Cartagena


En Cartagena: empleo hay, pero no de calidad

ERICA OTERO BRITO

13 de julio de 2016 10:00 AM

“La plata está hecha, lo que hay es que salir a buscarla”. Ese parece ser el dicho que a fuerza de voluntad están poniendo en práctica los cartageneros para no “dejarse morir de hambre” frente a la precaria realidad que vive la ciudad en materia de empleo.

Hace pocas semanas, el Dane destacó en sus estadísticas de 2015 que Cartagena, con 7,9 % es una de las ciudades de Colombia con una de las tasas de desempleo más bajas. Tras el anuncio, no se hicieron esperar las reacciones oficialistas destacando los supuestos logros de las políticas estatales para disminuir la pobreza e impulsar el empleo. Nada más alejado de la realidad.

Cuando se analiza a profundidad las causas que anteceden la disminución en la tasa de desempleo sale a flote la verdadera situación. De cada cien personas empleadas en Cartagena, 53 trabajan por cuenta propia, que es una actividad muy cercana a lo que se conoce como “la economía del rebusque”.

“Es decir ‘yo no puedo quedarme con los brazos cruzados viendo que mi familia muere de hambre y contemplando el desempleo, claro que tengo que ponerme a hacer algo y hacer algo es poner una venta de minutos, es poner una venta fritos, es ponerme a trabajar como mototaxi’. Ese es el empleo que predomina en nuestra ciudad”, reflexiona Dewin Pérez Fuentes, director del programa de Economía de la Universidad de Cartagena y director del Observatorio del Mercado Laboral de Cartagena y Bolívar.

Una manera de entender lo que ocurre con el empleo en Cartagena es mirarlo por la posición ocupacional de quienes trabajan. En esta clasificación el 53 % lo hace por cuenta propia y si se mira en la categoría de formalidad, el 54 % del empleo es informal. “Sea cuál sea la clasificación que se use la cifra está mostrando la cruda realidad de la mala calidad del empleo en Cartagena.”, enfatiza Pérez.

Según el mismo Dane, en Cartagena disminuyó el desempleo al mismo tiempo que disminuyó la oferta de empleo. ¿Cómo es posible esto?

La tasa de desempleo es el resultado de dos fuerzas: la presión de la gente que sale al mercado de trabajo que constituye la oferta laboral y la capacidad que tiene el aparato productivo de absorber esa mano de obra, es decir, las vacantes que se generan.

Según el Observatorio Laboral, es posible que aunque se cree menos empleo, el desempleo baje porque disminuye la presión de la gente en el mercado de trabajo, es decir hay menos gente buscando empleo y no porque haya mejorado su condición social, laboral o socioeconómica; sino porque la gente tiene malas expectativas de lo que ocurre en el mercado de trabajo y se inactivan; desisten de buscar empleo o se “inventan” algo en que rebuscarse. 

“Esta es la causa del fenómeno ocurrido en Cartagena, por tanto, no es acertado decir que el desempleo bajó porque está funcionando la política y la sinergia entre la empresa y el estado. La realidad fue que lo que bajó fue el número de personas buscando un empleo formal”, comenta Pérez Fuentes.

Otro dato que corrobora la poca calidad del empleo en el “Corralito de Piedra” es que de cada 100 empleos, 17 son subempleos; en esta jerarquía entran los trabajos temporales y los trabajos pagos por día o por hora.

CAUSAS DE LA DISMINUCIÓN DE LA OFERTA DE EMPLEO

El empleo es la variable clave que hace nexo entre cómo le va a la economía de una ciudad en sus renglones fuertes, producción y ventas; y cómo le va a la gente. Si la economía de Cartagena crece, pero esta no logra impactar en la oferta ni en la calidad del empleo la brecha entre ricos y pobres se acentúa.

Esto es lo que ocurre en Cartagena. Mientras el Gobierno habla de que la ciudad está creciendo económicamente, el ciudadano del común se queja de que la plata no alcanza y que para ganar un poco más y cumplir con los compromisos tiene que disminuir el tiempo de ocio con su familia para trabajar más. Un referente nacional sobre esto es lo manifestado recientemente por la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE) que afirma que el colombiano promedio diariamente trabaja 10,4 horas al día, mucho más que la media en los países desarrollados que es de 7,3 horas por día.

En Cartagena el primer renglón de crecimiento económico es la industria, pero ocupa el cuarto puesto en generación de empleo. ¿Por qué?

Según Dewin Pérez, esto ocurre porque la industria cartagenera es intensiva en capital, no en mano de obra. Esto quiere decir que utiliza más tecnología que trabajadores. “No estamos diciendo que sea malo que la industria se tecnifique. Lo que está malo es que no haya en la ciudad encadenamientos productivos entre los diferentes sectores para que ese crecimiento económico impacte en el mayor número de residentes posibles”.

El sector que pesa en la generación de empleo es el del comercio, restaurantes y hoteles. De cada 100 empleos, este sector genera 32, pero son empleos inestables, de poca duración y con una alta tasa de informalidad.

La otra razón de que haya poca oferta de empleo, explica María Claudia Peñas, directora de Cartagena Cómo Vamos, es que el 99 % de las empresas en la ciudad son microempresas. Solo el 1 % de las empresas son grandes y están en capacidad de ofrecer empleos dignos. En la ciudad hay 27.886 microempresas y 156 empresas grandes. Muchas de estas microempresas ni siquiera funcionan como tal, solo fueron creadas en algún momento por una persona que para contratar un servicio se vio en la necesidad de formalizarse ante la Cámara de Comercio. Son microempresas más cercanas a la economía de subsistencia que de acumulación de bienes.

“Un aparato productivo así no tiene capacidad para generar empleos de calidad”, advierte Peñas.

La mayor vocación de las microempresas en Cartagena es el comercio al por mayor y al por menor y la reparación de vehículos y motocicletas; luego le sigue la industria manufacturera y el sector de alojamiento y servicios de comida y construcción.

“Ese es un problema también. Cuando hablan de quitar las mototaxis, no solamente estamos hablando del mototaxista y su familia sino de la gran cantidad de talleres de reparación de motos que hay en la ciudad. ¿De qué van a vivir?”, cuestiona Peñas.

LAS DESIGUALDADES POR GÉNERO

La situación del empleo en Cartagena es preocupante de manera general, pero cuando se entra a discriminar por género, el tema se agrava para las mujeres.

La participación laboral de las mujeres en 2015 fue de 20 puntos inferior a la de los hombres. De cada 100 mujeres en edad de trabajar en Cartagena, sólo 40 salieron a buscar empleo y de cada 100 hombres, lo hicieron 60. La tasa de ocupación es similar, de esas 40 mujeres sólo el 45,8 % logró emplearse y de los 60 hombres, 65,5 % se ocupó.

El desempleo es el doble para mujeres y la informalidad del empleo de las mujeres es cinco puntos mayor que la de los hombres.

“Ese mundo de exclusión en últimas se refleja en que la brecha salarial en Cartagena entre hombres y mujeres es del 36 % a favor de los hombres. En promedio una mujer gana 36 % menos que un hombre teniendo el mismo capital académico y la misma experiencia”, comenta Dewin Pérez.

La principal causa de exclusión de las mujeres en el mercado laboral es la sociedad patriarcal que hay en Cartagena. Mientras los hombres entran a la oferta laboral libres de otras ocupaciones, las mujeres deben responder, con la misma eficiencia a otros compromisos, como hacer los oficios de la casa, cuidar de los demás miembros de la familia e incluso la condición se les agrava cuando tienen en el hogar a un anciano o a un familiar con una enfermedad o discapacidad grave.

“Es un tema de cultura. Por diferentes circunstancias la mujer debió entrar al mercado laboral para apoyar la consecución de ingresos del hogar, pero lo hizo sin que se redefinieran los roles de familia. Así el hombre sigue creyéndose el único proveedor y la mujer, pese a la ayuda que le da, sigue siendo vista como la responsable de los oficios y la que debe tener obediencia plena”, comenta Pérez.

Una vez las mujeres logran ingresar al mercado laboral, en éste se encuentran con otras barreras. Las ideas preconcebidas de la sociedad acerca del rol que deben cumplir las mujeres se extiende al tipo de trabajo que les ofrecen. El 70 % de las que trabajan se desempeñan en servicios de comercio, restaurantes y hoteles. En estos sitios también barren, tienden camas y atienden a otras personas, lo que se constituye en una variable del estereotipo de la mujer en el hogar.

Una segunda barrera es que los empresarios creen que una empleada sale más costosa porque deben pagar licencias de maternidad y conceder permisos familiares ya que cuando se trata de atender reuniones escolares, citas médicas y otros menesteres parecidos, se cree que esta obligación recae cien por ciento en la mujer.

LOS INDICADORES DE POBREZA

Cuando se revisa cómo impacta la situación del empleo a los indicadores de pobreza lo más relevante es que la movilidad social en Cartagena es casi nula. Pasar de un estrato social menor a uno mayor es difícil, casi imposible.  

Según Cartagena Cómo Vamos, la línea de pobreza monetaria en Cartagena desde el 2002 viene rebajando, pero no muy sustancialmente. En el 2015 se mantuvo casi igual que la del 2014 con una tasa de 26,2 %, que son aproximadamente 260 mil personas viviendo con 253 mil pesos mensuales para cubrir gastos de vivienda, servicios públicos, transporte y alimentación.

“Si comparamos a Cartagena con otra ciudad del país, Cartagena es la ciudad que más cantidad de población en pobreza tiene, mucho más que Barranquilla, que Pereira e Ibagué. En el ranking Bucaramanga se postula con menos pobres”, expresa María Claudia Peñas. Según la misma estadística, el 4,2% de los cartageneros viven en pobreza extrema. Esto quiere decir, según los estándares definidos por el Dane, que ese porcentaje de gente cuenta con menos de 102 mil pesos al mes para comprar sólo alimentación. 

LOS RETOS

De acuerdo al análisis hecho por el Observatorio del Mercado Laboral, los retos para mejorar la situación económica de los cartageneros incluyen la optimización de la estructura productiva de la ciudad y del departamento. Para ello se debe elaborar una ruta de trabajo que fomente una industria con un alto valor agregado, es decir que la economía pase de producir materia prima a producir bienes intensivos en tecnología y conocimiento; que se pase de producir café, madera o carbón a producir también el último derivado de estos productos.

Esa meta requiere que Cartagena le apueste al campo de la ciencia y la tecnología con mano de obra calificada y en ese sentido la necesidad devuelve el proceso al primer eslabón de la cadena productiva: la educación. Garantizar que los pobres también reciban una educación de calidad en la primaria, la secundaria y la universidad es lo único que garantizaría la movilidad social y evitaría que las oportunidades se concentren en unos pocos y a riesgo de que las ganancias queden en manos de foráneos.