Cartagena


"Cuando niña vendía rifas para el rescate de mi padre secuestrado"

JULIANA DE ÁVILA ROMERO

04 de mayo de 2018 10:25 AM

Con rifas que vendía a sus familiares y amigos, Lorena esperaba reunir el dinero que pedía el Eln para liberar a su papá. Lorena tenía nueve años.

El grupo al margen de la ley se había llevado a su padre cuando estaba en la finca en su natal Arenal, en el sur de Bolívar, y lo tuvo secuestrado por tres meses. Ella escuchaba cuando sonada el teléfono y veía a su mamá apretar los dientes para no decir nada, pero atenta al insurgente que al otro lado de la línea le pedía una millonaria suma de dinero. A ella no le contaban nada, pero sabía todo lo que pasaba y quería ayudar. Con números en mano salía a rifar lo que se le ocurriera, “y obviamente no alcanzaba para nada, pero en mi inocencia quería ayudar”.

Su mamá es su héroe, se le nota cuando habla de ella y sonríe. Recuerda que a su papá lo tenían en la Serranía de San Lucas, y que su mamá después de luchar para conseguir prestada la plata del rescate, labores que emprendió ella sola, se fue durante cinco días en búsqueda de su ser querido. Lorena fue por primera vez la “jefa del hogar”.

Le tocó hacer las veces de mamá y cuidar a su hermanita, que en ese momento tenía unos 5 años. “A mí me gusta cocinar, así que me quedé encantada”, cuenta mientras intenta consolar a su hija Charlotte, una pequeña de 9 meses que se asustó al escuchar el estruendo de una puerta cerrada por el viento.

De su mamá aprendió a ser fuerte y a no ‘dejarse echar cuentos de nadie’, y eso es precisamente lo que quiere enseñarle a Charlotte. “Cuando me enteré que estaba embarazada no tenía EPS, es más, pasé esos meses sin tener ningún servicio de salud, solo las radiografías; me había venido de Arenal a Cartagena para estudiar enfermería y estaba aquí sola, a más de 15 horas de mi familia. Lo primero que me dijo mi mamá es que me apoyaba, y lo segundo fue enviarme una lista de cosas que debía comer para que mi hija naciera sana y para cuidarme porque tenía la hemoglobina bajita”, cuenta Lorena, quien a sus 23 años vivía su primer embarazo y, aunque era diestra en el arte de “cuidar niños”, gestar uno era una novedad.

“He criado, o más bien cuidado, a varios de los niños de mi familia. Siempre he sido la que está dispuesta a cuidar a todo el mundo. Mi papá me dice que eso lo saqué de mi abuela, porque ella daba hasta lo que no tenía”, así explica Lorena ese espíritu maternal que ha tenido siempre.

Cuidó a varios primos y aún ayuda en las tareas de la universidad a su hermanita, a quien se trajo de Arenal a Cartagena para que también estudiara y cumplieran sus sueños juntas.

Lorena no deja de hablar de sus sueños. Cuando su hija esté más grande va a volver a la universidad, quedó en sexto semestre de enfermería; va a seguir con su negocio de manualidades en Arenal, mandando sus creaciones cada semana para ponerlas a la venta; seguirá inscribiéndose en cuanto curso abre el SENA y sin perder ninguna oportunidad para aprender:  quiere abrir su propio restaurante.

A su hija le va a enseñar que puede hacer y lograr lo que se proponga, que tiene que respetar las luchas ajenas y aprender de sus mayores, así como ella aprendió de su mamá, una docente de Arenal del sur de Bolívar, que hace muchos años vino a Cartagena para estudiar, pasó hambre, luchó y volvió a su municipio como profesora.

“Creo que represento a muchas mamás jóvenes que saben que sus sueños apenas comienzan, que quieren luchar para salir adelante, que saben que el futuro comenzó cuando nacieron sus hijos y están listas para conquistarlos”, concluye tímidamente Lorena, la mujer de 23 años, la estudiante de enfermería, la mamá de Charlotte, la hija de la profe, la amante de la cocina que nos recibió en su casa para contarnos por qué es una de las mejores mamás de Cartagena.

*Ganadora del concurso: "La mejor mamá de Cartagena Caribe Plaza".