Mercados y bonos, un alivio en medio del aislamiento obligatorio

29 de marzo de 2020 10:00 AM

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A menos de un kilómetro de la playa de Villa Gloria, un asentamiento raizal cerca al corregimiento de La Boquilla, Antonio mira desde afuera de su casa el vaivén de las olas, como esperando que la fuerza de las aguas se lleve en un maretazo la preocupación que lo aqueja, no solo a él, también a su familia y a todos en su tierra.

Hace más de una semana, antes de que se anunciara la cuarentena nacional por el coronavirus, Antonio recibió en su restaurante de comida típica a quienes sin pensarlo serían sus últimos clientes, y ciertamente sus últimos ingresos, 90 mil pesos de los cuales hoy solo queda el recuerdo.

“Aquí somos muchos los que vivimos del turismo, pero sabemos que mientras no pase todo esto del virus no podemos abrir ni atender a los turistas, eso lo entendemos pero ajá de qué vamos vivir, eso es lo que me preocupa seño, yo tengo una esposa y tres hijos, con qué los voy a alimentar cuando se acabe lo poquito que nos queda”, se pregunta Antonio.

Su pregunta no es capciosa, es más bien la otra historia que se teje tras el coronavirus, la de cientos de familias que temen despertarse y no saber con qué llenar los estómagos de los suyos. En Villa Gloria, por ejemplo, Gloria Guzmán, fundadora y representante del Consejo Comunitario, indica que el 70% de las 200 familias que viven en el lugar, mayormente afrocolombianas, se dedican al turismo y al “rebusque”, dos oficios que por estos días y quién sabe hasta cuándo, están restringidos.

Pero como dicen las abuelas, cuando Dios cierra una puerta abre una ventana. En medio de la crisis y la incertidumbre de no saber qué será del mañana, como si el mar le hubiese llevado la queja de Antonio a quien correspondía, antes de que se ocultara el sol llegó el alimento para él, su familia y sus paisanos.

Una caravana cargada de víveres, abarrotes y productos de aseo interrumpió el silencio y la soledad de las calles de Villa Gloria, para llevarle tranquilidad a sus habitantes, quienes en medio del desconcierto y la precaución, salían a recibir el que seguramente será su único sustento por los próximos días.

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Las ayudas humanitarias para la población que no tiene un trabajo estable y en medio de la cuarentena obligada ha dejado de recibir ingresos para sustentar a su familia es uno de los temas que más despierta preocupación e interés en los cartageneros.

Sin embargo, el alcalde de Cartagena, William Dau Chamatt, sostuvo que estando él en el Palacio de La Aduana ninguna persona en la ciudad morirá de hambre, por eso su meta en medio de esta crisis sanitaria por el coronavirus es alimentar a cerca de 500 mil cartageneros.

Y precisamente ahí en Villa Gloria, la Alcaldía de Cartagena comenzó la entrega de la ayuda humanitaria que se repartirá en todos los sectores de la ciudad, para mitigar los efectos de la cuarentena por el COVID-19 en las familias cartageneras.

En total fueron 200 kits de aseos y mercados para Villa Gloria, pero las entregas continuaron en Marlinda e Isla de León, en El Pozón, se repartieron 1.000 bonos de supermercados por 100 mil pesos en igual número de viviendas.

Además de las ayudas humanitarias, Dau informó que se entregarán subsidios a la población vulnerable a través de bonos redimibles en algunos supermercados y almacenes de cadena de la ciudad.

Los primeros 1.965 bonos de mercado también de $100 mil ya fueron entregados. El alcalde explicó que inicialmente se entregarán cerca de 10 mil bonos, los primero 4.500 serán redimibles en Megatiendas y los otros 5.000 se podrán intercambiar en los almacenes Éxito. Los beneficiarios serán aquellas personas que no están incluidas en los programas gubernamentales, como Jóvenes en Acción, Adulto Mayor o Familias en Acción.

Esta población vulnerable ya está identificada y georreferenciada, por lo que la entrega se hará casa por casa y barrio por barrio.

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Tras recibir su mercado Antonio se levantó de la silla donde permanecía viendo el mar y entró su casa, ahora con una preocupación menos.

“Ya por lo menos sé que no nos vamos a morir de hambre, entonces mejor me entro pa la casa, pa que no me coja el coronavirus, porque ese sí que me puede matar”.

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