Cartagena


Manga, Bocagrande y Castillo están sitiados por excrementos de mascotas

PEDRO TORRES VERGEL

26 de julio de 2012 12:01 AM

Si su perro lo hace por instinto, entonces usted recójalo por educación.
El creciente problema ambiental y de salubridad producido por el inadecuado manejo de los excrementos de las mascotas, ha minado la paciencia de la gente que no tiene animales, derivando en conflictos entre vecinos por la irresponsabilidad de los dueños de perros y gatos.
Los paseos peatonales de Manga, Bocagrande y Castillogrande, y parques como el Coral Gables, el Navas y  el de Castillo, además de las zonas verdes, los jardines de las casas, los andenes, las vías y las áreas comunes en general, son destinadas a letrinas por muchas personas insensibles, para que sus mascotas hagan sus deposiciones.
Un residente de Manga que no tiene animales, pero que tampoco puede sacar sus hijos al paseo peatonal por el riesgo de que se ensucien con heces de animales o de que contraigan alguna enfermedad por la enrarecida atmósfera del sitio, indignado le comentó a  El Universal que “muchos dueños de mascotas son victimarios de los que no tenemos perros, y se desentienden irresponsablemente del asunto sin darles la gana de entender que tener una mascota es como tener un niño, que necesita de mucho cuidado e higiene”.
Otro habitante de Manga que prefirió mantener en reserva su nombre, analiza que el problema por las deyecciones de las mascotas es más bien nuevo, de los últimos 15 años, y se ha acentuado con el auge de la propiedad horizontal y los conjuntos residenciales, “porque antes la gente tenía patios amplios para mantener a sus animales y no los sacaban a incomodar al vecino”.
MÁS TESTIMONIOS
En el Paseo Peatonal de Bocagrande, el residente Erwin Hernández, en una ocasión le pidió el favor a una empleada doméstica, de que recogiera el excremento que acababa de dejar su perro en un área verde, y la respuesta fue: “Yo no lo recojo, porque yo le dije a mi patrona que no recogía mierda”.
La ciudadana de Manga, Elina Angulo, le dijo a una señora que le hiciera el favor de adoptar medidas para que su mascota no hiciera las deposiciones en su terraza, es decir, en la casa ajena, y le respondió que ella pagaba muchos impuestos y por eso su perro lo podía hacer donde se le diera la gana.
Josefina Gómez de Diazgranados manifiesta: “Donde yo vivo me ha tocado ponerme a limpiar popó de animales, y los que no tenemos perros no estamos obligados a aceptar la porquería de los demás. Por la calle del Colegio Eucarístico (en Manga) eso es desagradable por los excrementos de los perros”.
ES LA GENTE MÁS JOVEN
El residente César Fuentes Henao dice que él tiene tres perros, y que cuida de ellos de manera responsable para no causar molestias a sus vecinos, y anota que “hay personas que no tienen conciencia de esta situación, aunque tú ves señores que sí recogen las heces de sus perros, pero el problema es con la gente joven y las empleadas domésticas, que no lo hacen”. 
Luis Fonseca Castillo, presidente de Asomanga, complementa lo apuntado por sus vecinos, indicando que desde hace poco más de un año “hemos tratado de crear cultura y conciencia ciudadana sobre este tema, para que la gente se autorregule, pero no hemos tenido avances significativos”.
Se refiere, entre otras acciones, a la campaña cívica-educativa ‘Si su mascota lo hace por instinto, usted recójalo por educación’, promovida con avisos disuasivos y baños caninos, emprendida por esa organización comunal junto con la Policía, a la que se han unido la Fundación Ángeles con Patas y el periódico semanario Gente Bahía. De igual manera en Bocagrande, con apoyo del consorcio Pacaribe.
Hay 5 baños caninos instalados hace unos 4 años en el paseo peatonal de la Avenida Miramar, copia traída de Ciudad de México, donde se controla exitosamente el problema.
Fonseca hace hincapié en que “a Manga ha llegado a vivir una población emergente de personas que “creen que pueden irrespetar al vecino, no tienen principios de pertenencia, es gente que no colabora ni con la seguridad de ellos mismos, porque los atracan en la puerta del edificio y ni siquiera ponen el denuncio”.
¡BASTA!
El karma de los excrementos de perros y gatos dispersos en cualquier paseo o zona pública, es sin duda uno de los problemas grandes de contaminación en Manga y Bocagrande, además del ruido y la degradación de los cuerpos de agua.
“Decidimos que los seis primeros meses se le daría zanahoria a la propietarios de mascotas y que después se les daría garrote a quienes no se acogieran a los más elementales principios de convivencia ciudadana, porque la gente sigue en la misma insensibilidad para con los demás”, advierte Fonseca Castillo.
Junto con la Policía y el Gobierno Local se disponen a aplicar la Ley 746 del 19 de julio del 2002, con la cual se regula la tenencia de caninos en las zonas urbanas y rurales del territorio nacional, “a fin de proteger la integridad de las personas, la salubridad pública y el bienestar del propio animal”.
Especialmente en sus artículos 108-A y 108-D, este estatuto se dedica a las contravenciones de las personas con sus ejemplares caninos, precisando que su tenencia requiere de alojamiento, alimentos y custodia en condiciones adecuadas e higiénicas.
Señala también que con fines de absoluta sanidad con el animal, será deber de las copropiedades reglamentar la permisividad apenas tolerable con la mascota.
SANCIONES
El Artículo 108-D de la Ley 746 del 2002 reza lo siguiente:
“Queda prohibido dejar las deposiciones fecales de los caninos en las vías, parques o lugares públicos. Los propietarios o tenedores de los perros son responsables de recoger convenientemente los excrementos y depositarlos en bolsas de basura domiciliaria, o bien en aquellos lugares que para tal efecto destine la autoridad municipal”.
Parágrafo: “Los propietarios o tenedores de caninos que no recojan los excrementos en los lugares señalados en el inciso anterior, tendrán como sanción impuesta por la autoridad municipal competente, multa de cinco (5) salarios mínimos diarios legales vigentes (2 millones 833 mil 500 pesos), o sanción de uno (1) a cinco (5) fines de semana de trabajo comunitario, consistente en limpieza de los lugares que la respectiva alcaldía municipal defina”.
“En caso de renuencia, se impondrá arresto inconmutable de tres (3) a cinco (5) días: la autoridad municipal procederá a trasladar el caso a la autoridad competente para conocer el caso y aplicar la sanción respectiva”.
Esta ley contempla también que en caso de incumplimiento de todas las medidas de sanidad, el animal será decomisado por la policía, y los gastos por la permanencia del animal en las perreras o en el sitio que determine la autoridad correrán por cuenta de su propietario.
BOGOTÁ Y CARTAGENA, EN EL MISMO CONFLICTO CANINO
Hace algunas semanas el eltiempo.com publicó los resultados de una encuesta realizada en Bogotá por el Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana, sobre ¿cuál es el tema que más pesa en los conflictos entre los vecinos?, y la respuesta fue “los excrementos de los perros”, reflejo práctico de lo que está sucediendo en Cartagena, “por encima de las basuras y del ruido, que son los otros problemas que afectan la convivencia”.
La crítica se concentró en el manejo que los dueños de las mascotas hacen de los excrementos. La encuesta capitalina se le hizo a 3.500 dirigentes comunitarios. Alrededor de 2.100 de los encuestados (el 60 por ciento de total) aseguraron que el asunto de la caca del perro abandonada en el espacio público es lo que más afecta la tranquilidad y la convivencia. En una escala de 1 a 100, pesa entre 80 y 100 en la conflictividad, respondieron. Otros mil y pico aseguraron que el impacto es entre 60 y 80.
Pero el asunto no es que la mayoría de la capital esté teñida de excrementos, “sino que lo estén las calles, los parques y las zonas comunales, porque los dueños de las mascotas no recogen las heces de sus perros”, dice el reporte de eltiempo.com.
En Bogotá, con 7’500.000 habitantes, hay un perro por cada 11 personas, de manera que “más de siete millones de seres pensantes, racionales e inteligentes que viven en la capital, conviven con 650.000 perros”, reflexiona el medio de comunicación bogotano.