Cartagena


Colectivos operan en 30 de las 87 rutas formales de la ciudad

Pese a que Cartagena cuenta con rutas de transporte formal, los ciudadanos continúan utilizando los sistemas ilegales, que compiten con el SITM y representan peligros.

ANGIE GOEZ AHUMEDO

07 de febrero de 2021 12:00 PM

A corte del 29 de diciembre de 2020 el Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte, DATT, tenía registrados en el parque automotor de Cartagena 1.146 buses, 595 busetas, 3.018 camperos, 35.387 automóviles (5.951 públicos) y 70.645 motocicletas (407 oficiales).

Aunque la ciudad cuenta con el Sistema Integrado de Transporte Masivo y rutas de buses establecidas, no es un secreto que gran parte de los ciudadanos se moviliza por otros medios pues hay muchos barrios que no tienen cobertura aún. Así las cosas, se ha formado todo un sistema de transporte informal con rutas acuáticas, taxis colectivos informales, mototaxis, entre otros.

De acuerdo con un ejercicio realizado por la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Universidad del Rosario y la red Cartagena Cómo Vamos, en Cartagena y su zona de conurbación, hay 87 rutas de modos de transporte público tanto formal como informal, teniendo en cuenta que la ciudad está conectada con otros municipios cercanos como Turbaco, Turbana, Arjona y Santa Rosa.

“En términos generales, los barrios que están más cercanos a las principales vías, como la avenida Pedro de Heredia y la Transversal 54, tienen mayor posibilidad de optar por casi que todos los modos de transporte. Las zonas que están cerca a las faldas de La Popa, y más al margen de la ciénaga de La Virgen, tienen menor cobertura lo que supone un uso mayor de mototaxi y otros modos informales para moverse entre barrios y sectores de manera transversal”, anotó el estudio.

Agregó que “los barrios que están en la Localidad 3 como Blas de Lezo, Las Delicias, El Socorro, también cuentan con acceso a las rutas de transporte formal y los barrios aledaños a la Av. Crisanto Luque, como Alto Bosque, Nuevo Bosque, San Isidro, Bruselas, Martínez Martelo, tienen mayor acceso a diferentes rutas de modos de transportes”.

Desconexión, un problema

La principal razón de ser de los colectivos, y el transporte informal en general, es suplir los tramos o rutas donde el medio de transporte formal no llega. Por ejemplo, en barrios como La María, San Francisco y Siete de Agosto, el transporte público formal no tiene rutas y sus habitantes deben caminar a otras zonas donde puedan acceder a los medios reglamentados o usar mototaxis o colectivos.

“Se presume que en estos barrios el uso de las mototaxi o bicitaxi, es mayor. Las dos zonas más críticas son las faldas de La Popa y el borde de la ciénaga de La Virgen. Para los barrios como Loma Fresca y Paulo VI, la ruta más cercana es la de los colectivos que bordean las faldas de La Popa”, indicó el análisis.

A su vez señala que los barrios al margen de la ciénaga se conectan a Transcaribe y a algunas rutas de colectivo únicamente por la avenida Pedro Romero, pero internamente no tienen rutas.

Por otro lado, existe demanda de servicios de transporte a ciertas horas de la noche cuando ya el transporte formal no está en circulación, aquí entra la oferta de colectivos a atender dicha demanda, como por ejemplo a Bayunca y zonas de conurbación.

“Algunas rutas del transporte informal de colectivos son las que más horas al día están en circulación, por encima de las 18 horas. Luego están la mayoría de rutas de Transcaribe y de bus convencional que están en circulación al menos 15 horas al día”.

Consecuencias y riesgos

Si bien el transporte informal ha servido durante años para que muchos ciudadanos se movilicen más fácilmente e incluso a menor costo, este debería ser más controlado por parte de las autoridades competentes ya que tiene muchas implicaciones.

La principal consecuencia de una alta evolución de este modelo es que compite directamente con los sistemas formales, específicamente Transcaribe.

“Son aproximadamente 83,1 km la suma de todos los tramos en los que se traslapan Transcaribe y las rutas del transporte convencional (buses y busetas). Esta coincidencia se observa en mayor medida sobre las principales vías, como Av. Santander, Av. San Martín, Av. Pedro de Heredia, Av. Pedro Romero, Crisanto Luque y Transversal 54”, determinó el estudio.

Por otra parte están los riesgos que corre un usuario al usar este modelo de transporte ya que es usual que estos vehículos presenten mal estado técnico-mecánico, no cuenten con la documentación reglamentaria al día o sus conductores tengan infracciones pendientes.

A su vez, al ser vehículos de servicio particular, no poseen seguros de responsabilidad civil contractual y extracontractual, por lo cual el monto o capacidad para la atención de lesionados es mínimo (500 salarios mínimos legales diarios vigentes), y para el caso de accidentes trágicos la indemnización por muerte es de tan solo 600 salarios mínimos diarios. Esto significa que si una persona, siendo pasajero de un vehículo de transporte informal, resulta gravemente lesionado en un accidente, vería limitada la atención médica e indemnización hasta los montos mencionados.

Sin embargo, en el caso de los vehículos de transporte público legal contaría con las dos pólizas adicionales (contractual y extracontractual) cuyo monto de cobertura supera los valores del Soat.

Transporte acuático, también en la informalidad

Aunque Cartagena es una ciudad rodeada de cuerpos de aguas y con comunidades isleñas, a la fecha todavía no se cuenta con un sistema de transporte acuático que sea formal y seguro para todos los habitantes.

El ejercicio de la Mapatón identificó 7 rutas de lanchas con 9 puntos de despacho y/o llegada. La mayor conexión se evidenció entre la parte urbana de la ciudad con Punta Arena, Caño de Loro, Bocachica y Tierrabomba.

Si bien el único muelle formal de la parte urbana de Cartagena es el de La Bodeguita, operan otros de manera informal en Bocagrande, Castillogrande y mercado de Bazurto.

“La Capitanía de Puerto de Cartagena indicó que los otros muelles que se encuentran en Tierrabomba también son considerados formales, dado que son los únicos desembarcaderos con que cuenta la población de la isla”.

Pese a este visto bueno, es usual llegar a los muelles de Tierrabomba y no encontrar ningún personal realizando control a quienes desembarcan, ni revisando los elementos de seguridad a los lancheros que realizan los viajes, lo que se constituye en un riesgo para los pasajeros y demuestra una vez más la necesidad de poner en marcha un proyecto que aporte soluciones de movilidad a estas comunidades.

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