Cartagena


Los raspaos que se ganaron la confianza de Manga

PEDRO TORRES VERGEL

07 de marzo de 2013 12:01 AM

Por su honradez y amabilidad, la gente de Manga los acogió desde aquellos tiempos distantes en que la barriada iba a jugar en los espacios generosos del Fuerte San Sebastián del Pastelillo y a los terrenos contiguos en el Parque Román.
Aquellos vendedores de raspao que tenían malas mañas, pronto fueron desplazados por la misma comunidad y en cambio les brindaron sus afectos a ‘El Chino’ y a ‘Moncho’, hace unos 30 a 40 años. 
Se trata de Francisco Guzmán Camacho y Romelio Salcedo Ortega, pero casi nadie en Manga los conoce por sus nombres verdaderos, sino como ‘El Chino’ y ‘Moncho’, respectivamente.
Mientras la mayoría de la gente busca la forma de huirle al implacable sol que habitualmente abrasa a Cartagena, estos dos hombres de piel tostada lo desafían, pues saben que los días de mayor calor son también los de mejor venta de este popular y antaño refresco conocido como raspao, y en ese contraste encuentran el sustento diario de sus familias.
A diario pedalean en sus triciclos largas distancias desde sus lugares de residencia en otros barrios de la ciudad, para llegar a Manga a ofrecer su apreciado granizado, que cuesta $700 el sencillo y 1.200 con leche condensanda, y es uno de los productos representativos de la Cartagena tradicionalista. 
“Yo salgo del barrio San Isidro a las 9 de la mañana para llegar aquí al barrio Manga, y me toca cruzar por una avenida donde pasan muchas tractomulas”, comenta Francisco Guzmán, dejando entrever el peligro al que se expone para complacer a sus clientes y ganarse unos pesos.
‘EL CHINO’
Francisco Guzmán Camacho, o ‘El Chino’, como le dicen por sus ojos evidentemente rasgados, ha vendido raspao en Manga durante más de 30 años, eso es la mitad de su vida, pues tiene 61 años de edad y es cartagenero descendiente de familia chinuana.
Para vender sus raspaos habitualmente busca las orillas de la Avenida Miramar desde las 10 de la mañana, en un lugar donde menos cause incomodidad al tráfico vehicular, pero eso sí, dándole la cara a la hermosa vista panorámica que brinda la bahía desde esta vía
Le fía a gente de confianza, “como todo paisano chévere”, consciente de que no siempre sus semejantes disponen de los pocos pesos que vale el raspao.
Al mediodía se traslada entonces al Colegio Montessori para suministrarle su económico refresco a los niños y jóvenes que salen de la jornada de clases.
A las 4 de la tarde se va con no menos de 20.000 pesos en el bolsillo cuando el día ha estado malo de ventas, pero muchas otras veces llega a su casa con 50.000 y hasta 80.000 pesos, cuando la jornada de trabajo ha estado “elegante”.
‘MONCHO’
A Romelio Salcedo Ortega lo conocen más como ‘Moncho’, con 39 años vendiendo raspao, “desde 1974, cuando yo tenía 25 años”.
Guarda billetes de museo, de ese dinero colombiano de reliquia, para la remembranza de sus primeras ventas de este delicioso granizado y de aquellos tiempos tan distintos a los de ahora”
“El primer raspao que vendí valía 1 peso con 50 centavos”, rememora mostrando en sus manos diversos billetes de distintas nominaciones históricas, que conserva como un tesoro en una bolsa plástica donde nos les llegue el sudor de su cuerpo ni la lluvia repentina.
‘Moncho’ tiene 6 hijos y vive en La Esperanza, y habitualmente se estaciona con su convencional vehículo en la Calle Real, principalmente frente a Coomeva.
Trabaja todos los días y manifiesta que sus descansos son aquellos que él considera convenientes. “Trabajo de lunes a domingo, no tengo día fijo para mi descanso, pero cuando preveo que el día no estará bueno, me quedo en la casa”. Esos son generalmente los días lluviosos y algunos festivos.
Finaliza con esta precisión: “En las Fiestas de Noviembre la gente no deja de comprar raspao  debido al ambiente fiestero de la época, esos días a veces son lluviosos, pero igual la gente compra raspao porque está en fiesta”.

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