“A mayor desinformación, mayor riesgo de contagio”, afirma estudio

29 de junio de 2020 10:00 AM
“A mayor desinformación, mayor riesgo de contagio”, afirma estudio
La falsa creencia con el mayor riesgo de contagio para los cartageneros es que el coronavirus no se transmite en climas cálidos. //Aroldo Mestre - El Universal

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Desde que se supo de la existencia de un nuevo virus que surgió en China y que se estaba propagando por el mundo, amenazando con llegar a Colombia y más precisamente a Cartagena, se desató toda una serie de mitos y creencias alrededor de cómo se podía evitar su contagio y lo que ocasionaba a quien infortunadamente contraía el virus. (Le recomendamos: Resolviendo mitos sobre el COVID-19)

De ahí que una gran cantidad de información, en ocasiones errada, se masificara a través de las redes sociales y aplicaciones como WhatsApp, que alimentaban el pánico de los ciudadanos por la llegada del COVID-19 y en ocasiones los llevaba a cometer acciones que comprometían sus vidas, como obviar las recomendaciones de médicos y expertos en la materia, y seguirse por creencias sin sustento.

Pensar que el virus no se transmite en climas cálidos como Cartagena, por ejemplo, es una de ellas, algo que es totalmente falso y ha sido desmentido en varias ocasiones.

Por este motivo, atendiendo a los aspectos comunicacionales que pueden tener incidencia en las personas en medio de esta pandemia, desde la Universidad Tecnológica de Bolívar se realizó un estudio enfocado a determinar aquellos factores sociales y de comunicación que repercuten en el riesgo de contagio por COVID-19 en la ciudad.

La investigación fue desarrollada en el periodo del 25 de marzo al 5 de junio y fue liderada por el profesor Miguel Garcés Prettel y la psicóloga clínica Yanin Santoya.

En total, se recolectó información de 1.068 personas de 14 ciudades y 17 zonas rurales del país. De estas personas, 683 son de Cartagena.

“El propósito era ver el riesgo de contagio en Cartagena desde una perspectiva más social, y eso implica no solamente el comportamiento o la manera en cómo perciben el problema, sino el consumo de medios y las informaciones que inciden en las decisiones que la gente toma para el autocuidado”, indicó Garcés.

Cabe anotar que en el estudio también participaron personas de todos los estratos y sexos, con edades superiores a los 15 años.

Desinformación y contagio

De acuerdo con la encuesta realizada por el equipo, basada en algunas creencias falsas sobre el virus, se encontró que un 23,3% considera que aplicarse solución salina sirve para prevenir el COVID-19; el 20,6% cree que el COVID-19 solo afecta a las personas de la tercera edad; el 19,1% cree que los antibióticos combaten y previenen el coronavirus; el 18,8% que niveles altos de frío o calor pueden matar al COVID-19; el 15,8% que bañarse en agua caliente previene el contagio y el 15,4% que el virus no se transmite en climas cálidos como el de Cartagena.

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Lo anterior representa una alerta en la que porcentajes importantes de ciudadanos aún mantienen creencias erradas que los pueden llevar a ser menos cuidadosos y a poner en riesgo no solo a ellos mismos, sino a su entorno. Además, de forma global se constató que un 50,95% de la población posee creencias erradas que contribuyen a la difusión de desinformación sobre el coronavirus.

Garcés apunta que esta información errada generalmente se difunde a través de los medios digitales, más que por medios tradicionales como radio, prensa o televisión.

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Ahora bien, en cuanto al consumo de noticias se evidenció que la frecuencia disminuyó con la prolongación de la cuarentena. “Esto quizás se debe, entre muchas razones, a la saturación o fatiga informacional que sienten las personas, debido a la ‘infopandemia’, la desinformación, el aumento en los niveles de estrés en la cuarentena y a las incertidumbres propias de esta situación”, explica el estudio.

En total, un 45,5% de las personas encuestadas afirmó estar frecuentemente informada de los acontecimientos diarios.

Y dentro de estos las noticias más populares tienen que ver con las recomendaciones de autocuidado (56,3%); el incremento de casos de COVID-19 (45,4%); noticias desalentadoras sobre coronavirus (44,5%); noticias sobre los fallecidos (41,4%); noticias alentadoras sobre coronavirus (18,7%); noticias sobre personas no infectadas (18,7%); noticias de recuperados (18,1%); y, por último, noticias sobre vacunas o hazañas médicas (9,8%).

“Esta tendencia noticiosa hacia lo negativo explica en parte la disminución en el consumo frecuente de noticias a medida que transcurre la cuarentena, para evitar subir más el estrés que sienten las personas”, apunta la investigación.

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En este sentido, el estudio halló una relación importante entre el consumo frecuente de noticias y la disminución del riesgo de contagio, teniendo en cuenta que quien no se informa tendría mayor riesgo de contraer el virus.

En conclusión, la desinformación representa un factor potenciador del riesgo, mientras que el estar informado diariamente y consumir noticias positivas sobre personas no infectadas y recomendaciones de autocuidado, representa un factor protector.

“Estar bien informado permite tomar decisiones más responsables”, explica el estudio, advirtiendo que de todo lo analizado, lo más peligroso es la creencia de que el virus no se transmite a zonas cálidas como Cartagena.

“Todos los predictores evaluados explican entre un 29,1% y un 40,4% el riesgo alto de contagio en esta población cartagenera, y revelan que la disminución del riesgo no depende tanto de las condiciones estructurales o preexistentes, como el género, la edad y el estrato, sino de las prácticas y decisiones que tomemos para contrarrestar la desinformación o las creencias erradas sobre el COVID-19”, concluye el estudio.

Llamado a los medios

Dados los resultados del estudio, otras de las conclusiones tiene que ver con la gran responsabilidad que tienen los periodistas en la reducción de este problema.

“Para ello es necesario replantear la lógica tradicional de producción informativa que enfatiza con mayor fuerza en lo negativo (muertos y contagiados), y nutrir la agenda informativa con más noticias sobre los problemas estructurales y sobre la cotidianidad de las personas. Esto por supuesto incluye a los no contagiados, los recuperados y a la voluntad de proveer más información útil para el autocuidado”, dice la investigación.

Por esto se motiva a los medios a hacer seguimiento a otros temas, como inversión pública, la realidad de los hospitales, las condiciones en que operan los médicos, los actos solidarios de la gente y otros temas de igual relevancia.

“Aquellos periodistas que logran zafarse de esa tendencia de noticias negativas y que empiezan a mostrar una visión mucho más completa de cómo opera el COVID-19 en Cartagena, a todas las recomendaciones, que dan noticias positivas y alentadoras, generan una reducción en el riesgo de contagio. La información es un factor que protege, así que deben analizarse los contenidos”, puntualizó Garcés.

La comunicación familiar

El estudio también incluye una variable relacionada a la comunicación familiar, donde se evidenció que la demostración de afecto al interior de los hogares también es un factor clave para mitigar el riesgo de contagio de coronavirus, ya que en la medida que una persona se sienta conforme con su convivencia en casa, se sentirá menos tentada a salir y por ende a contagiarse.

Lo anterior, de acuerdo con el investigador, deja como apunte clave que la responsabilidad para mitigar el COVID-19, más allá de ser responsabilidad de las autoridades distritales o de los periodistas, tiene que ver con las decisiones que toman las personas. “Lo que nos dice esto es que todo lo que hay que hacer para reducir el riesgo de contagio en Cartagena está en la casa y frente a lo que consumimos”, concluyó el investigador.

Autores

La investigación fue desarrollada por Miguel Garcés Prettel y Yanin Santoya Montes.

Garcés Prettel es doctor en comunicación y profesor asociado de la UTB. Es además investigador senior reconocido por Colciencias y desde hace varios años trabaja con temas relacionados al periodismo y la comunicación para el desarrollo.

Santoya Montes, por su parte, es psicológica clínica y magíster en neuropsicología. Trabaja en temas relacionados con la neuropsicología y la salud, y es profesora universitaria y consultora en organizaciones que trabajan por la salud mental.

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