En cuarentena, adoptemos a un voceador

26 de marzo de 2020 12:00 AM

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A sus 69 años, Daniel Carriazo vive convencido de que vender periódicos ha sido la mayor bendición y el oficio que espera seguir ejerciendo hasta el final de sus días.

“A punta de periódicos he levantado a mi familia, vendiendo todos los sagrados días de Dios, entonces qué más le puedo pedir a la vida, esto es lo que haré hasta el día que me muera”, dice con una sonrisa el Chiqui, como es conocido en la zona.

Y es que quien ha transitado por las calles del barrio Manga, quizás se ha topado alguna vez con Carriazo y sus periódicos. Afuera de una casa, entre la Tercera Avenida y la avenida La Asamblea, Carriazo echó raíces hace veinte años e hizo de las noticias un negocio que le ayudó a criar tres hijos y hoy sigue siendo su sustento.

Pero todo empezó mucho antes, cuando apenas tenía diez años, mientras los niños de su edad quizás jugaban o estudiaban, en medio de la adversidad que atravesaba su familia, siguió los pasos de su primo, quien vendía periódicos en el Centro y fue así como aprendió el arte de este oficio.

“Desde los diez años empecé a vender periódicos, cuando un primo hermano los traía, él compraba los periódicos y me llevaba al centro, cuando estábamos allá, me daba unos cuantos y así comencé, en ese entonces no conocía ni Manga, ni Pie de La Popa, caminaba por las calles del Centro y terminaba en el Portal de los Dulces”, explica.

Sin planearlo, la venta de periódicos fue el instrumento para seguir adelante y no echarse a los malos pasos, por eso asegura que nunca ha sido un sacrificio levantarse cada día a las tres de la madrugada para comenzar su labor.

“Si no fuera por esto, quién sabe dónde andaría, pero esto fue lo que Dios destinó para mí, por eso me levanto todos los días bien temprano, para estar a las cuatro de la mañana en la sede de El Universal y a eso de las cinco comienzo a repartir a domicilio y a las siete de la mañana me vengo al negocio y me quedo hasta las dos de la tarde”, sostiene. (Lea aquí: Así responde El Universal al COVID-19)

Cada mañana, llueva, truene o relampaguee, Carriazo se pone su chaleco amarillo del diario Q’hubo y sale de su casa, recoge su producto, como puede, camina varios kilómetros diariamente por las calles del Pie de La Popa y Manga, dice que le gusta vender el periódico mientras recorre la ciudad en los puntos donde ya tiene sus clientes, a quienes, sin importar la distancia, nunca les queda mal y les lleva las noticias recién salidas.

En cuarentena, adoptemos a un voceador

“Ya aquí la gente me conoce y me todos han ayudado mucho, mire que la señora de la casa no me dice nada por estar aquí, hasta me defiende y me deja guardar las cosas, yo no me puedo quejar, estoy muy agradecido de mis clientes, ellos hasta me prestan cuando el día está malo y luego yo les pago con periódicos”, dice Carriazo mientras suelta una carcajada.

***

Caminando o en bicicleta, bajo el sol, el calor e incluso la lluvia, diariamente los voceadores o vendedores de prensa recorren desde la madrugada las calles de Cartagena para llevar los periódicos hasta las puertas de las casas, las oficinas o simplemente se estacionan en un punto para ofrecer el diario a quienes pasan y desean estar informados.

Estas personas, que en su mayoría son adultos mayores dependen de la venta diaria para subsistir, se levantan todos los días a las tres de la mañana, llegan sin falta a la sede de El Universal y salen a vender el mayor número de diarios para tener, al final del día, el dinero necesario para abastecer a sus familias.

Hoy, cuando el país entero atraviesa la crisis sanitaria y económica a cuenta del coronavirus, que nos obliga a mantenernos en casa para protegernos, el estar en las calles los hace vulnerables a infectarse y, teniendo en cuenta que muchos tienen más de 60 años, correrían el riesgo de enfermarse gravemente, por eso aunque ellos quisieran seguir llevando la información de un lado a otro, deben cuidarse.

Debido a esto, los ingresos y el futuro de los voceadores están en riesgo, pues no podrán a salir a la calle a vender y muchos no tendrán siquiera con que comer, por eso hoy más que nunca estas personas que por años han dado lo mejor de sí para mantenernos informados necesitan que como sociedad los cuidemos para seguir cumpliendo con su labor cuando todo pase.

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En El Universal somos conscientes de la crisis que se avecina para los voceadores y contribuiremos a mitigarla, pero no podemos ayudar tanto como quisiéramos: los medios de comunicación también atraviesan una dura crisis por cuenta del bajón en la publicidad. Y esa es la razón de ser de esta página: necesitamos de muchas otras manos generosas para sumar esfuerzos y evitar que colaboradores como el señor Daniel Carriazo la pasen mal durante esta cuarentena. Como lector y parte de la ciudad, puedes sumar y adoptar a un voceador a través de donaciones a la cuenta de ahorros Bancolombia 085-000007-08, a nombre de EDITORA DEL MAR S. A. con Nit. 890.404.273-8 y con ello adoptaremos a decenas voceadores para que puedan mantener sus ingresos y a sus familias mientras pueden volver a las calles a vender periódicos.

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