Aniversario Cartagena: ¡La ciudad reina en las películas!

01 de junio de 2019 08:44 PM

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En los albores del siglo XX, el empresario y artista Daniel Lemaitre, mecenas y filántropo, trajo a Cartagena al acuarelista Salvador Calpena, le pagó el viaje en barco desde el Mediterráneo hasta el puerto de Cartagena, y se lo llevó a su casa de la Calle del Bouquet, en Manga, y ese señor fue quien le enseñó las técnicas de la acuarela a Hernando Lemaitre, su hijo, y al mismo Lemaitre. Calpena al ver el paisaje cartagenero suspiró, embriagado de luz, como años después se embriagaría el francés Pierre Daguet, y dirían en tiempos distintos: Esta es una pintura encarnada. Esta es una acuarela viva.

Esta es una ciudad de película, dirían años después los italianos Gillo Pontecorvo, Francesco Rosi, y los ingleses Roland Joffe y Mike Newell. La fiebre del cine empezó mucho antes del festival con Pablo Nieto, el padre de Víctor Nieto, que trabajaba con los hermanos Acevedo, e iba de pueblo en pueblo, llevando las películas mudas de la naciente empresa nacional.

Y Víctor Nieto, desde niño, se crió a la sombra de los rollos de cine y las enormes cámaras que hipnotizaban a los niños de los pueblos donde el cine empezó como una fiesta, en un mantel templado al viento y en un patio sin techo donde se derramaban las estrellas.

Poco antes de morir, el fotógrafo Carlos Hoyos captó innumerables imágenes de Cartagena, pensando en cine, con su su cámara viajera dentro de un helicóptero de sesenta centímetros, a Cartagena como una enorme jaiba, solitaria, desamparada, con sus enormes patas en el océano, bajo el inmenso párpado azul de Dios, pensando en cine.

La primera tentativa fue en 1966 con “El secreto de las esmeraldas”, del español Sebastián Almeida.

El gran hito de esa aventura, ocurrió en 1968, con la filmación de “Quemada”, dirigida por el italiano Gillo Pontecorvo, quien trajo a Marlon Brando y descubrió la estrella de Evaristo Márquez, un humilde sembrador de maíz de Palenque, que no sabía leer, pero se aprendía el libreto que le leía cada noche un policía. Pero no solo se aprendía de memoria lo que te tocaba decir, sino que enriquecía el repertorio, para actuar en el filme Quemada, en la que aparecen escenas en la Plaza de los Coches, Plaza de la Aduana, la actual Plaza de la Paz y el cinturón de murallas frente a la Bahía de las Ánimas y el populoso barrio Chambacú. En “Quemada”, se revivieron las tormentosas noches de la esclavitud y el conflicto entre esclavizados y esclavistas. El artista Alejandro Obregón fue uno de los invitados a actuar en ese filme histórico. El napolitano Salvo Basile, que era asistente de Pontecorvo, quedó embrujado con Cartagena, se enamoró y se quedó para siempre entre nosotros, como el fotógrafo italiano Divo Caviccioli, que había sido fotógrafo de escenarios de leyendas del cine como Visconti, Antonionni, Federico Fellini, Pontecorvo, no solo se enamoró del paisaje y del ambiente cartagenero, sino que también encontró aquí motivos de amor para no devolverse. Cartagena se convirtió en imán de viajeros, artistas, aventureros y empresarios de sueños. Vino después el inglés Roland Joffe a filmar “La misión” (1986), con la actuación estelar de Robert de Niro y Jeremy Irons. Recuerdo haberme tropezado más de tres veces con De Niro, cuando filmaba a caballo las escenas en la calle de la Factoría y en la Casa del Marqués de Valdehoyos, una casa que sirvió para incontables escenas también para la filmación de “Crónica de una muerte anunciada”, también en 1986, basada en la novela de García Márquez, y dirigida por Francesco Rosi, con actuación de Anthony Delon y Ornella Muti. En 1996 se filmó “Nostromo”, dirigida por el inglés Alastair Reid y el italiano Fernando Ghi. En 2006, “El amor en los tiempos del cólera”, dirigida por el inglés Mike Newell, con la actuación de Javier Bardem y Giovanna Mezziogiorno. En 2009, el francés Alain Monne filmó “Cartagena” y en 2016, la argentina Daniela Goggi, “El hilo rojo”. En 2019, “Gemini man”, con Will Smith, dirigida por Ang Lee. Este mismo año “El piedra”, de Rafael Martínez Moreno.

Con el impulso ministerial de la Ley del Cine, no solo la industria del cine eligió a Cartagena como la plataforma de lanzamiento mundial de la cinematografía nacional, sino que el festival de cine (FICCI), se posicionó como el más antiguo del continente, que en la actualidad promueve el disfrute masivo del cine en barriadas, municipios, corregimientos y veredas.

Las nuevas filmaciones confirmaron el augurio de Víctor Nieto, de encontrar en el ambiente cartagenero, el ámbito seductor y encantador para filmar cine. La sed de filmar tampoco se acaba.

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