El impacto socioeconómico del coronavirus en Cartagena

30 de marzo de 2020 12:00 AM

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Ante la pandemia por COVID-19, el Gobierno nacional anunció un catálogo de medidas de protección social, lo cual nos hace reflexionar sobre la realidad económica y social de Cartagena para afrontar los días de cuarentena y el toque de queda, entre otros aspectos que afectan a la población, pero sobre todo ¿qué pasará después en todos los estratos y niveles socioeconomicos?

Un reciente estudio del economista y PhD Juan Correa Reyes, del Grupo de Investigación Economía de la Salud de la Universidad de Cartagena, y profesor titular de ese Alma Mater, permite tener una visión clara de ese panorama.

“Una sorpresa general causó el resultado del censo 2018 en Cartagena, pues cuando todos esperaban una población superior al millón de habitantes, el valor fue solo 973.045. Entonces la ciudad se levantó con diligencia ante al DANE a reclamar porque en el Sisbén estaban registradas 825.322 personas (84,8%). Había un error censal, pues era inaudito que de cada diez habitantes, nueve fueran pobres.

Al comenzar este año, la ciudad fue sorprendida por la declaración del director del DANE, Juan Daniel Oviedo, en el sentido que ya la ciudad contaba con más de un millón de habitantes (1.028.736) y que podían solicitar la certificación para que pudieran acceder a nuevas competencias y sus recursos correspondientes”, cita Correa Reyes.

Los sectores de la ciudad y las medidas de la pandemia

El académico señala que con la llegada de la pandemia y de su cuarentena obligatoria, aparece un problema sin que sea fácil dimensionar sobre ¿quiénes son los ciudadanos más afectados por la medida?

“Los 36.683 empresarios y comerciantes recurrirán al informe de la Cámara de Comercio (2020). Pero consultado el reporte del Sisbén de enero de 2020 aparecen 841.322 personas registradas, que contrastadas con la cifra oficial de población de 1.028.736 personas (corresponde al 81,8%), significa que la cifra de pobreza de Cartagena se mantiene en 2020, en ocho de cada diez personas”.

Para Correa, esta situación es preocupante, porque a pesar de existir 174 mil empleados en la ciudad y 8 mil empresarios, según las estimaciones del DANE (2019), las empresas de la ciudad solo declaran ante la Cámara de Comercio de Cartagena -CCC (2019) un total de 160.471 personas, “lo que reporta una diferencia de casi 15 mil empleos, aunque podría explicarse con los funcionarios gubernamentales y fuerzas del orden, pero queda una diferencia que podría ser significativa”.

El impacto del Covid19 en las empresas

Sin embargo, para el investigador, este personal de empleados, en el escenario de la cuarentena obligatoria, recibirá presiones e inestabilidad económica pues “de las 36.683 empresas de la ciudad, solo 6.304 negocios (el 17.1%) estarían consolidados ante la crisis pues -según la CCC- tienen más de 10 años de actividad comercial (dos de cada diez negocios)”.

Así mismo, otro factor crítico es que estos 160. 471 empleos privados fueron generados en su mayoría por micros (32.2%) y pequeñas empresas (19%). Esto permite inferir que por lo menos el 51,2% de los empleos formales de Cartagena peligran si no hay una política de acompañamiento a la micro y pequeña empresa en la ciudad (muchas de ellas personas naturales).

La protección social, lo más difícil

A pesar de que el panorama empresarial es más fácil de comprender, la focalización de los programas de protección social es mucho más difícil para los gobiernos nacional, departamental y distrital.

“Lo anterior porque representa escoger a un grupo social entre una multitud afectada por el mismo problema y al mismo tiempo, por lo tanto, seleccionar a los más pobres y los migrantes venezolanos, mientras se deja abandonados a los pobres históricos y a los vulnerables; representa a corto y mediano plazo la pauperización de los sectores y estratos medios de la ciudad”, sostiene el estudio.

“Se afectarán todoss”

El informe verifica la calidad de vida por manzanas en la ciudad turística, que es considerada comúnmente como “una isla de riqueza en un mar pobreza”. El mapa fue desarrollado por el DANE basado en el análisis geográfico de las cifras de la Encuesta de Calidad de Vida para determinar el índice de pobreza multidimensional-IPM.

“Como puede verse en la gráfica del Índice de Pobreza Multidimensional por manzanas, la imagen de los barrios donde predominan los estratos cinco y seis , se encuentran caracterizados por hogares donde las carencias están estimadas entre un 20.1% y 40%. Solo el Centro Histórico (sin incluir a Getsemaní) es un remanso de riqueza, mientras que los barrios tradicionalmente “ricos” como Bocagrande, Castillogrande, Manga, Pie de la Popa, El Cabrero, Marbella y Crespo afrontan la pandemia con un importante número de hogares vulnerables y con una alta probabilidad de caer en pobreza”, explica Correa.

Según el académico, esto aparentemente puede parecer un problema particular de las familias eventualmente afectadas, pero permite inferir consecuencias socioeconómicos como la morosidad en el impuesto predial y de vehículos; la pérdida o remate de inmuebles y de vehículos por endeudamiento; la crisis en la propiedad horizontal de los conjuntos y edificios residenciales; la morosidad en los servicios básicos domiciliarios contribuyentes a los estratos 1 y 2; la disminución en las ventas de las grandes superficies y centros comerciales de la zona turística y su deterioro como atractivo comercial; la morosidad y disminución de la matricula privada de colegios y universidades, entre otros.

“Es indudable que es muy temprano para dimensionar este impacto, pero así como el Gobierno distrital se prepara para enfrentar la pandemia como problema de salud publica, existen y van a presentarse unas consecuencias socioeconómicas no solo sobre la población pobre de la ciudad, sino que hay una evidente amenaza de empobrecimiento de los hogares vulnerables residentes en los barrios considerados históricamente como “ricos”, pues sino se incluyen dentro del Plan de Desarrollo Distrital (del cual pocos se acuerdan en estos momentos de cuarentena), unos programas dirigidos a mitigar el efecto de la pandemia sobre estos sectores medios de la ciudad turística, estos deberán enfrentar políticas tributarias nacionales dirigidas a gravar a los emprendedores, comerciantes independientes y profesionales asalariados, y a las familias endeudadas residentes en viviendas de estratos cuatro, cinco y seis, por lo tanto veremos en cuestión de diez años, la repetición y crecimiento de la gentrificación que se presentó en los años ochenta y noventa en San Diego, y en las dos décadas de este siglo en Getsemaní”, concluye.

La posteridad

Para Correa esto es un problema porque después del COVID-19 existirá una ciudad turística muy bonita, pero sin residentes y cultura cartagenera. “Es evidente y necesario proteger el futuro de nuestra ciudad, por lo tanto, deberíamos poner a disposición de los grupos de investigación acreditados ante Colciencias, las bases de datos anonimizadas del Sisbén IV por parte de la Secretaría de Planeación de Cartagena y las bases de datos anonimizadas por actividad económica del Registro Mercantil por parte de la Cámara de Comercio de Cartagena. Este problema es tan complejo que amenaza coetáneamente los puestos de trabajo formal y la estabilidad socioeconómica de la mayoría de los hogares de la ciudad”, reflexiona.

“Cartagena cuenta con el talento y experticia local para estudiar estos problemas y proponer soluciones. Ha llegado el momento para que los grupos de investigación acreditados con que cuentan las universidades, principalmente la Universidad de Cartagena, reciban el reconocimiento y respaldo gubernamental para buscar soluciones de innovación social ante esta pandemia y su impacto socioeconómico”, dice Correa Reyes.

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