En Nuevo Bosque hay una sexta etapa en peligro

24 de julio de 2019 12:00 AM

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En los últimos años la gran preocupación de los habitantes de la sexta etapa del barrio Nuevo Bosque, es el futuro de la Loma del Marión, que viene siendo invadida indiscriminadamente y sin tomarse en cuenta que ha sido declarada zona de alto riesgo.

Es uno de los sectores más centrales del barrio en cuestión, puesto que sus vías son transitadas por cualquier cantidad de vehículos, tanto privados como del servicio público, ya que se interconecta con barriadas vecinas como Nueva Granada, La Pajarera, Altos de San Isidro, Las Brisas, Altos de Nuevo Bosque, El Bosquecito, La Campiña, Manzanares, Los Calamares y Ceballos, entre otros.

Sus residentes dicen que podría estar conformada por unas 500 viviendas, en donde conviven unas 2.500 personas. Está clasificada como estrato dos, pertenece a la Localidad 1 y todas sus calles gozan de pavimentación.

Al momento de preguntárseles por el problema más urgente a resolver, habitantes no dudan en señalar que las autoridades deberían enfocarse en la detención de las invasiones en la Loma del Marión, evento que los está perjudicando de manera ostensible, empezando porque el Distrito debió construir hace muchos años un muro de contención, que todavía se está esperando.

Faisudy Fontalvo Cabarcas, una de las gestoras sociales, explica que principalmente son cuatro manzanas las que están recibiendo directamente los perjuicios de la invasión, pues, en primera instancia, en cuanto se empieza a socavar la tierra para levantar las nuevas casas, el sedimento se apodera de las calles peatonales, sobre todo cuando cae un aguacero.

Esto se nota claramente en las calles vehiculares, donde el sedimento se acumula en las orillas de los andenes y muchas veces cubre las lozas hasta endurecerse de tal manera que ha sido imprescindible la utilización de maquinarias, para arrancar las costras de arena y piedra que se desprenden de la loma.

“Hace unos diez años –recuerda Fontalvo Cabarcas--, cuando comenzamos a alertar a las autoridades sobre las incipientes invasiones, recién había superado la reubicación de cincuenta familias a las cuales se les cayeron sus viviendas por la debilidad de la loma. Fue en esa época cuando el terreno fue declarado zona de alto riesgo. Sin embargo, los invasores han seguido llegando, ya no a construir cambuches sino viviendas con ladrillos y hasta plafones para levantar segundos pisos”.

De acuerdo con la preocupación de los residentes, ya no sería posible desmantelar las construcciones que muestran un progreso a todas luces imparable, “pero lo que sí podría hacerse es que les instalen sus propias redes de alcantarillado, porque, por no tenerlas, ahora doscientas casas de la sexta etapa tienen que sufrir la emisión de aguas servidas y la acumulación de excrementos que arrojan en bolsas plásticas en las zonas enmontadas”.

Cuando cambian de tema, los afectados se refieren a una preocupación reciente: la inseguridad. Según ellos, los atracos callejeros, la venta y consumo de estupefacientes y las riñas los fines de semana se están constituyendo en el nuevo paisaje urbano, fenómeno que suelen atribuirle al ya incontable arribo de venezolanos, quienes se asientan en las estribaciones de la Loma del Marión.

No obstante, otra parte de los residentes afirma que la desorientación de algunos jóvenes tiene que ver con el poco aprovechamiento de los espacios recreativos.

Una de las zonas verdes más grandes de Nuevo Bosque está localizada, precisamente, en el centro de la sexta etapa. Allí pudo haberse construido uno de los mejores polideportivos de la ciudad, pero, al parecer, las dirigencias comunales de años anteriores no se preocuparon por elaborar un proyecto en tal sentido, de manera que las autoridades distritales mucho menos tuvieron en cuenta la potencialidad de esos espacios.

En la zona grande solo existe una plantilla de cemento que construyó la comunidad con sus propios recursos, y en la que a veces se organizan encuentros deportivos con unos cuantos jóvenes, quienes aún están interesados en orientar sus vidas de otra forma.

Pero lo que predomina es la ocupación ilegal del espacio público en forma de parqueaderos y negocios de comidas, que no reportan ningún beneficio a la comunidad.

“Si se trata de proponerle algún proyecto al Distrito –dicen los gestores cívicos--, sería pedirles apoyo para que se cree una reglamentación, mediante la cual los comerciantes que ocupan la zona verde hagan un aporte monetario, ya sea semanal o quincenal, que se pueda utilizar para emprendimientos en la comunidad”.

Otros puntos

La comunidad pide la implementación de Transcaribe, ya que las busetas se volvieron insuficientes para la demanda de pasajeros.

Los residentes consideran que para ser una zona de estrato dos, las facturas de energía eléctrica y agua potable les llegan demasiado caras.

El sector cuenta con un centro de vida, pero la comunidad se queja de que no lo prestan para actividades cívicas diferentes.

No hay espacios para la recreación de los niños ni máquinas biosaludables para la tercera edad.

El sentido de pertenencia es precario.

El auge comercial en las calles principales es sobresaliente.

La desocupación registra altos índices entre jóvenes y adultos.

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