La Central pide ayuda para sus jóvenes

29 de enero de 2020 12:00 AM

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La dirigencia comunal del barrio La Central considera que el problema más preocupante que viene enfrentando esa comunidad, en los últimos años, es la desocupación.

Hace 42 años, cuando el barrio fue fundado sobre las lomas del suroccidente de Cartagena, tenía un aspecto campestre enmarcado por un clima agradable, aunque urgía pavimentar las calles, ya que la brisa permanente las hacía polvorientas sobre todo en la época decembrina.

Ahora, casi todas las vías están pavimentadas y los servicios públicos funcionan relativamente bien, pero les preocupan los jóvenes.

Juan Jiménez Ariza, el vicepresidente de la Junta de Acción Comunal, afirma que muchos de ellos terminan el bachillerato, pero no ingresan a la educación superior, mientras que otros optan por enrolarse en el servicio militar, de donde regresan a enfrentar un panorama incierto.

“Algunos –prosigue—saben de sobra que no están muy bien capacitados para entrar en la vida laboral, pero en lugar de buscar las maneras de entrar a la universidad o a la educación técnica, se les da por buscar mujer y tener hijos. Lógicamente, la situación se les aprieta y es cuando deciden conseguir el dinero como sea”.

Decisiones como esas, según los activistas cívicos, son las que están incrementando la inseguridad del barrio, puesto que muchos de esos jóvenes desorientados les hacen caso a los de algunos barrios aledaños, quienes llevan mucho años sorteando actividades ilícitas.

“En estos momentos –lamentan los líderes comunales-- el barrio está acumulando muchos fleteos y asaltos a casas familiares y locales comerciales, pero también mucho consumo de estupefacientes. Tenemos entendido que la mayoría de delincuentes vienen de otros barrios a vender drogas entre esos jóvenes qué aún no saben qué hacer con su vida”.

Sin embargo, los residentes no desconocen la colaboración de los agentes policiales del cuadrante de la zona, como tampoco la de los efectivos apostados en la estación del vecino barrio Los Caracoles.

Al mismo tiempo están convencidos que el alineamiento de los jóvenes necesita de estrategias un poco más humanas de parte de las autoridades distritales y hasta de las empresas privadas, en eso de facilitar las opciones educativas y laborales que se requieren.

“Nosotros --anota Juan Jiménez--, como líderes comunales, hemos hecho lo posible por acercarnos a esos jóvenes a tratar de convencerlos de que enderecen en el camino, pero solos no podemos. Necesitamos el respaldo de las fuerzas vivas de la ciudad”.

Igualmente, los de la JAC aceptan que no todo es negativo con el material humano que se está levantando en el barrio.

“Aquí hay varios muchachos que se han mantenido siempre en el camino recto, a pesar de las dificultades que hayan podido tener sus familiares para educarlos; y ahora son excelentes profesionales, quienes sacan la cara por el barrio en cualquier parte. A esos son los que ponemos de ejemplo cuando vamos a dialogar con los que andan extraviados”, relata la dirigencia cívica.

De otro lado, existe la contrariedad de que el barrio fue levantado sobre lotes en los que solo se proyectaron viviendas familiares, pero no espacios recreativos, de manera que desde hace 30 años comparten una cancha con los barrios El Milagro y Los Caracoles, pero el recinto está en terrenos de La Central.

Dice Liliana Olivo, otra integrante de la JAC, que al lado de la cancha también comparten una sede comunal, “pero los de Los Caracoles y El Milagro se han apoderando del espacio deportivo, en el cual se suponía que iban a hacer unas adecuaciones, pero está llena de malezas, deteriorada (lo mismo que la sede) y los enfrentamientos entre los tres barrios son cosa diaria”.

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