En Nelson Mandela dicen que los reductores les hacen daño

30 de octubre de 2017 12:00 AM

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En el sector Los Deseos de Nelson Mandela, Israel Pacheco se agarra de la silla cada vez que un busetón de Transcaribe se acerca al reductor de velocidad que está a pocos metros de su casa. Cierra los ojos y cuando siente que pasó la pequeña vibración, los abre de par en par para verificar que no le haya salido otra grieta a su casa, generadas según él por el paso de los buses sobre los reductores de velocidad.

No es el único caso, en el Alto Bosque, con cada vehículo pesado que pasa sobre los reductores, sienten que se caen los platos en la cocina. El problema, dice la comunidad, es que los conductores no bajan la velocidad lo suficiente, antes de pasar por los resaltos.

Los efectos provocados por la instalación de reductores de velocidad en varios sectores, se ven ahora, meses después de su implementación, hasta el punto de que algunos han pedido que los retiren aunque eso implique volver al riesgo de accidentes de tránsito.

No alcanzó el dinero

El contrato de instalación de estos señalizadores se acaba a finales de octubre, pero el presupuesto no fue suficiente y están pensando en ampliarlo.

“La comunidad los ha pedido porque necesitan más seguridad, quieren bajar la accidentalidad, y hemos venido instalando - más de lo presupuestado de hecho -  y lo estamos haciendo en muchos sectores de la ciudad”, afirmó Julio Padilla, coordinador de señalización del Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte, DATT. Padilla dijo que aunque el contrato vence este mes, aún tienen muchas peticiones de comunidades por atender, pues se han instalado en cercanía de instituciones educativas, centros de vida, paseos peatonales y otras vías.

Algunas de las comunidades que siguen esperando la instalación son sectores del Alto Bosque, César Flórez y el 20 de Julio. La demora, señaló, se debe en parte a la gran demanda y por otro lado a que han tenido que reforzar la señalización en otras zonas.

Tacarigua, Villa Estrella y en la calle La Villa o calle 51, entre la vía Perimetral y la avenida Pedro Romero, pidieron que les retiraran los resaltos de 5 centímetros porque -al igual que en Nelson Mandela- los carros pasaban sin bajar la velocidad, lo que molestaba en las casas. “Lo que hicimos fue agregarles bandas alertadoras, para que el carro tenga la obligación de bajar la velocidad”, comentó el funcionario.

¿Dañan pero no hay detrimento?

En Nelson Mandela no reforzaron los resaltos. Por la entrada principal se cuentan cuatro filas de reductores que algunos mototaxistas y conductores de carros se pasan sin cuidado. Hace tres semanas, cansados de esperar que el DATT resolviera su solicitud de retiro, empezaron a quitar las piezas plásticas. “Nosotros las cogimos con la pulidora porque siempre decían que venían y nada, en medio de eso llegó la policía y suspendimos, luego el DATT quitó lo demás”, dijo Deivis Zabaleta, líder comunal de la zona.

Antes de que llegara la policía, la comunidad destruyó dos piezas. Julio Padilla explicó que hay algunas que no se recuperan porque además de estar enchazadas con metal, las unen al piso con un pegamento muy fuerte, pero que esto, supuestamente, no resulta en detrimento patrimonial.

Fueron cerca de 20 barrios y sectores donde se instalaron 814 metros lineales de bandas alertadoras transversales, 52 bandas sonoras de estoperoles y taches, así como 276 resaltos plásticos. “La disminución en la accidentalidad se ha notado en muchas zonas. En Bocagrande y la Avenida del Lago, los vehículos pasan con más prudencia”, dice Julio.

Los conductores también se quejan
Un taxista que pasaba por la vía de Nelson Mandela aseguró que tuvo que cambiarle la suspensión al carro porque tanto resalto la había deteriorado. Al respecto, Padilla dijo que si pasaran a la velocidad indicada, los vehículos no se verían afectados.

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