Cartagena


Crónica de los que no descansan en cuarentena

Hay personas que por la naturaleza de su trabajo, simplemente no pueden quedarse en casa. Sin embargo sienten que su labor no siempre es valorada como lo merece.

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

05 de abril de 2020 12:00 AM

“Cuarentena”. Según la Real Academia Española, “aislamiento preventivo al que se somete durante un período de tiempo por razones sanitarias a personas o animales”. Para otros, significa “teletrabajo”; para los estudiantes “clases virtuales” o “cese de actividades”, para algunos “vacaciones anticipadas”, y así, la palabra va teniendo diversas connotaciones según la persona que se vea afectada por ella.

Pero hay otro grupo al que “ni fú ni fá”, porque su trabajo haya coronavirus o no, sigue siendo el mismo, ya sea con otros horarios o el habitual, pero la actividad sigue siendo la misma.

Están los médicos, por supuesto, que son quienes están al frente de la epidemia, pero a ellos se le suman enfermeros, camilleros, auxiliares, personal administrativo, de servicios generales, vigilantes, y muchos otros que trabajan en los centros de salud.

Los que atienden farmacias, supermercados y tiendas, pero también quienes transportan los alimentos, los campesinos, los operarios y muchos otros que participan en la cadena logística para que durante la cuarentena podamos seguir adquiriendo cualquier tipo de producto.

Y claro, los que nos garantizan los servicios de la luz, el agua, el gas, la recolección de basuras, y que todo cuanto toquemos en el espacio público o en algún establecimiento permanezca impecable para evitar que el virus se siga propagando.

Seguramente hay muchos otros, que aún bajo estas circunstancias, siguen saliendo a realizar su labor de forma silenciosa como siempre lo han hecho, porque ahora más que nunca se ha vuelto necesaria.

I

‘Yo me siento un ambientalista’

A personas como Daniel, las he visto siempre por la calle. Haya cuarentena o no, con su tapabocas en la cara. Sin embargo, hasta ahora que estoy haciendo teletrabajo es que encuentro oportunidad para hablar con él.

Todos los días pasa frente a mi casa con su escoba y su cono barriendo las calles. “Ya yo tengo siete meses aquí”, me dice.

-¿Y cómo estás trabajando durante la cuarentena?, le pregunto.

-Lo mismo, trabajo de 6 de la mañana a 2 de la tarde, ocho horas por lo general. Es arriesgado, pero por otro bien porque viendo la situación... hay gente que por esto no está trabajando.

Le da pena que le tome fotos, pero no le da pena su trabajo, por el contrario, dice que al hacerlo se siente un ambientalista.

“Esto es algo necesario, nosotros trabajamos como si fuéramos ambientalistas, barriendo las calles, recogiendo las basuras, manteniendo la ciudad limpia para que tenga más presencia. Aunque yo no creo que la gente valore mucho esto”, explica.

Y es cierto, los ‘escobitas’ son personas que generalmente son obviadas en el día a día, pero que a pesar de eso, cumplen con su labor.

Imagen ESCOBITA

Imagen de referencia. // Julio Castaño - El Universal

II

‘Nos sentimos orgullosos’

Leticia es una vereda aislada donde los habitantes respiran soledad y olvido. Queda a orillas del canal del Dique y está adscrita al corregimiento de Pasacaballos.

Quizá sea eso por lo que a pesar de la cuarentena la vida ha seguido como siempre. Eso y que allá la vocación sea principalmente agrícola y pesquera, oficios que por su naturaleza, no pueden detenerse. Al fin y al cabo son ellos, los que a la larga, llevan la comida a nuestras mesas.

Elías Marimón ha vivido toda su vida en ese lugar, y junto con otros compañeros se dedica al cultivo y la producción de arroz. “Es más, señorita, ahora mismo mientras estoy hablando con usted estoy acá afuera, en el campo”, me dice, aunque la voz se le escucha entrecortada. La señal en Leticia no es precisamente la mejor.

Me explica que de ahí distribuyen producto a Pasacaballos, Pueblo Nuevo, Arjona, Santa Ana, Ararca y por supuesto Cartagena, que es su base principal.

“Hay veces que nos va bien y otras en que nos va mal, como todo, pero nosotros tenemos dificultades. Necesitamos un verdadero empujonazo para contribuir a la despensa alimentaria de la ciudad”, afirma.

Aún así, con el apoyo de algunas fundaciones, se las arreglan para seguir produciendo, ya que creen que en materia agrícola, el Distrito como tal no ha aprovechado el potencial que su población tiene.

A pesar de ello, ante la emergencia sanitaria no dudaron en ser solidarios con quienes lo necesitan. “Hablamos con nuestros aliados y con la Armada Nacional y decidimos donar 400 kilos de arroz en cáscara. Eso está arrojando unos 250 kilos de arroz para consumo ya descarados. Todo se lo entregamos a la Unidad Municipal de Atención Técnica Agropecuaria (Umata) para que por medio de ella llegue al alcalde y allá decidan cómo repartir”, dijo.

Son este tipo de acciones las que les hacen resaltar lo valioso de su trabajo. “Nosotros seguimos produciendo, y la verdad es que sí, nos sentimos orgullosos”, puntualiza Elías.

Vídeo: Cortesía Elías Marimón

III

‘No quiero ser héroe’

El personal de la salud ha sido el más visible durante esta pandemia, pero sus necesidades y dificultades no han cambiado mucho. No es casualidad que en este tiempo, personal del Hospital Universitario del Caribe, la Clínica Maternidad y los diferentes Centros de Atención Permanente de Cartagena volvieran a protestar ante aspectos como el atraso en el pago de salarios, los insumos médicos, y el material de protección.

Fenómenos que desde mucho antes de que comenzara la emergencia sanitaria venían denunciando y ahora están sintiendo más que nunca.

“La gente muchas veces se olvida de que nosotros tenemos familia, de que también somos seres humanos, no somos héroes ni queremos convertirnos en mártires”, dice Jenny, auxiliar de enfermería.

Imagen ENFERMERA

Jenny. - Foto: Julio Castaño - El Universal

“Nosotros no estamos atacando a nadie ni mendigando, queremos seguir ejerciendo. Lo mínimo que necesitamos son las condiciones adecuadas”, agrega.

Y es que las personas que trabajan en centros de salud por estos días también han tenido que combatir con otro problema: la discriminación.

“Muchos no quieren transportarnos porque nos ven con nuestros uniformes y creen que estamos contagiados”, dice Lorna, otra enfermera.

Paradójicamente a esto, en medio de esta coyuntura, se han vuelto comunes las convocatorias para aplaudir al personal de la salud, para darles las gracias a quienes se han convertido en ‘héroes’ en medio de toda esta crisis generada por la pandemia.

Lo cierto es que siempre lo han sido, igual que muchos otros en distintas profesiones, pues tristemente parece no hay acto más heroico que seguir trabajando y contribuyendo a la sociedad, bajo amarga certeza de que esa labor muy probablemente jamás sea reconocida como lo merece.