar. Tiempo después, ya profunda en el sueño, Ondina empezó a soñar.

En su sueño estaba en un bosque encantado con unicornios, sirenas, elfos, hadas, animales exóticos y árboles coloridos que parecían una fantasía.

Cuando Ondina despertó estaba en el bosque encantado. 

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De repente se encontró en medio de delfines y sirenas que nadaban, de animales juguetones y de elfos  danzando con las hadas.

Ondina preguntó - ¿Qué hago aquí?, bueno además de un millón de otras preguntas. Una vez terminaron sus preguntas un unicornio respondió:

  • Estás aquí porque caíste en un sueño, pero tranquila, con ayuda de unas pistas volverás a casa si así lo deseas. Para eso deberás recorrer las hermosas islas de nuestro reino y conocer todo el bosque encantado.

¿Y hacia dónde debo ir? – preguntó Ondina.

El unicornio le respondió: - Camina cien pasos a la derecha y vas a encontrar al Protector de la isla.

Ondina siguió las indicaciones del unicornio y llegó hasta el final de la primera isla. Ahí estaba el Protector de la Isla del Encanto. Al verla el Protector exclamó:

  • Si mi indicación quieres escuchar, la respuesta tienes que dar.

Ondina replicó: ¡Lanza la pregunta!

¿Quién anda en la mañana en cuatro patas, al mediodía en dos y por la noche en tres?

Sin pensarlo mucho Ondina dijo: ¡el hombre!

El protector la miró con curiosidad, estaba sorprendido de su agilidad mental y luego agregó: 

Sigue unos cuantos pasos, gira a la derecha y al final del sendero verás el puente que te llevará a la Isla del Amor. Allí encontrarás una princesa, sé amable con ella y salúdala con mucha reverencia.

Mientras Ondina caminaba en la Isla del Encanto vio a su alrededor sirenas, delfines y mucho más. Finalmente, como dijo el Protector, cruzó el puente y encontró la Isla del Amor. De inmediato se fijó que los delfines tenían marcas en su cola y también corazones. Todos tenían marcas y corazones.

La niña vio a la princesa y le dijo: Su Majestad Princesa, me honra saludarte. Soy Ondina y busco el camino para volver a la tierra de los humanos. El Protector de la Isla del Encanto me guió hasta aquí.

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La Princesa la miró con detenimiento y con cierta frialdad le dijo: - Debes descifrar el acertijo para pasar.

 

¿Qué palabra puedes formar con estas letras: albapar?

 

Ondina lo pensó un momento y gritó ¡Palabra!

 

 

 

               

La princesa le dio una chupeta en forma de corazón y le dijo:

  • Vas por la ruta más rápida. Toma hacia la derecha y camina unos cuantos pasos, luego gira a la izquierda y verás a lo lejos un hipopótamo que custodia la Isla de la Amabilidad.

Ondina siguió las instrucciones de la princesa, no sin antes hacerle una profunda reverencia y se fue con su chupeta en búsqueda de una nueva aventura.

Cuando encontró al hipopótamo la niña le preguntó si la dejaría pasar. El gran hipopótamo le dijo con mucha lentitud: - Nombre algo lo que veas alrededor que tenga cinco vocales. Ondina miró detenidamente, pensó, pensó y respondió: ¡Orquídea!

¡Excelente!, eres una niña muy inteligente – comentó el hipopótamo.

  • Ve por ese camino, luego cruza el río Tajo y entra a la Isla de las Nieves.

Ondina hizo lo que le indicó el hipopótamo y pronto se encontró en la Isla de las Nieves, pero ya era de noche y se hacía oscuro. Temblando de miedo continuó su camino y pronto encontró a una mujer y pensó: Debe ser el Hada de las nieves. La mujer le indicó que la siguiera y juntas llegaron a un castillo.

-Siéntete como en casa, haz lo que te plazca, pero no dejes de contarme luego. ¿De acuerdo?

- Si, Hada, te lo prometo.

Llegó la hora de dormir y Ondina se recostó en un sofá. El hada salió del castillo y se topó con Breiz, la Reina del mal que merodeaba por ahí intrigada por el rumor de que una forastera estaba recorriendo el bosque.  

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  •  
  • Dame a la niña y a cambio te dará la Piedra Meia.

La piedra Meia era el objeto más valioso de las 5 islas del Bosque encantado.

El hada hizo un guiño y dijo – lo siento, pero no puedo.  Breix se enojó mucho. Cuando amaneció Mimmi despertó y Ondina estaba a su lado.

La hermanita menor preguntó: -¿Qué hacemos aquí?

No sé, en realidad no sé ni dónde estamos.

  • Yo si, dijo Ondina, este es un castillo, estamos en un bosque con cinco islas y ahora mismo estamos en la Isla de las Nieves.

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Buenos días, pónganse esto niñas, dijo el hada.

¡Claro, hada! – respondieron en coro las dos hermanas.

  • Me gusta mucho tu capa, dijo Mimmi.
  • Cierto, es muy hermosa, agregó Ondina.
  • Vengan a desayunar, fueron las palabras del hada.
  • Es hora de que emprendan el camino de vuelta, estar aquí no es seguro. Me agradó mucho conocerlas, dijo el hada.

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Un poco asombradas por las misteriosas palabras del hada las niñas asintieron con la cabeza. Enseguida salieron del castillo y agarradas de las manos fueron tele-transportadas por el hada hacia la Isla de las Flores, donde las recibió el Protector.

Las niñas se miraron entre sí y al unísono gritaron. ¡Wow!, ¿cómo pudimos viajar así?

Mimmi incrédula pensó: Qué raro, quizás fue solamente nuestra imaginación.

En ese momento una voz dulce les dijo:

  • Hola! Soy Rose, la protectora del Mundo de las Flores. Podrían responder esta pregunta?
  • ¿Cuál es el animal que tiene en su nombre las cinco vocales?
  • El murciélago, exclamó Mimmi

No acababan de hablar cuando apareció Breix y dijo mirándolas a los ojos: ¡Holi!

¡Niñas, corran, pronto! – gritó la protectora.

  • ¡Aguarden, no se vayan! – dijo Breix.
  • ¿Qué quieres? Preguntó con tono desafiante la protectora.
  • Quiero que me entregues a las niñas, replicó Breix.
  • Ni se te ocurra tocarles un pelo, dijo Rose y sin mediar palabra Rose se teletransportó dentro del cuerpo de Ondina.

Sin verla, solamente sintiéndola en su pensamiento Ondina le pregunto: ¿Qué haces?

  • Tengo poderes fantásticos y viajé dentro de tu cuerpo porque las tengo que salvar, debemos irnos de aquí ahora mismo.

Entonces levantando en sus manos y bastón las tele-transportó de regreso a casa.

  • Me gustaría quedarme, masculló Mimmi
  • Imposible, debemos irnos hermanita – dijo Ondina.
  • Adiós Rose, eres muy buena.
  • ¡Vaya aventura, vaya sueño! Dijo Mimmi

Cuando despertaron estaban en su cama abrazadas.

¿Por qué no hago un cuento sobre lo que me pasó?

¿Les pasó algo especial? Preguntó intrigada la mamá. A ver, escríbelo entonces, Ondina.

Y Ondina hizo el cuento y lo llamó “La fantasía en sueño” y se hizo famosa con él.

Fin

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Luciana Baracchi Mamby - 8 años

LA PRINCESA QUE SUPERÓ EL ESTRÉS. 

Había una vez una princesa llamada Emily que vivía con su padre el rey Roland.

El rey pasaba muy ocupado, y no tenia tiempo para compartir con su hija Emily. Eso a la princesa poco a poco le fue causando un estrés muy intenso, que le acortaba sus momentos de felicidad, la hacían sentirse realmente muy triste.

Un mago llamado Lewis pasó un día cualquiera por frente del castillo donde vivía la princesa Emily, El mago de pura casualidad escuchó a la princesa llorar, y cada día que pasó por el castillo, siempre escuchaba llorar a la princesa, él presentía que la princesa estaba muy triste. Por lo que el mago Lewis decidió consultar su esfera mágica para ver qué le pasaba a la princesa, entonces la esfera le mostró al mago Lewis que la tristeza de la princesa era porque quería pasar tiempo con su padre. 

Entonces el mago decidió hacerle un regalo a la princesa, por lo que fue al castillo cuando el rey ofrecía una fiesta en honor a la princesa, dicho regalo fue un collar mágico, cuando la princesa se colocó en su cuello el collar, éste le reveló, que lo mejor que podía la princesa hacer, era decirle a su padre el rey Roland lo que ella estaba sintiendo. 

La princesa le pareció una muy buena idea, y corrió a la habitación del rey y le contó que ella se sentía triste porque el casi no tenia tiempo para jugar con ella. 

Entonces el rey le dijo que compendia lo que le pasaba, y le pidió perdón por no estar con ella siempre, y le prometió que de ahora en adelante iba a sacar mas tiempo para pasar momento geniales a su lado. Y le agradeció por romper el silencio.

A partir de ese momento, el mago Lewis cada vez que pasaba por frente del castillo, escuchaba las carcajadas de la princesa y el rey, se escuchaban muy pero muy felices. Colorin, colorado, este cuento se ha acabado. 

Moraleja: Nunca te quedes callado y expresa tus emociones, eso te hará sentir mejor.

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Sofía Isabel Bensdorp Hérnandez - 9 Años.

EMMA Y EL AMOR PROPIO.

Erase una vez, una niña llamada Emma que se mudo de su planeta llamado Arcoiris porque su padres consiguieron un nuevo empleo en el planeta Tierra. Por lo que Emma también tuvo que dejar su colegio, para iniciar en una escuela nueva, y en esa nueva escuela desafortunadamente, algunos niños no fueron muy amables con Emma, y por ser nueva, inteligente, y bonita, ellos se pusieron celosos y le hicieron Bullying: le decían cosas muy feas, que la hicieron sentir muy mal por un tiempo, ella estaba muy triste.

Pero Emma en una noche en que se recostó en su cama, y cayó en un profundo sueño, recordó las palabras de su madre que le decía: siempre sigue adelante y nunca dejes que lo que te digan los demás te afecte. Confía en ti y en tu valores, y recuerda que con tu amor propio pues hacer desaparece cualquier efecto negativo en ti, producto de las malas acciones de los demás.

Fue así como Emma, al día siguiente cuando escucho las palabras negativas que decían sus compañeritos de clase, decidió ignorarlos y empezar a cantar, su voz era angelical por lo que los niños dejaron de decirle cosas feas y asombrados decidieron escuchar cantar a Emma.

Emma pasado los años, se convirtió en una cantante muy famosa, la cual inspiraba con su voz a todo aquel que la escuchaba en sus conciertos. Emma se convirtió también en abanderada en la lucha contra el Bullying, inspirando a los niños y niñas del mundo a creer en si mismos, y trabajar en su amor propio. 

Moraleja: Siempre confía en ti y no dejes que lo que digan los demás te afecte, y lucha por tus sueños.

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Valentina Villegas Mamby - 7 Años.

VALENTINA Y EL MEDIO AMBIENTE

En un espacio lejano existía un lindo planeta al que sus habitantes lo maltrataban, tiraban papeles al piso, dejaban basura regada en el mar, y los animales comían el plástico y morían.

Una niña muy especial llamada Valentina, se dio cuenta de que esto que hacían los habitante del planeta Tierra no estaba bien, por lo que tomo un megáfono y pidió en voz muy fuerte, por favor no maltratar al planeta tierra. Los habitantes decidieron ayudar a Valentina, por eso recogieron todo la basura que habían tirado, y juntos limpiaron el planeta.

Moraleja: Cuidemos el Planeta, juntos podemos, así los animales pueden vivir felices y las personas también.

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Juan Felipe Carbonell Malabet - 10 años

LAS SUPER ESTRELLAS DE NUESTRA FAMILIA

Una vez había un hijo y su papá que eran los súper héroes de toda Cartagena.  Ayudaba una que ningún mal llegara a Cartagena y de pronto un día llegó un malo llamado Coronavirus, que no solo quería destruir Cartagena, sino todo el mundo.  Y como querían destruir todo el mundo, tuvieron que combatir todo el mundo.  Hasta que un día aparecieron muchos malos y no pudieron salvar el mundo y llegó la súper mamá y salvó el día con el amigo Max y con los súper héroes y vivieron felices para siempre. 

Fin

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Hitomi Isabella Torres Porto - 9 Años.

EL DIAMANTE DORADO

Esta es la historia de una niña muy linda, de cabellos castaños, y de ojos tan claros cómo el agua que cae de una cascada que se llamaba Emma, pero de cariño le decían Princesita. Un día, princesita se fue de campamento con Pedrito. Ese día, pusieron un mantel sobre la hierba, sirvieron jugo, emparedados, frutas y jugaron ajedrez. Luego caminaron por el bosque y navegaron en el río en un bote. Cuando estaban cerca de las montañas, recogiendo frutas y tomándole fotos a las mariposas, un fuerte terremoto los sacudió. La tierra comenzó a temblar. Princesita y Pedrito corrieron de un lado a otro buscando refugio, pero estaban en medio de un bosque así que no había muchos lugares para protegerse del temblor. De pronto, vieron como muy lejos de donde estaban, la tierra comenzó a abrirse y a salir de adentro de ella una enorme montaña.

Princesita, y Pedrito, no podían creer lo que veían sus ojos. Una montaña acababa de emerger de la tierra y se había alzado en frente de ellos. Entonces, Princesita, luego de limpiar la tierra de su vestido y de ayudar a Pedrito a sentarse en una piedra, decide ir a investigar a la montaña. Pedrito le dice que no vaya que no es seguro que mejor esperen allí sentados a que llegue Mon El Dragón en su auxilio pero Princesita, fiel a su espíritu valiente le contesta que no se preocupe y que ella va a buscar ayuda, pues la montaña obstaculizaba su camino de regreso a casa.

Llegando a la montaña, Princesita notó que no era una montaña cualquiera, en vez de estar formada por tierra, plantas y rocas, estaba recubierta de una placa de acero muy rígida y fría y que tenía un diamante dorado al pie de ella que le dijo que le iba a conceder un único deseo, el que ella quisiera, entonces Princesita lo pensó, era su oportunidad de tener fama, fortuna, riquezas, pero luego de pensarlo bien, llegó a la conclusión de que prefería ir a su casa y estar paz y salvo, pues ahí gozaba de la verdadera fortuna al lado de Pedrito y los demás amiguitos del bosque. Y así fue, Princesita pidió el deseo, y en un pestañeo ya estaba de nuevo en su casa, lejos de los terremotos, y feliz junto a Pedrito.

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