Cartagena


Con huelga de hambre, Rubén Montoya reclama sus derechos a Tubocaribe

MÓNICA MEZA ALTAMAR

21 de febrero de 2014 12:15 AM

En un vía crucis se convirtió la vida de Rubén Darío Montoya Obando, desde hace más de 11 años.

Su tragedia comenzó en julio de 2002 cuando trabajando como codificador en la empresa Tenaris Tubocaribe, un tubo de 15 centímetros de largo con el  grosor del que se muestra en la fotografía, le perforó por accidente un pulmón, tres costillas y la escápula.

“Por ahí había un espacio por donde todo el mundo pasaba, hasta los ingenieros. Ese día yo pasé y con la suerte de que el tubo venía detrás de mí”, expresó con lamento Montoya.

Por fortuna o milagro, sobrevivió, pero desde entonces sufre serios traumas y viene batallando un pleito legal con Tubos del Caribe, que, de no ser resuelto a tiempo, podría acabar con su vida, pues al borde del colapso, este hombre de 37 años, inició en la mañana del martes una huelga de hambre en las afueras de las oficinas de la Alcaldía.

TRAS EL ACCIDENTE
El antioqueño, criado en Turbaco, estuvo hospitalizado por unos 11 meses en la Clínica Madre Bernarda, tiempo en el que, según él, la Administradora de Riesgos Laborales (ARL) Suratep, ahora Sura, a la que se encontraba afiliado, le cortó la asistencia médica de manera abrupta, enviándolo a casa a los cinco meses y ordenando su reingreso al día siguiente “para no acumular los seis meses de permanencia en la Clínica, pues eso indicaba indemnización inmediata”. 

Mientras estaba en cuidados intensivos, luego de una cirugía en la que le quitaron tres costillas y parte de un pulmón, la empresa multinacional envió, el 15 de agosto de 2003, una carta en la que le comunicaba a Montoya que su contrato finalizaba el 18 de septiembre de ese año y, sin agregar nada más, le agradecía por los servicios prestados.

Al ser dado de alta, por causa de un estrés postraumático mayor, estuvo internado en varias clínicas psiquiátricas por más de un mes, y finalmente ingresó a la Fundación REI, en donde permaneció alrededor de 20 días.

Allí le brindaron la atención integral que requería, pero al cabo de dos meses fue abordado por personal médico de Suratep y, según él, lo llevaron hasta una oficina en el Centro, donde un señor le dijo “ombe ya usted está bien, usted está gordo”, y lo enviaron a su casa en Turbaco, donde por un mes más fue visitado por los especialistas de la Fundación.

Tiempo después fue reintegrado a Tubocaribe, esta vez como operador de puente grúas. Sin embargo, por no reunir las aptitudes y condiciones necesarias para este puesto, debido a las secuelas físicas y psicológicas que le dejó el accidente, pasó a trabajar en el área de sistemas. 

“Después me enfermé y me echaron (...) botaba sangre por la boca”, relató el aturdido hombre con la mirada perdida hacia la Plaza de la Aduana, pues se encontraba en el segundo día de su huelga de hambre.

Gracias a una acción de tutela, Montoya ingresó por tercera vez a Tubocaribe, “pero a los cuatro meses me echaron”, afirmó.

BUSCA JUSTICIA
Ante el abandono de la empresa metalúrgica, Montoya inició una disputa legal que se dilató por nueve años en los Juzgados de la ciudad y, para colmo, la Juez que llevaba el proceso fue trasladado a otro despacho.

El caso pasó a manos del Juzgado Cuarto Laboral de Descongestión del Circuito Judicial de Cartagena, que en solo cinco días falló a favor de Tenaris Tubocaribe, “les pasó plata a ellos y estoy seguro”, sostiene Montoya, quien apeló la decisión.

Por ello, el 20 de agosto de 2013, la magistrada del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cartagena, Margarita Márquez de Vivero, revoca la sentencia anterior y ordena a Tubos del Caribe el reintegro de Montoya a un cargo conforme a su discapacidad, y lo condena a “pagar los salarios y prestaciones sociales dejados de percibir desde el momento de su despido hasta que sea reintegrado”.

No obstante, el fallo debe ser revisado por el Despacho de origen para que pueda ser efectivo, y Montoya teme que su vía crucis se extienda aún más, por eso, con apoyo de la Organización Defensora de los Derechos Rostro, se enfrenta a una huelga de hambre de la cual dice “no la voy a dejar hasta que alguien se manifieste, prefiero morirme aquí”.

Las personas interesadas en colaborar a Rubén Montoya, quien se dedica a arreglar zapatos en Turbaco para mantener a sus hijos de 9, 16 y 17 años, pueden contactarlo en el número 321 681 9507.

TUBOCARIBE SE DEFIENDE

La multinacional declaró que Rubén Darío Montoya ingresó el 25 de junio de 2002 a través de una compañía que les brindó servicios y 25 días más tarde sufrió el accidente en sus instalaciones, y de acuerdo a la legislación colombiana, fue cubierto por el sistema de seguridad social.