Ceballos, el trauma de lo inconcluso

18 de septiembre de 2019 12:00 AM

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Los habitantes de Ceballos no saben con precisión cuál es la edad de su barrio, pero sospechan que podría sobrepasar los cien años de fundado.

En algún tiempo era cenagoso. Su relación con la bahía de Cartagena, que se riega desde su parte trasera, era más que evidente, pues, de una u otra forma, los patios de las viviendas estaban conectados con un canal que conducía las embarcaciones de madera hacia ese cuerpo de agua.

Ahora está aprisionado, en ambos lados, por el corredor de carga. Su proximidad con la zona industrial de Mamonal atrae a los comerciantes, quienes han ido abriendo negocios de chatarrería, ferreterías y depósitos para materiales de la construcción, entre otros demonios.

Algunos residentes identifican en esa avanzada comercial la misma forma de desplazamiento que se viene registrando en otras partes de la ciudad. Los grandes locales de negocios atascan los inmuebles familiares, hasta que los propietarios venden por alguna suma cuestionable y enseguida surge una edificación destinada al trueque de cualquier cosa.

Recientemente, el Estado abrió una Registraduría. Algunos establecimientos se han robado calles y, con sus tractomulas, tienen rotos los andenes. “Pero ninguno de esos comerciantes apoya a la comunidad cuando se necesita emprender alguna cosa que nos va a beneficiar a todos”, dice Marta Angulo Zapata, presidenta de la Junta de Acción Comunal.

A parte del sutil desplazamiento, Marta Angulo afirma que el problema más preocupante que tiene su comunidad son las obras inconclusas.

“La primera –explica-- es la construcción del canal Corvivienda-Ceballos, que está intervenido desde febrero de este año y que debieron entregarlo en julio, pero pidieron una prórroga y no sabemos para qué. El caso es que la obra está paralizada”.

La segunda obra suspendida, según Angulo Zapata, es la pavimentación de la calle de Las Uvas (o transversal 55) con la calle San Nicolás, “pero tampoco nos han dado razones por las cuales se suspendieron los trabajos”.

La tercera obra inconclusa es el rescate de los jóvenes rebeldes. Mientras la dirigencia comunal se enfoca en el mejoramiento de la infraestructura del barrio, también debe seleccionar otra parte de sus esfuerzos a reducir los enfrentamientos y la eliminación de las fronteras invisibles.

“No pelean por drogas ni por dinero, sino por viejas rencillas que no han podido resolver. El asunto es que los vecinos viven preocupados, porque siempre que esos jóvenes se enfrentan (a cualquier hora) resulta más de una casa con los techos, las puertas y las ventanas partidas, sin tener algo que ver con esas peleas”, afirman los trabajadores cívicos.

La tranquilidad se quebrantó nuevamente. Se había recuperado mediante un programa de resocialización que iniciaron la Secretaría del Interior del Distrito y la Policía Metropolitana de Cartagena, “pero se suspendió de un momento a otro y las siguientes administraciones no le dieron continuidad”.

El escenario preferido de los combatientes los propician los aguaceros y las repentinas interrupciones de la energía eléctrica en las noches, esto último propiciado por la falta de transformadores, dado que los pocos que hay posibilitan una iluminación deficiente, que mantiene varios sectores en las penumbras.

Es decir, la infraestructura eléctrica sería la cuarta obra inconclusa.

“Esa energía –señalan los usuarios-- casi no nos sirve para instalar una nevera o poner varios bombillos. Hace unos dos años le solicitamos un transformador a la empresa Electricaribe, pero después de un estudio que hicieron decidieron que nosotros no estábamos necesitando ese aparato.

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