Cartagena


Eiber se rehabilitó de la calle y ahora tiene un nuevo hogar

En la casa de encuentro María Revive, en Martínez Martelo, un grupo de voluntarios brinda asistencia a cerca de 160 habitantes de la calle.

HYLENNE GUZMÁN ANAYA

08 de agosto de 2021 12:00 AM

Sentí que la vida sin la droga es mejor, me di cuenta de que me destruía. Me miré al espejo antes y estaba demacrado, no era nada. Luego me miré otra vez, después de estar internado tres meses y dije: ¿qué estaba haciendo por mi vida? Ya llevo un año y siete meses rehabilitado, me he mantenido firme”, cuenta Eiber Edgardo Mendoza Montiel, mientras arma una caja de cartón para la Casa de Encuentro María Revive. Tiene 36 años y 14 de ellos habitó en las calles de Cartagena.

Eiber recuerda bien el momento en el que la droga consumió su vida, tenía 18 años. “Eso fue ahí mismo en el barrio, era un ambiente de droga y comencé a consumirla cuando tenía 17 años. Muchas veces me dejaban durmiendo afuera porque llegaba drogado, no les prestaba atención, si llegaba tarde no me abrían las puertas, entonces empecé a estar en la calle, eso fue como a los 20, 21 años”, continúa Eiber.

Estando en las calles se “rebuscaba” en el mercado de Bazurto, ayudaba a descargar las frutas, a veces reciclaba y a veces simplemente no hacía nada. De lo poco que conseguía lo usaba para la droga.

“No le prestaba atención a la comida, no comía, llegué a pesar 49/45 kilos. Muchas veces me tocó hurtar, me iba para las caletas, allá en La Esperanza o en La Quinta, me encerraba a consumir como tres o cuatro horas, luego salía a buscar otra cosa y regresaba nuevamente porque allá no fiaban”, narra mientras sonríe y mira con ilusión, como quien conquista un sueño.

El encuentro del amor

Las calles enseñaron a Eiber Edgardo a no mirar atrás, a creer en las segundas oportunidades y a valorar a quienes lo ayudaron a salir de ese oscuro camino. Por otros compañeros en condición de calle conoció la Casa de Encuentro María Revive, que ahora está en Martínez Martelo, una obra social de la pastoral social de la Arquidiócesis de Cartagena.

“Duré dos años viniendo a la casa de encuentro, donde recibía colaboraciones, cada mañana estaba aquí y a veces Mochi -como llaman de cariño a una servidora de la casa- me regañaba por mi comportamiento. Hoy le doy gracias porque no lo hacía por malo, quería un bien para nosotros”, menciona.

Ahora, mientras dona su tiempo armando las cajas que se usarán para el almuerzo de otros habitantes de la calle, anhela estudiar soldadura en el Sena para conseguir un trabajo y ayudar a su familia, esa que lo recibió nuevamente y dudaba de que se rehabilitaría.

“No nos miren por fuera, sino vean que dentro de esas personas también hay un ser humano diferente, nosotros solos no podemos, si nos brinda la mano quizá les presten atención y salgan adelante”, dice enérgico a quienes tienen la oportunidad de ayudarlos.

Cinco años al servicio de esta población

Esta obra social fue reconocida hace varias semanas por el Distrito, pues en una jornada de vacunación contra el COVID-19 inmunizaron a 90 de los habitantes de la calle que frecuentan la casa. Allí fueron bañados, vestidos, alimentados e incluso les dieron medicamentos por si la vacuna tenía un efecto secundario.

Lo realizado hace unas semanas solo fue una parte de la gran y silenciosa labor que allí se realiza.

“Nuestro plan arquidiocesano pastoral se enfoca en construir una sociedad más humana y justa en nuestra ciudad y en todos los municipios circunvecinos, eso incluye aportarle a estas actividades más incluyentes y participativas. Muchos de los habitantes de la calle ni siquiera tienen un documento de identidad, hasta perdieron el rastro de su familia”, resalta el sacerdote Elkin Mauricio Acevedo, director de la unidad de servicios de la pastoral social.

Aunque su capacidad es reducida, buscan trabajar con la institucionalidad, para dar cursos de panadería, de artesanías u otros que luego esta población use para ser productiva. Sumado al “alimento para el alma”, que en este tiempo de pandemia -según cuenta- es el que más les hace falta.

“Teniendo en cuenta que las vacunas deben llegar a todos y por dignidad humana y derecho fundamental, hicimos la articulación para que se cumpliera este propósito de vacunación. Ahora damos solo los almuerzos, mientras que las duchas son usadas de manera reducida”, indica el sacerdote de la Arquidiócesis de Cartagena.

María Revive comenzó con voluntarios en el 2016, cuando solo se repartían alimentos en la noche por las calles de la ciudad. Ellos donaban su tiempo y algunos recursos materiales para recorrer zonas donde, ordinariamente, se aglomeraban los habitantes de la calle.

“Cuando el grupo que dio origen a esta obra se dio cuenta de que era una situación acentuada en la ciudad, la consideramos en una perspectiva diferente y proyectamos la fundación de la casa de encuentro, en la cual permanentemente atendemos a 160 habitantes de la calle por día”, señala Acevedo.

Un alimento para vivir

La obra hace parte del ejercicio caritativo de la iglesia católica en Cartagena, a lo que se le conoce como la misión encomendada por el Señor. Carmen Elisa de Vivero o Mochi Vivero, como la llaman de cariño, lo reconoce.

“En pandemia atendemos más que todo la parte asistencial, entregándoles sobre todo un almuerzo diario. Normalmente entraban a las 8 de la mañana a la casa, tenían un horario límite de entrada que era 8:30 a. m. Se cerraba la puerta y en el comedor recibían el desayuno”, explica Carmen.

Después de ello se hacía una actividad con un grupo de voluntarios sobre temas que los ayudaran en su superación personal, a las 10 a. m. era la hora del evangelio y finalmente el almuerzo.

“Ellos vivían ese alimento increíblemente, al punto que ahora vienen por la comida y dicen que no les interesa la comida, sino que les hace mucha falta el alimento espiritual, como dicen ellos, la palabra. Definitivamente el evangelio para ellos ha sido transformador, por eso hoy contamos con personas que poco a poco se han superado. Algunos han alcanzado a estar más adelante que otros porque los procesos son personales”, precisa Carmen.

Viven de aportes voluntarios
La casa de encuentro se sostiene con donaciones de personas y feligreses de la iglesia católica. Las personas se pueden vincular con aportes económicos, de insumos o de alimentos para la casa. Si alguien desea vincularse como voluntario o con un aporte económico a la obra de María Revive “De regreso al amor” pueden contactarse al teléfono 3205419157 o al correo electrónico casamariarevive@gmail.com.
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