Cartagena


“Que no se olviden de que existimos”: habitantes de la ciénaga de La Virgen

Habitantes de las invasiones de este sector piden más participación en los macroproyectos que se piensan para esta zona. Temen por el futuro de sus hogares.

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

01 de noviembre de 2020 12:00 AM

Vivir sobre la ciénaga de La Virgen es vivir con el miedo constante de que en algún momento la misma naturaleza venga en reclamo de lo suyo. Que las inundaciones arrasen con las viviendas de material que los mismos habitantes han construido, e incluso, con el temor latente de que alguien venga a despojarlos de ese lugar sin garantías de poder hallar refugio en otro sitio. (Le recomendamos: [Vídeo]: La vida sobre la ciénaga de La Virgen)

Es vivir expuesto a plagas, a enfermedades y a enfrentar serias condiciones de hacinamiento. Pero aún así, hace 13 años, más de 60 familias asumieron ese riesgo, y ahora están asentadas en el mayor extremo del sector 11 de Noviembre del barrio Olaya Herrera, desde donde es posible contemplar el imponente Viaducto del Gran Manglar al otro lado y a la vía Perimetral tan solo a escasos metros.

Dos obras cuyas inversiones fueron millonarias y que contrastan con la pobreza extrema que de a poco sigue adentrándose más en la ciénaga. Es así como estos habitantes han visto crecer el desarrollo de la ciudad: siempre a un costado.

Pero ahora que desde el Distrito se habla de lo que será el macroproyecto del ‘Malecón de la Ciénaga de La Virgen’, más que alegría por pensar en que una inversión como aquella podría mejorar su calidad de vida, lo que reina en el sector es la incertidumbre de qué pasará con sus hogares, ya que la terminación de la vía Perimetral, que bordeará toda la ciénaga, naturalmente implica la contención de todas las invasiones que allí se han asentado. (Lea aquí: Malecón Ciénaga de La Virgen: la gran apuesta del Distrito por Cartagena)

Es el caso de Virgeidys Roa, una cartagenera que ante la necesidad de tener una vivienda propia para su familia llegó hace un año a construir su casa en esa invasión.

“Hemos escuchado mucho de ese proyecto del cual no tenemos información específica. Aquí hay muchas invasiones y no sabemos si vamos a recibir ayuda para que nos reubiquen. El mensaje que podría enviarle al Distrito es que no se olvide de que nosotros existimos, de que estamos aquí, que aunque no es algo legal hacemos esto porque lo necesitamos, te aseguro que si el Gobierno diera más empleo nosotros no nos viéramos en estas necesidades”, expresa.

Y es que Virgeidys, madre de una niña de siete años, en realidad sueña con mejores condiciones de vida para ella y para su familia, sin embargo ante la inminente necesidad de un techo y pocos recursos para pagar un arriendo afirmó sentirse obligada a rellenar.

“Esto no es lo más cómodo y alegre que digamos, pero mientras haya vivienda todo está bien. Cada vez que se sube la marea es horrible, me pongo nerviosa, los vecinos lloran. Solo decimos ‘Dios mío, ¿cuál es la rabia? Apiádate de nosotros’. Todo esto se inunda y nos toca meter los pies en el agua, nos da rasquiña, infecciones, aquí hay mucha basura, insectos y de cuanta plaga se pueda encontrar. Son cosas inevitables pero son sacrificios que tenemos que pasar con tal de tener donde vivir”, asegura.

Y es que estos son males que no solo les pasan factura a los adultos sino también a los niños, no solo por las condiciones del ambiente sino por cosas tan aparentemente sencillas como tener un espacio donde jugar.

Es esa precisamente la mayor preocupación de Esteban* un niño de siete años que también vive con sus hermanas menores y con su madre en la invasión. “Cuando llueve muy duro esto se indunda (sic) y no tengo donde tirar mis juguetes para jugar con mis hermanas. Me gustaría que eso no fuera así porque a veces me aburro”, dice, y es en esa realidad en la que también se encuentran los demás niños que viven en el sector, donde por cuenta del terreno cenagoso no es posible ni siquiera poder montar en bicicleta.

“Aquí lo que hace falta es una solución en la que todos podamos cobijarnos. Una respuesta que tanto anhelamos para que nuestros niños y niñas estén en mejores condiciones”, puntualiza Virgeidys.

Cuando llueve la marea sube y el agua se mete a las casas. El acceso a la invasión también es más difícil. // Óscar Díaz - El Universal.
Cuando llueve la marea sube y el agua se mete a las casas. El acceso a la invasión también es más difícil. // Óscar Díaz - El Universal.

Sin embargo, lo que ella vive en ese lugar hace un año es la realidad que han tenido que pasar muchas más familias desde hace trece, cuando comenzó la invasión.

“Vivir aquí es una experiencia dificultosa para cada una de las familias de este lugar. Desde que empezamos hemos tenido varias experiencias que no nos han facilitado vivir en un lugar digno, no contamos con todas las cosas que necesitamos como seres humanos, ni siquiera contamos con los servicios, pero a pesar de todo hacemos lo posible por estar bien. Es difícil porque tampoco contamos con trabajo, estamos aquí por la necesidad de que no podemos pagar un arriendo o acceder a una vivienda propia”, expresa Zulybeth Villadiego, habitante del sector.

Sobre el proyecto que se avecina afirma que como comunidad solo quieren tener certeza de que también será algo beneficioso para ellos y no de que los van dejar a su suerte una vez comiencen a ejecutarse las obras.

“A esta comunidad le hacen falta muchas cosas, es obvia la situación remota en la que estamos viviendo pero necesitamos que haya una persona que esté a cargo de estos temas y que se acerque a nosotros y nos explique de la manera más sutil y tolerante posible para llegar a acuerdos”, manifestó.

Pero mientras eso sucede los habitantes siguen enfrentando como pueden su situación de vida, en pleno invierno, cuando la permanencia se hace más difícil y el agua se vuelve su mayor amenaza. Aun así resisten ante la necesidad de mantener un techo, de tener un refugio para sus familias, pero sobre todo de poder tener un sitio al que llamar hogar.

Lo que dice el Distrito

Sobre el megaproyecto del Malecón de la Ciénaga de La Virgen y su impacto sobre estas invasiones, el director del Establecimiento Público Ambiental (EPA), Javier Mouthon, dijo que antes de comenzar a ejecutar las obras se harán pilotos para asentar a esta población dentro de proyectos de desarrollo urbanístico para mitigar su riesgo de inundación y en la misma medida también ir recuperando el ecosistema de la ciénaga.

“Es un proceso mutuo, pues se recupera el ecosistema y estas personas tendrán una vivienda mejor de la que tienen ahora. Ya después vendrá la fase de construcción y elaboración del Malecón que será un espacio público, ecológico y ambiental”, indicó.

El funcionario añadió que este trabajo demandará mucho tiempo y recursos pero que la intención es que sea sostenible y sirva como solución para toda el área de influencia de la ciénaga.