Cartagena


El drama de los niños invisibles en medio de la crisis del coronavirus

Los menores de edad no pueden estar en la calle durante la cuarentena. Aún así, hay unos pocos que siguen paseándose a sus anchas. ¿Qué pasa con ellos?

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

20 de abril de 2020 12:00 AM

En tiempos de coronavirus hay dos tipos de miedos: el de contagiarse y sufrir por la enfermedad, y el de que no haya con qué llenar el estómago. Bajo el segundo miedo muchos justifican su necesidad de seguir saliendo a la calle a ganarse el día. Pero, ¿un niño por qué tendría que hacerlo?

A la altura del Castillo de San Felipe hay cinco. En el semáforo esperan a que alguno de los pocos automóviles y personas que transitan por el sector se detengan y les den alguna moneda o algo de comida. Y con eso resuelven.

Los últimos días la pasaron en el Skate Park de Chambacú, aquel abandonado parque que pasó de ser un epicentro del deporte en Cartagena, a un nido de orines y soledad, donde aquellos que se sienten abandonados buscan refugio y se pierden en el espiral de las drogas y la calle.

De allí, partían a los sitios aledaños en busca de comida, pero por estar la ciudad vacía, el sitio predilecto para hacerlo parecía el mercado de Bazurto, donde se camuflaban en medio de las aglomeraciones y pedían para comer.

El lunes de la semana pasada se escaparon de la fundación Dones de Misericordia, sitio donde estaban internados desde hace algunos meses después de haber sido rescatados de Chambacú. Y cuatro días tuvieron que pasar para que fueran oportunamente rescatados por la Policía el pasado jueves.

Cuatro días. En plena cuarentena nacional, cuando es prohibido que los niños circulen por las calles, los menores emprendieron una arriesgada travesía de Turbaco a Chambacú, en la que, al parecer, no fueron vistos.

Como si tuvieran el poder de hacerse invisibles atravesaron la ciudad, llegaron a Bazurto, interactuaron con la gente, se bañaron en la laguna, caminaron y durmieron a plena vista de una ciudad vacía, que incluso en tiempos de crisis parece haberse olvidado de proteger a su más valiosa generación.

Ahora, luego de exponerse en medio de la circulación del coronavirus, los menores están a la espera de que les hagan las pruebas para definir si pudieron haber contraído el COVID-19.

‘El paseo de la evasión’

El jueves pasado los cinco niños fueron rescatados por la Policía de Infancia, que continuamente se encuentra haciendo operativos para proteger la integridad de los menores de edad. El ideal sería que con esto ya finalizara su odisea, pero lamentablemente no es así.

Cuando realizan este tipo de operativos, generalmente las autoridades se encargan de dejar a los niños a disposición de las entidades encargadas de restablecer los derechos de los menores. Sin embargo, es usual que en este proceso la burocracia y la tramitología de por medio prolonguen los procesos, alargando la protección de los niños.

“En la Defensoría dijeron que primero tenían que estar en cuarentena, en la clínica no los aceptaron porque no tenían síntomas de coronavirus; luego los llevaron a la Comisaría de Familia, pero estaba cerrada”, relató el Padre John Mahony, quien informó al ICBF y a la Policía de la desaparición de los menores el lunes, cuando se fueron de Dones de Misericordia.

A eso Mahony le llama el “paseo de la evasión”, en el que después de ser rescatados por las autoridades viene el vaivén de qué hacer con los niños para iniciar su proceso de rehabilitación y restitución de derechos.

Y es que los menores que viven largo tiempo en la calle y que por cuenta de ello tienen problemas por sustancias psicoactivas, tienden a sufrir episodios de ansiedad que hacen que reaccionen de esta manera ante circunstancias como las que se están presentando.

A causa de esta situación, tres de los niños fueron recibidos en Dones de Misericordia nuevamente para cumplir su aislamiento mientras les hacen la prueba. Los otros dos menores aún están bajo custodia de las autoridades.