Cartagena


Internas de la Cárcel Distrital transforman el amor en tapabocas

Desde hace un mes, las reclusas confeccionan tapabocas que son donados a quienes más los necesitan. Afirman que en esta labor han encontrado propósito.

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

02 de mayo de 2020 12:00 AM

“Quizá Dios me tiene este lugar, en este momento, porque yo tenía que venir a ayudar a tanta gente que afuera lo necesita”, bajo ese argumento Jeansetf*, una de las reclusas de la Cárcel Distrital de Mujeres de Cartagena, explica lo que la motiva a salir de su celda todos los días a las 9 de la mañana, para sentarse frente a una mesa y junto con otras cuatro compañeras, hacer tapabocas que luego son donados a familias y personas vulnerables.

La pandemia del coronavirus nos ha cambiado la vida a todos, y aunque no lo parezca, a quienes ya se encontraban en aislamiento antes de ser decretada la cuarentena, también. Es el caso de cinco internas de la Cárcel Distrital, que desde hace un mes, por iniciativa de la directora del penal, comenzaron a confeccionar tapabocas para contribuir a la prevención del COVID-19.

“Haciendo esto uno piensa que el tiempo que está aquí, no es tiempo perdido, y que por el contrario, le está aportando en algo muy valioso a la sociedad. La verdad es que todos tenemos miedo”, dice Jeanseft.

Y es que si bien, afortunadamente, en ninguno de los centros de reclusión de Cartagena se han presentado casos, quienes se encuentran en ellos viven con el miedo constante de que el virus está rondando por las calles de la ciudad, donde igualmente están quienes les esperan una vez logren salir de allí.

“Yo quisiera decirles a mis hijos que se cuiden mucho, que tomen las medidas preventivas, no hay nada más urgente y prioritario que nuestra salud. Los quiero mucho, pronto esto pasará así que tengamos calma y acatemos las medidas”, agrega.

Son precisamente ellos, los hijos, los padres, primos, hermanos y demás familiares de estas mujeres, los que se convierten en la principal motivación para sacar adelante los tapabocas, que a la larga no son más que la traducción de todo el amor que sienten por ellos.

El proceso

Luigui* es otra de las internas que participan en el proceso de la confección de los tapabocas, para el cual trabajan juiciosamente todos los días desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde.

“Primero iniciamos con 60 tapabocas, ahora hacemos 120 en un día. Trabajamos cuatro horas, así nos programaron, pero si pudiéramos trabajar todo el día igual lo haríamos, porque todas estamos comprometidas con esta labor”, dice Luigui.

Las internas se reparten las tareas: mientras unas van cortando, otras van cosiendo y así van manejando la producción.

“Yo particularmente cuando comencé apenas manipulaba la máquina de coser, pero te puedo decir que le puse todo el amor y todo el empeño. Estos tapabocas tienen la mejor calidad porque entre otras cosas los hacemos con mucho cariño”, apunta.

Y es que antes de ingresar al penal, Luigui pasó 27 años trabajando frente a un computador y apenas sabía manejar la máquina para ayudarle a sus hijos en el hogar con ciertas cosas. “Así es la vida, yo nunca pensé que estaría en una cárcel, y esto que aprendí como hobbie o como madre ahora me sirve para ayudar al mundo, a la comunidad, a todas las personas que lo están necesitando”, agrega la mujer.

Dadas las circunstancias de aislamiento por el COVID-19, hacer una entrevista presencial en estos tiempos es bastante difícil, sin embargo al escuchar la voz de Luigui es inevitable percibir la bondad que se esboza en medio de sus palabras, mientras al fondo se escucha imparable el estruendo de la máquina de coser que en sí mismo, da muestra del compromiso que las internas tienen con la labor.

“De la cárcel se tiene el peor concepto, yo tenía temor de la cárcel, pero cuando llego me doy cuenta de que aquí hay mujeres igual de buenas como allá afuera: emprendedoras, mujeres que tienen el deseo de cambiar. Esto transforma. Como dice el papa, ‘no todos los que están dentro de una cárcel son malos y no todos los que están fuera de ella son buenos’”, recalca.

En cuanto a cómo el coronavirus le ha cambiado la vida, señala que también tiene miedo, que la pandemia no mira rangos, ni clases sociales ni profesiones, pero que en cierta medida el hecho de confeccionar los tapabocas le ha dado paz espiritual, porque siente que está ayudando a la humanidad.

“Esto es algo que toca todos los sentimientos, algo que nunca esperamos vivirlo, y como mujeres, como madres, esto nos toca la parte humana. Yo lo hago con todo mi cariño porque siento que estoy colaborándole a quienes más lo necesitan, y quiero que mis hijos se sientan orgullosos de que su mamá está haciendo esta labor”, concluye.

Imagen tapabocas
Epílogo

A quienes ya se encontraban privadas de la libertad, el hecho de estar encerradas y no poder ayudar a los suyos, inevitablemente les llena de frustración.

“Es preocupante porque sabemos que hay muchas personas viven del diario y eso nos genera mucho miedo. A mí me preocupa porque mi familia trabaja de esa manera y uno quiere estar a su lado”, afirma Mía Sofía*, otra de las internas. Sin embargo, el estar contribuyendo en esta labor también es una forma de cuidarles.

“Yo a mis hijos les diría que se protejan, que usen los tapabocas, que se queden en casa. Así cuando Dios me dé la oportunidad salir de aquí, me podré reencontrar con ellos”, afirma Charol*, que también se encarga de supervisar la gestión en el taller.

Esta es su forma de cuidar a los suyos. De decirles que les quiere y que piensa en ellos desde la distancia, de encontrar un propósito en un sitio donde jamás pensó que podría estar, y de ser una pieza importante en la lucha global contra el coronavirus.

*Nombres cambiados por petición de las fuentes.

El protocolo

La labor de Charol* dentro del taller consiste en supervisar todo el proceso de fabricación y confección de los tapabocas, de tal forma que cumplan con los lineamientos de saneamiento básico determinados por el Ministerio de Salud.

De esta manera se vigila el lavado de manos, la desinfección de las máquinas y de todos los aparatos e instrumentos que se utilizan, como las mesas y las tijeras. Para esto, hacen uso de hipoclorito, gel antibacterial y alcohol, lo que garantiza las condiciones higiénicas de los tapabocas. Además, en días en recientes se llevó a cabo la entrega de dos máquinas más a las internas con el fin de incentivar la producción, que con estas pasará a 160 por día. A su vez, otras dos reclusas se sumarán al programa.