Aniversario Cartagena: “La historia debe contarse mejor”

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“La historia de Cartagena no empieza el 1 de junio de 1533”, afirman los historiadores Estela Simancas Mendoza, de la Universidad de Cartagena, y Moisés Álvarez Marín, director del Museo Histórico de Cartagena.

“Hay que interpelar esa fecha --insiste Simancas Mendoza-- investigando y revelando mucho más sobre la existencia de la aldea Calamarí, donde habitaba la etnia caribe, que fue la más reciente que encontraron los invasores europeos cuando llegaron a estos territorios y a cuyos pobladores renombraron como ‘indios’”.

Para Álvarez Marín se hace necesario y pertinente que en una fecha como esta se memorice el pasado de la ciudad, puesto que desde hace mucho tiempo se viene celebrando alrededor de las huellas de la cultura europea en el continente americano, y últimamente sobre las dinámicas de la cultura afro, sin hacer mucho énfasis en la etnia Caribe, que fue el elemento humano que convivió con antelación.

Estela Simancas, por su parte, trae a colación que, para una fecha como esta no debería hablarse de “fundación” sino de “refundación”, puesto que las pesquisas vienen arrojando que el territorio ya había sido fundado siglos antes de la presencia europea, y en este se habían desarrollado ciertas prácticas sociales en lo relacionado con la política, la arquitectura, navegación, culinaria y las guerras con objetivos expansionistas, pero con una visión diferente de lo que era la cultura del llamado viejo continente.

“Tampoco debería hablarse de ‘celebración’ --advierte la historiadora-- sino de ‘conmemoración’ o ‘tributo’ al grupo humano caribe que fue diezmado por la espada y el catolicismo, lo que da una idea de las posibles causas de que actualmente no se localice una traza abundante de dicha etnia en la región Caribe, como tampoco documentos que den luces sobre su vida y desarrollo. En fin, se trata de un crimen cultural que no tiene fundamento para festejarse”.

Pero a pesar de que ambos historiadores hacen la salvedad sobre la urgencia de ahondar más en la historia de la aldea Calamarí, los primeros indicios dan cuenta de que sus habitantes (los hombres caribe) estaban regados por casi todo lo que hoy es el Caribe colombiano --o región Caribe-- con vestigios que datan de 12 mil años antes de Cristo.

“Según esas cuentas --explica Álvarez Marín--, los caribe que encontró Pedro de Heredia lo que hicieron fue recibir muchas herencias culturales de las otras etnias que ya habían pasado por aquí durante bastantes años atrás. Ellos, como cultura, tenían realmente poco tiempo, porque antes se habían concentrado en el mato grosso brasilero y luego emigraron hacia las costas de Suramérica. Es decir, se trataba de un grupo humano semi nómada, que también tenía aspiraciones expansionistas, pues siempre estaba tratando de conquistar territorios.

“Pero más allá de las ambiciones territoriales, uno de los elementos culturales de la aldea Calamarí que más ha trascendido en el tiempo fue el casabe, producto culinario heredado de sus remotos antepasados y acogido después por los españoles, debido a su capacidad para conservarse por largas temporadas, tomando en cuenta que los viajes entre un continente y otro demoraban varios meses (si no había percances), y para eso se necesitaban alimentos de gran durabilidad. Eso indica, además, que el casabe fue el primer alimento hecho por manos americanas en llegar a tierras europeas”.

Como buenos sujetos de las costas, las familias caribes eran expertas en todo lo concerniente al mar, empezando por la recolección de sus frutos para procesarlos como alimentos y terminando en la construcción de embarcaciones con las cuales se transformaron en excelsos navegantes, aún en medio de las bravuras de alta mar.

“Gracias a esa pericia culinaria, todavía disfrutamos de los cocteles de mariscos y demás productos del mar, los cuales fueron enriquecidos con los conocimientos de los españoles y la cultura gastronómica que trajeron los africanos”.

Las técnicas de construcción de los caribes es otra de las huellas persistentes de su paso por la tierra, toda vez que se las ingeniaron para levantar viviendas con varas de caña de corozo o cañabrava, las cuales rellenaban con barro combinado con residuos de vaca, mezcla que es conocida como bahareque. Los techos de esos aposentos eran entretejidos con palma, modelo habitacional que todavía se usa en las zonas rurales de la región Caribe.

“Ese tipo de arquitectura fue asimilada por los europeos para construir las primeras casas que necesitaron para asentarse, mientras construían las viviendas de estilo español que aún sobreviven en Cartagena”.

Respecto a la habilidad navegadora de los caribes, el logro máximo fue haber construido piraguas con capacidad para albergar hasta cincuenta personas y para navegar tantos kilómetros como para lograr encontrarse con los hombres taínos de lo que ahora es la isla de Puerto Rico.

“Esas técnicas de navegación (igual que el casabe) fueron aprovechadas por los españoles para acceder a las costas de la aldea Calamarí, porque, como no conocían el territorio, sus grandes barcos encallaban antes de llegar a las orillas. Por eso optaron por aprovechar las embarcaciones de los caribes, después de dejar los barcos fondeados lejos de la costa, para acercarse a esta en las piraguas”.

Una vez establecidos en tierra firme, los españoles encontraron que los caribes de Calamarí se movilizaban dentro de una organización social a cuyo mando estaba un cacique, quien tenía como consejero a un chamán, quien muchas veces terminaba cobrando más importancia ante la comunidad que el mismo mandatario.

“Ese chamán, además de consejero del cacique, era una especie de interlocutor entre los humanos y las divinidades. Los pobladores consultaban con él todo lo relacionado con lo espiritual, las siembras, la guerras, etc. De ahí que la aldea estuviera en forma circular a semejanza del sol y la luna, sus principales deidades”.

Cuando la presencia española se agigantó en el territorio, los caribe abandonaron Calamarí para refugiarse en poblados vecinos, que probablemente eran de su misma cultura. Por eso, según los historiadores, no hay mayores improntas sobre esa gente, ni siquiera en las primeras crónicas que dieron a conocer los españoles sobre la refundación del territorio.

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