Cartagena


Llegó de Caracas y vivió el duelo migratorio: la historia de una universitaria

El mayor miedo de María era un día levantarse y ya no hablar venezolano, olvidarse de quien fue y todas esas historias que ocurrieron en su tierra.

EL UNIVERSAL

03 de julio de 2023 03:50 PM

“Hoy conozco los nombres de las calles de Cartagena mucho más de lo que conocí las calles de Caracas”, dice María Alejandra Espinosa con la voz quebrantada, superando aún aquel duelo migratorio que se ha extendido por cinco años, no pensó que duraría tanto, y mucho menos, que haría una vida aquí.

A veces se siente impotente por perderse tantas etapas de su familia. Unos días desayuna patacón con queso y gaseosa, otros días se levanta y prepara arepas con huevos perico, un desayuno que aunque le sepa a Venezuela, no es igual, porque no lo está comiendo en su tierra, con los suyos. No obstante, se siente afortunada de conocer a cartageneros que han sido como ángeles para ella, en una etapa tan importante como lo es la juventud. Lea también: Audi Núñez y Joel Soto, los venezolanos que con baile eliminan fronteras

El mayor miedo de María es un día levantarse y ya no hablar venezolano, olvidarse de quien fue, de sus amigas del bachillerato y todas esas historias de complicidad. María teme ser olvidada, que algún día regrese y ya no la reconozcan.

Llegó de Caracas y vivió el duelo migratorio: la historia de una universitaria

Aunque no todo es tristeza, se siente orgullosa de la mujer en la que se ha convertido aquí, toda una comunicadora profesional. “Yo llegué aquí en el año 2018, mi abuela vivía aquí en Cartagena y yo acababa de graduarme del colegio, mi familia hizo un esfuerzo millonario para tramitar allá los papeles y que yo me viniera a vivir con mi abuela. Al principio tenía pensado buscar aquí una universidad para estudiar medicina, pero me di cuenta que la comunicación era lo mío, los eventos, la farándula”.

En 2018 María era tan solo una adolescente temerosa en medio de “una ciudad que la podía devorar”, hoy es muy popular por ayudar a organizar fiestas masivas. “Cuando llegué aquí me mandaron a apostillar los papeles del colegio en la Registraduría, en ese proceso tardé como tres meses, además de las pruebas ICFES, porque allá hacen otro tipo de pruebas de estado. Vi la oferta en Bellas Artes y me escribí ansiosa porque haría nuevos amigos, una nueva vida, así como en las películas”.

María llegó con una situación económica estable; a ella y su abuela no les faltaba nada, además que gozaban de una pensión y una cómoda casa de dos plantas en el barrio El Bosque. Pero la verdad era que aún no sabía a lo que se estaba enfrentando, se acercaba a lo que en psicología se denomina “duelo migratorio”; estar entre dos países, dos culturas, dos grupos de personas, dos planteamientos vitales, dos emociones enfrentadas, afrontando las ganancias y pérdidas, poniendo a prueba sus capacidades de adaptación y preparación psicológica para el cambio.

“Entré a la universidad y afortunadamente caí muy bien, mi personalidad me ayudó porque soy extrovertida y en Venezuela era muy popular. Toda esa seguridad la reflejé aquí, me enredaba al principio con los calendarios, la metodología educativa es diferente, la forma de colocar las calificaciones, acá no dicen estados, sino barrios. Pero me fui acostumbrando, me gustó entrar a una universidad de artes, donde comencé a aprender sobre cine, literatura, manejo de cámaras, estaba en mi mundo, en lo que me gustaba... el espectáculo. Como yo estaba juiciosa y tenía buenas calificaciones un tío me ayudó con los gastos, nuca tuve problemas económicos o dificultades para pagar la matrícula”, contó.

El mundo laboral en Cartagena

Entre enero y febrero del año pasado, según una de las más recientes encuestas Pulso de la Migración del DANE, el 85% de la población venezolana en Colombia tuvo dificultades para tener un trabajo pago. El año pasado María Alejandra terminó académicamente la universidad, lo que trajo consigo las prácticas profesionales. “Aquí vino la parte difícil, porque es este el momento en que un estudiante de comunicación en Cartagena se da cuenta que esta ciudad carece de oportunidades en sectores como el cine y la producción audiovisual. Quienes se dedican a la comunicación aquí lo hacen a través de la radio o la prensa, al principio me frustró mucho no conseguir nada, las prácticas no las pagaban y me desmotivaba demasiado, porque quería ser auto suficiente. Así que un amigo me dijo que metiera la hoja de vida en una discoteca que abrirían nueva, donde me iban a pagar por trabajar en la parte de administración”, contó a El Universal.

Llegó de Caracas y vivió el duelo migratorio: la historia de una universitaria

La joven venezolana logró quedarse con el puesto. “Comencé a trabajar ahí y me destaqué, daba mis puntos de vista sobre algunos eventos y mis sugerencias eran bien recibidas. Ahí realicé aportes de conocimientos que adquirí en mi carrera, como el marketing, manejo de redes sociales, los reels, la publicidad. Me encargaba de muchas cosas, desde buscar artistas, hasta contratar sonido, proponer las temáticas de los eventos y la decoración, así como también diseñar flyers para promocionar las taquillas”. Lea también: Stephanie, la mujer venezolana que encontró su propósito en Olaya

María ha colaborado en eventos para la discoteca Nigazz y festivales como el Afrodancehall Fest.

En abril de este año María logró graduarse como profesional en comunicación audiovisual, y hoy ya no le teme al desafiante mundo laboral. “Esta transición de adolescente a mujer adulta es fuerte, cuando se acaba la universidad viene un mundo de responsabilidades, expectativas que cumplir. Gracias a Dios ya sé cómo ganarme la vida, soy afortunada de tener una carrera que me respalda. Y si me quedo varada en algún momento, monto un emprendimiento de ropa (como lo he hecho en algunas ocasiones). Sueño con triunfar aquí y ayudar a mi familia, acabar con esa frontera y reunir lo suficiente como para viajar y verlos de nuevo”.

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