Getsemaní se marcha sin remedio

04 de octubre de 2017 12:00 AM

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Davison Gaviria Pájaro, el presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Getsemaní, hace parte del 10% de los habitantes raizales que aún sobreviven en esa zona colonial de Cartagena.

Getsemaní tiene unos 400 años de fundado, cuenta con todos los estratos económicos y pertenece a la Localidad 1 con 350 habitantes y 900 viviendas, de las cuales la mayoría ya no son familiares sino hoteles, restaurantes o boutiques.

Al igual que sus vecinos tradicionales, Davison  hace lo posible por estar al día con el impuesto predial y los servicios públicos, que cada año aumentan y han hecho que muchas familias vendan sus casas y se marchen a las zonas más lejanas de Cartagena.

Afirma que desde que comenzó el proceso de desplazamiento de raizales, que llaman “gentrificación”, no dejan de oírse noticias referentes a los viejos vecinos que han muerto de nostalgia por haber mal vendido las casas donde nacieron, crecieron, se casaron y tuvieron hijos y nietos.

“Muchos lo hicieron –explica Davison-- encandilados por las grandes sumas de dinero que les ofrecían los inversionistas extranjeros, pero después se encontraron con que, a la hora de repartirlas entre sus hijos, era poco lo que le tocaba a cada uno; y no pudieron conseguir casas baratas en sitios dignos. Es decir, después de tantos años de vivir en propiedades de respeto, les tocó mudarse para cuarticos incómodos y muchas veces arrendados. Eso terminó matándolos de pena moral”.

Ese es el principal problema de Getsemaní: el arrojo silencioso, pero efectivo de sus raizales y la ocupación de las casas que se convirtieron en zonas comerciales donde pocas veces los empleados son getsemanicenses, pero en cambio tienen que sufrir las molestias de los foráneos haciendo ruido con sus construcciones o resquebrajando las casas de los raizales en una clara violación del patrimonio histórico que ninguna autoridad quiere ver.

Encima de eso, las nuevas viviendas y negocios vienen congestionando las redes del fluido eléctrico, que, sobre todo los fines de semana, presenta fallas continuas debido a que no fueron preparadas para semejante demanda comercial. Y así mismo se comporta el sistema de evacuación de aguas pluviales: el barrio se convierte en un río vergonzoso bajo el más insignificante aguacero.

Ahora mismo no son pocas las calles en donde los únicos ocupantes son extranjeros y colombianos del interior del país, quienes permanecen con las puertas cerradas o con sus negocios abiertos, pero sin el aire vecinal de épocas pretéritas en donde la hermandad vecinal era el aire que se respiraba.

Los populares pasajes, en donde convivían varias familias, están sufriendo el impacto de las demoliciones, para convertirse en hostales y parqueaderos vehiculares, también llenos del silencio arrollador que siempre acompaña a ciertas formas del “progreso”.

Y tras ese discutible progreso llegan –según la JAC-- vendedores de  barrios distantes a sacar provecho del habitante extranjero, que suele ser su víctima en la ruleta siniestra del atraco y el asalto a mano armada; o su cliente, en eso de intercambiar monedas por sustancias alucinógenas.

Otros puntos
**“La Asociación de Vecinos de Getsemaní” y la “Fundación Gimaní Cultural” han hecho una alianza estratégica para rescatar tradiciones como la bola de trapo, la gastronomía y la feria “La muralla somos todos”, en la Calle del Pedregal, con el apoyo de la Escuela Taller Cartagena de Indias.

**El objetivo es que los getsemanicenses que viven en otros barrios, se pasen un domingo con sus antiguos vecinos.

**Hasta el momento se han mudado de Getsemaní unas 600 familias raizales.

**Los pocos raizales que quedan están concentrados en las calles Lomba, Callejón Ancho, Callejón Angosto y Calle del Pozo.

**Los raizales que intentan mantenerse, abren negocios en sus propias casas, pero las autoridades los restringen por usar los andenes.

**Los dueños de los grandes negocios usan las calles como parqueaderos, pero las autoridades no los restringen.

**En Getsemaní todo es más caro que en el cualquier otro barrio popular de Cartagena.

**El Parque del Centenario siempre ha sido el gran espacio recreativo, pero ahora falta la cancha de patinaje. La de baloncesto ya funciona. La Calle del Pedregal, es el estadio de bola de trapo. Y la Plaza de la Trinidad, el campo de golito infantil.

**La JAC no cuenta con salón comunal. Visualizan una casa en la Calle del Espíritu Santo, donde funcionaría la I.E. La Milagrosa y el salón de marras.

**En la Calle de Laguada, donde está la sede del Dadis, el Distrito puso un puesto de salud que funcionaba con excelencia, pero ahora solo es para medicina general.

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