Cartagena


16 comparendos en Cartagena tras la prohibición de la dosis mínima

WILSON MORALES GUTIÉRREZ

05 de octubre de 2018 07:00 AM

Tras el anuncio del alcalde (e) Pedrito Pereira de apoyar el decreto firmado por el presidente Iván Duque, que prohibe el porte de la dosis mínima de droga, la medida empezó a cumplirse en Cartagena, dando paso a la aplicación de lo estipulado en el Código de Policía.

Así lo confirmó una fuente de la Policía Metropolitana, que indicó que, tras decretarse la medida, en la ciudad se han impuesto 16 comparendos a personas sorprendidas con dosis mínimas de alucinógenos.

Así mismo, señaló que tras imponerse estos comparendos, el proceso es que la persona sorprendida violando la medida es llevada ante un inspector de policía, quien decidirá si impone una multa (unos $208 mil), o si por el contrario la sanciona teniendo que cumplir con alguna labor social. 
Hay que recordar que el lunes, primer día desde que se empezó a aplicar el decreto, en el país se impusieron 652 comparendos. Donde más se hicieron fue en Bogotá, seguida de Medellín y Cali.

Pero el decreto ha generado gran polémica en el país y Cartagena no es ajena, pues hay posiciones encontradas respecto a la acogida de la medida. Mientras que algunos creen que el decreto ayudará a mejorar las condiciones de seguridad y la vida de muchos, otros piensan que la medida no ataca la raíz del problema y creen que la adicción a las drogas alucinógenas debe atenderse como un problema de salud pública.

El sociólogo y experto en seguridad ciudadana, Jorge Ávila Pareja, cree que la medida puede ser positiva, pero si se cumplen algunas condiciones. Este indica que la producción de droga por parte de redes criminales para sacarla hacia el exterior se ha desbordado y ello ha estimulado un mercado de consumo interno que se expande y combina con manifestaciones del crimen en el área urbana.

“Este, de lejos, es un asunto de política criminal y de salud pública, que no se ataca exclusivamente desde la facultad otorgada a la policía de vigilancia para la incautación de dosis mínima y aprovisionamiento de consumidores. Sin embargo, esta reglamentación que desarrolla el Código Nacional de Policía responde a un justo clamor de los mandatarios locales y seccionales del país, quienes ven la tragedia cotidiana de los jóvenes en sus ciudades, con entornos escolares contaminados por el expendio de drogas y familias destruidas por el cáncer del consumo.

“Sin duda esta medida no es suficiente, no resuelve el problema, pero bien administrada y ejecutada por la Policía, con un programa de ética que reduzca probabilidades de corrupción en los niveles operativos de la institución, puede en mi opinión ayudar a mitigar lo que ocurre en los barrios y entornos escolares de nuestras principales ciudades”, explica el sociólogo.

Y quien también habló con El Universal fue Manuel*, un joven de 17 años. Vive en un barrio popular de Cartagena y cuando tenía 11 años empezó a consumir marihuana. Dice que lo que empezó como una curiosidad de niño, terminó convirtiendo su vida en un infierno.
Dice que, por fortuna, tiempo después pudo ingresar a la fundación Niños de Papel y hoy lleva 4 años sin probar droga.

“Creo que desde que han intentado legalizar la droga lo que ha pasado es que más personas la consumen, sobre todo niños. Para mí sí está bien la medida de prohibir la dosis mínima. Estando prohibida sería más difícil el expendio de drogas. Sería más difícil que un jíbaro tuviera una dosis de droga bajo la fachada de que esa es su dosis personal”, indicó Manuel.

Sin embargo, con estas posturas difiere un líder estudiantil que también quiso opinar al respecto. Este consume drogas.

“En el país nunca se ha visto el consumo de sustancias psicoactivas o narcóticas como un problema de salud pública, sino como un delito. ¿Cómo es que vamos a tratar a un consumidor de droga como a un violador o a un asesino?, no se los puede juzgar de la misma manera. Debería verse como un problema de salud pública en vez de hostigar al consumidor. Lo que debería es brindársele ayuda a este como se hace en países de primer nivel, que han debatido el tema con altura. Hay que socializar la problemática y abrir espacios para los que la consumen recreativamente. Por ejemplo, en Holanda tienen espacios artísticos en donde a los consumidores les dan pinceles y temperas para que pinten mientras consumen, sin hacerle daño a nadie”, expresó el líder.

*Nombre cambiado por petición de la fuente.