“Me sonaron los machetes”: renuncia la presidenta del barrio La Esperanza

18 de mayo de 2020 04:54 PM

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La pandemia del COVID-19 no solo está dejando dolor en muchas familias cartageneras sino que además, ha provocado rencillas entre los líderes comunales y los residentes.

(Lea: Las medidas que se tomarán en Nelson Mandela para contener el COVID-19).

Algunos habitantes, sin tener certezas de las acusaciones que lanzan, piensan que las Juntas de Acción Comunal gozan de recursos monetarios propios o están en la obligación de entregar ayudas humanitarias, cosa que no es real, ya que los miembros de las JAC solo gestionan para el beneficio general.

Y eso es precisamente lo que sucedió en el barrio La Esperanza, donde la presidenta Shirley Soto fue increpada hace poco por sus propios vecinos, quienes la acusaban de no querer entregar ayudas humanitarias que supuestamente tenía represadas en su casa.

La mujer, quien lleva dos periodos como presidenta, le narró a El Universal toda la angustia que vivió ese día, cuando más de 300 personas violaron la cuarentena y el distanciamiento social para ir al frente de su casa a lanzarle improperios.

“La semana pasada las ayudas humanitarias de la Alcaldía venían en camino desde los sectores de Olaya Herrera, y día a día cubrían más barrios, La Esperanza estaba en ese cronograma para esos días, pero la gente estaba muy desesperada. El miércoles una empresa privada donó unos pollos para dárselos a los habitantes del barrio y yo estuve coordinando esa entrega, que era independiente a la de la Alcaldía, pero todo el mundo se me vino en contra porque pensaron que yo había cambiado los pollos por los mercados, y eso no era así. Llevaron machetes, los sonaban en el suelo, decían improperios, fue algo horrible. Yo en ese momento no estaba en mi casa, pero mi hija de 18 años sí se encontraba y el susto que se llevó fue muy grande, ella estaba dando sus clases virtuales de la universidad cuando llegaron las personas”, narró con tristeza Shirley.

Por partida doble

Pese al suceso, la líder salió al paso a las injustas acusaciones y, en compañía de la Infantería de Marina y la Policía Nacional, coordinó la entrega de los pollos a cada familia del barrio y nuevamente les explicó que eso no tenía que ver con los mercados de la Administración Distrital.

Al día siguiente, jueves, los residentes de La Esperanza se dieron cuenta de lo injustos que fueron con la presidenta, pues coincidencialmente ese día la Alcaldía retomó la entrega de ayudas en la zona y llegó al barrio para atender a más de 2 mil familias. Shirley, por obvias razones, nuevamente coordinó esa jornada y acompañó a las autoridades en la labor, yendo de casa en casa.

“Se le dio a todo el barrio, a cada familia. Yo pasaba orando para que llegaran rápido esas ayudas y así fue. La comunidad resultó más beneficiada que otras porque les dieron los pollos y les dieron sus buenos mercados, Dios bendijo a mi barrio”, relató la dignataria.

(Lea: Atracan a periodista de El Universal).

Sin embargo, y aunque no guarda resentimientos, la presidenta de la JAC fue enfática al decir que esa acción de sus vecinos le sirvió para reflexionar sobre su vida y su tranquilidad, por eso decidió renunciar a su cargo.

“Tengo la carta lista, desafortunadamente no hay oficinas abiertas y no me han podido atender. Estoy atada. Pero es una decisión tomada, por el bienestar mío y de mi familia. Además, es hora de darle paso a otras personas, a los jóvenes”, finalizó Shirley Soto.

Es de recordar que el 26 de abril pasado se debían realizar las elecciones para escoger a los nuevos miembros de las Juntas de Acción Comunal de los diferentes barrios de Cartagena y el país, pero por el coronavirus esto quedó aplazado hasta nueva orden.

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