La anemia falciforme, un gran riesgo en Cartagena

21 de octubre de 2019 12:00 AM

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Con todo y que Cartagena fue el puerto negrero más importante del vierreinato de la Nueva Granada, las autoridades de la salud no han intentado visibilizar, ni muchos menos enfrentar con las herramientas debidas, la enfermedad llamada “anemia falciforme”.

Se trata de una afección de los glóbulos rojos, que llegó al continente americano con el secuestro de los pueblos africanos durante el período de La Colonia, lo que indica que más del 70% de la población cartagenera no solo es portadora de esa condición sino que también debe estarse desarrollando en muchos organismos, sin que el paciente sospeche de qué se trata.

Esta consideraciones las tienen muy claras el arquitecto Carlos Carvallo Herrera, fundador y director de la Fundación Sicklemia, que funciona en el conjunto residencial Jardines de Junio.

Gracias al bagaje que manejan sus integrantes, la Fundación ofrece orientación a las familias de las personas que la padecen y se colabora con la consecución de los medicamentos, ya que se trata de una enfermedad controlable, algunas veces; y torturadora y mortal en otros niveles de afección.

Carvallo Herrera es portador de los rasgos de la enfermedad, y fue desde ese punto de vista cuando detectó que Cartagena no le ha salido al paso a tal padecimiento, cuando está en serio peligro de tener una gran cantidad de pacientes regados por toda la ciudad y sus corregimientos.

En las mismas condiciones está el resto del departamento de Bolívar.

Una herencia dolorosa

--¿Cómo nació está Fundación?

--Nació hace cinco años, porque tengo una hija que sufre esa condición en forma de severa. En 2013 sufrió una crisis que la mantuvo 48 días en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y al borde de la muerte. Se le afectaron los pulmones, los riñones, el hígado e hizo retención de líquidos. Eso me llevó a pensar que había que hacer algo por nuestros jóvenes y niños.

--¿En ese momento había alguna entidad enfocada en trabajar sobre ese mal?

--Ninguna. Lo venía haciendo, pero desde el punto de vista médico, la Casa del Niño; y después, la clínica Blas de Lezo. Pero nosotros vamos más allá de lo médico, porque estamos pendientes de los sectores de nuestra ciudad donde hay más posibilidades de que se manifieste la enfermedad, ya que se trata de población afrodescendiente.

--¿Cuál es el nombre correcto de la enfermedad y en qué consiste?

--Se llama “Anemia falciforme”, “Anemia depranósitica”, “Anemia de células falciformes”, “Sicklemia” o “Depranocitósis”. No es contagiosa, pero sí hereditaria. Las personas que sufren esta enfermedad tienen los glóbulos rojos incompletos, lo que hace que el torrente sanguíneo no irrigue los órganos al cien por ciento. Al suceder este fenómeno, la persona comienza a experimentar crisis de dolor en cualquier parte del cuerpo durante unas pocas horas o durante varios días. Sus síntomas son: palidez en la piel, los labios y las uñas; cansancio, mareo, falta de aliento, sensación de desfallecimiento, irritabilidad, déficit de atención y taquicardia. El agravamiento de esta enfermedad puede comprometer los diferentes órganos y desencadenar la muerte. A la persona que la padece le conviene vivir en climas cálidos y le perjudican los fríos.

--¿Cómo se detecta?

--Mediante un examen llamado “Electroforesis” o “Test sicklémico”. Posteriormente, se debe hacer otro examen llamado “Electroforesis con extendido periférico”, para determinar el porcentaje de sangre afectada. Generalmente, el niño nace sano, pero se le manifiesta a las 33 semanas de nacido. Comienzan a aparecer los síntomas y las idas recurrentes a los hospitales, hasta que con los exámenes se sabe que el niño tiene una condición incapacitante y catastrófica, por los altos costos que genera. Pero, además, puede producir afectaciones psicoafectivas en el hogar.

--¿Qué hace la Fundación en estos casos?

--El objetivo nuestro es, principalmente, alertar a las autoridades de salud de Cartagena, respecto a que esta enfermedad está entre nosotros, anidada en los organismos de muchos cartageneros, quienes lo más probable es que ignoren que la padecen. Esa alerta se basa en que la mayoría de nuestros ciudadanos son descendientes de africanos y residen en barrios vulnerables, de manera que no tendrían cómo enfrentar el tener un enfermo en su casa. Por el probable desconocimiento de las autoridades, se han dado muchos casos en los que la persona experimenta los síntomas, pero los médicos no le practican el tratamiento indicado, porque confunden la enfermedad con otro tipo de padecimientos; incluso, pueden pensar que se trata de algo pasajero e inofensivo. Nosotros orientamos a los pacientes sobre la naturaleza de la enfermedad, qué hacer, a dónde dirigirse; y si son de escasos recursos, los ayudamos con la consecución de los medicamentos. Asimismo, defendemos sus derechos ante las entidades de salud y el Estado.

--¿Qué deberían hacer las autoridades?

--Lo primero sería adelantar una caracterización para saber cuántas personas están en riesgo de padecer la enfermedad, cuántas la padecen, en qué estado están, en qué condiciones viven, cuáles son sus antecedentes familiares, etc. Lo siguiente sería organizar campañas de prevención y cuidados, puesto que la persona que nace con esa enfermedad no tiene reversa. Hay una cura para la enfermedad, que es el transplante de médula, pero es muy traumático y no recomendable para las personas que ya tienen varios órganos afectados.

--¿Qué precauciones debe tomar el paciente?

--Algo muy importante es que si piensa tener hijos, debe hacer que su pareja se examine, para saber si también tiene rasgos de la enfermedad. Si es así, se le debe informar que lo más probable es que su hijo nazca con rasgos; o, en el peor de los casos, sea portador de la forma grave de la enfermedad, como le pasó a mi hija.

--¿La enfermedad únicamente la heredan los afrodescendientes?

--La hereda cualquiera que haya tenido antecedentes familiares al respecto. Muchas personas blancas o mestizas, cuando las han puesto bajo tratamientos, siempre se les descubre que tuvieron un antepasado afrodescendiente, quien, además, tenía rasgos o desarrolló la forma grave. Es decir, si lo miramos bien, en Cartagena todos estamos en riesgo, debido al mestizaje histórico y continuo. Hasta el momento, en la Fundación tenemos 250 pacientes entre rasgos leves y graves. Y no son únicamente de Cartagena, porque en el resto de Bolívar también se detectan casos y nadie ha hecho algo. Los fallecimientos están alcanzando niveles preocupantes.

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