Los caracoles, en el mar del microtráfico

12 de julio de 2017 12:00 AM

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La nueva Junta de Acción Comunal del barrio Los Caracoles llamó la atención sobre la drogadicción y el microtráfico, dos flagelos que tienen como víctimas a los jóvenes de esa zona.

Santiago Alvear Pérez, presidente de la JAC, afirmó que este es el problema más preocupante que ha tenido el barrio en sus 44 años de fundado.

Los Caracoles está considerado como uno de los principales barrios de la zona suroccidental de Cartagena. Es estrato tres, tiene 2.000 viviendas y 14.700 habitantes, además de que está rodeado de sectores igualmente reconocidos como Blas de Lezo, El Milagro, Almirante Colón y El Campestre.

Una parte de su área bordea la avenida conocida como Transversal 54, que también atraviesa barrios vecinos como Las Delicias, Buenos Aires y La Troncal, que hacen frente con el Centro Recreacional Napoleón Perea Castro y el Campo de Sóftbol Los Caracoles, ambos escenarios famosos del barrio en comento.

En los últimos años, Los Caracoles ha experimentado un auge comercial dinámico, que se nota en la profusión de restaurantes, abastos, boutiques, peluquerías, estaderos y fuentes de soda, sin descartar las grandes edificaciones habitacionales.

Colindando con los barrios El Campestre y Almirante Colón está una de las mejores estaciones que la Policía Nacional haya ubicado en un barrio popular de Cartagena.
Alvear Poveda considera que son varias las causas por las cuales los jóvenes de su barrio están cayendo en la drogadicción:

La primera tiene que ver con la falta de cohesión familiar, “porque en muchas viviendas los padres trabajan, los niños van al colegio y pasan el resto del día jugando con aparatos electrónicos y redes sociales, que no siempre son buenas para recrear la mente”.

La segunda causa está relacionada con la poquedad de espacios recreativos para los niños, desde los cuales se les podría empezar a preparar para que asuman actividades artísticas, culturales y deportivas que los mantengan alejados de las amenazas.

La tercera apunta a que el barrio está rodeado de sectores con problemas de orden público, cuyos actores delincuenciales tienen a Los Caracoles como corredor de venta de estupefacientes.

“Todos los días --dicen los activistas cívicos--, desde las 4 de la tarde, los vemos reunirse a un lado del campo de sóftbol. Allí organizan sus correrías y después se distribuyen por diferentes partes del barrio. Los fines de semana aprovechan el arribo de los jóvenes a los expendios de licores para venderles las drogas”.

Aclaran, asimismo, que no son todos los jóvenes, ya que una gran cantidad de ellos están dedicados a los estudios y a la práctica de algún deporte, “pero todo eso deben hacerlo en medio de un ambiente que no es el ideal, sobre todo para los niños, que todo lo copian”.

Los de la JAC dicen haber buscado la ayuda de entidades como la Sijín y la Secretaría del Interior, “pero esta última lo que nos dijo es que no tiene presupuesto para atender a los jóvenes que quieren recuperarse, que son varios, pero cuando ven que es poca la ayuda que se les da se desaniman y vuelven a sus andanzas”.

Pero también es cierto que varios han logrado escapar de las drogas, “uno de ellos es activista evangélico y nos ayuda mucho con la orientación a los jóvenes que aún no han caído en esos vicios. También hay otros que ya profesionales y en diferentes ramas, pero necesitamos más colaboración de las entidades públicas y privadas que trabajan en Cartagena”.

Algunos establecimientos de bebidas alcohólicas colaboran con la JAC en el sentido de controlar el ingreso de menores de edad, pero sobre todo de personas reconocidas como expendedoras de alucinógenos.

OTROS PUNTOS

--En cuanto a servicios públicos, las quejas de la comunidad siempre se dirigen hacia las altas facturaciones, sobre todo en energía eléctrica y agua potable.

--Con la ayuda de la Estación de Policía los líderes comunales ya crearon varios frentes de seguridad que han reducido los atracos y los hurtos en residencias.

--Los Caracoles  no tiene colegios de bachillerato, solo jardines infantiles. La mayoría de los jóvenes estudian en el Inem y en la Institución Educativa Almirante Colón.

--La JAC tiene entre sus planes la construcción un puesto de salud, que permita una atención inmediata antes de que los pacientes decidan acceder a centros médicos como las clínicas Blas de Lezo y San Juan de Dios.

--A pesar de los buenos oficios de la empresa Urbaser, todavía hay residentes que optan por arrojar escombros y restos de podas en cualquier esquina o solar.

--Poco a poco Los Caracoles se ha ido quedando sin una ruta de buses urbanos. Los residentes, muy  temprano, deben tomar motos o exponerse a un atraco mientras caminan hacia la Transversal 54 en busca de una buseta.

--Las casas abandonadas del sector militar están sirviendo como refugio de drogadictos, expendedores y atracadores.

--La Carrera 62A, entre Los Caracoles y Blas de Lezo, sufre avanzado deterioro, además de que está subutilizada. Su recuperación podría servir para descongestionar al barrio de su abundante tráfico vehicular.

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