Cartagena


La Esperanza es una dura promesa

Después de haber superado algunos problemas por la falta de obras de infraestructura, este barrio lucha por hacer que sus jóvenes no siempre vean la perdición como el único camino.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

30 de octubre de 2019 12:00 AM

Si hace algunas décadas la gran preocupación del barrio La Esperanza era la falta de obras de infraestructura, ahora lo es el destino de los jóvenes.

Shirley Soto Chávez, la presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC), asegura que los jóvenes de su barrio no tienen oportunidades para salir adelante y que el resto de la ciudad solo los recuerda como pandilleros.

Al respecto, reconoce que el barrio cuenta con cuatro pandillas, las cuales, en los últimos meses han reducido su accionar, gracias a las gestiones de pacifismo que han venido adelantando los líderes comunales, las cuales temen que se rompan en cualquier momento, porque esos mismos jóvenes no saben en qué invertir el tiempo libre.

Los gestores cívicos relatan que algunos muchachos logran culminar el bachillerato, pero otros no. Algunos tratan de ingresar a instituciones de educación técnica, pero casi nunca pasan de la entrevista.

Una vez fracasados en el intento por continuar sus estudios, los jóvenes se integran a la economía informal, ya sea como mototaxistas o como comerciantes, pero otro número importante de ellos tropieza con la desocupación y las riñas entre pandillas.

“Nosotros creemos –explica Shirley Soto-- que pueden estar pasando dos cosas: o la educación que reciben entre primaria y bachillerato no es de buena calidad; o los padres de familia no están participando en el proceso académico, para que los jóvenes salgan bien preparados hacia la educación superior”.

De acuerdo con esa teoría, lo acostumbrado en la zona es que solo dos jóvenes logren ingresar y coronar con excelencia la educación superior, de manera que son pocos los perfiles profesionales, a pesar de la gran población que habita en ese barrio.

“Desde que organizamos la actual Junta de Acción Comunal, hemos intentado desarrollar una política de amor, comprensión y no maltrato con los jóvenes. Porque, precisamente, son las malas relaciones familiares las que los empujan a tomar los malos caminos. Pero por la táctica que estamos ensayando, es que las riñas pandilleras se han reducido considerablemente”, manifiesta Soto Chávez.

Esto último, según la dirigente cívica, ha redundado en la casi desaparición del atraco callejero, que unos meses atrás era cosa común, lo mismo que los heridos que atiborraban la sala de urgencias de los CAP de La Esperanza y el vecino barrio La Candelaria.

Cada vez son menos los jóvenes violentos, no solo porque muchos de ellos cuentan sus problemas y hallan soluciones con los de la JAC, sino también porque un grueso número ha decidido enrolarse en el servicio militar con el ánimo de cambiar de vida.

“Otros han formado sus hogares y se han dedicado a ejercer algún oficio que les mantiene la mente ocupada, pero nosotros insistimos en que las autoridades deberían ofrecer más oportunidades para los jóvenes de escasos recursos, puesto que las juntas comunales no tienen tantos recursos, como para ayudarlos a solidificar mejores caminos”, opinan los trabajadores cívicos, quienes agregan que otro factor que facilita el desviamiento de los jóvenes es la falta de espacios recreativos.

Hace más de cien años, los pescadores que fundaron La Esperanza se ocuparon más en rellenar la ciénaga de La Virgen, para levantar casas que por abrir campos donde construir los escenarios deportivos y las zonas recreativas que ahora le hacen falta al barrio.

La Esperanza tiene más de 180 años de fundado.

Lo componen tres sectores: Navidad y Puerto de Pescadores; Las Delicias y sector Obrero.

Tiene 4 mil 500 viviendas. La JAC cree que debería hacerse otro censo para determinar el número de habitantes, puesto que han llegado muchos ciudadanos venezolanos.

Pertenece a la Localidad 2.

Su vecinos: La Candelaria, La Quinta, La María y Alcibia.

No hay espacios recreativos.

Jóvenes y niños hacen deporte en las calles en tramos pintados con nombres de equipos de fútbol.

Los usuarios quieren que el CAP sea reemplazado por un hospital de tercer nivel.

Las calles Primero de Mayo, Lozano y Lozano, Balverde, Benjamín Herrera, Pablo Emilio Bustamante, Jorge Eliécer Gaitán fueron pavimentadas a medias.

La Cuberos Niño es la única que está completamente pavimentada.

Los servicios públicos funcionan bien.

Se requiere un nuevo programa de mejoramiento de viviendas.

Algunas casas todavía no tienen batería sanitaria.

Por estar en una zona alta, el barrio no se inunda en épocas de invierno.

Hay tres instituciones educativas.

Las mototaxis y los camperos colectivos son el transporte público.

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