Un río de comparsas a orillas del mar

08 de noviembre de 2019 06:00 AM

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Más de 140 comparsas recorrieron la avenida Santander, desde el barrio Crespo hasta el barrio La Marina, tal como se tenía programado para celebrar el bando de la Independencia.

Una vez el alcalde (e) de Cartagena, Pedrito Pereira Caballero, hizo la lectura del Bando, comenzó a rodar la creatividad de la Región Caribe y de parte del interior de Colombia.

En medio de una fuerte presencia policiva, cartageneros y visitantes presenciaron las comparsas “Bahía de Manga”, “Negritas y negritos puloy”, del barrio Olaya Herrera; “Son África Chambacú”, “Marca Yemayá”, “Expresiones negras”, de Bocachica; “Raza latina”, “La cobras”, “Capuchones novembrinos”, “Juventud 100%” y “África insólita”, entre otras.

Aunque colores y figuras representaban la originalidad de los creadores, lo que sobresalía entre los diseños de la comparsas era el amplio componente afro, tanto en los atuendos de los danzantes, como en las carrozas que algunos grupos llevaron, como complemento de su puesta en escena.

Unas horas antes de que comenzara el desfile se temía que un cambio repentino del clima pudiera entorpecer con la lluvia la exhibición de tantos colores y figuras, pero, a final de cuentas, el cielo se comportó generoso hasta el final del evento.

A pesar de la ineludible presencia del calor, algunas comparsas cargaban tambores de cueros y cuñas, pero sus ejecutantes parecían ignorar el peso de la madera colgando de sus cuellos.

Aún así no decaía el sonido de los golpes que guiaban a los bailarines.

Al paso de algunos disfraces individuales y de grupos, ciertos asistentes extranjeros comentaron que si el Desfile de la Independencia continúa con el mismo orden y creatividad, podría igualar el nivel del Carnaval de Río de Janeiro.

Ricardo Bettín, un estudiante de derecho político, de la Universidad de Salamanca (España), comentó que “tenía como veinte años que no presenciaba las fiestas novembrinas de Cartagena, pero hoy me encuentro con que han mejorado muchísimo. Se ve más integración entre la gente; y me llama mucho la atención la importancia que se le da a la representación de la historia de la ciudad en medio de la trietnia que la compone”.

Un matrimonio de turistas oriundos de la localidad de Fusagasugá (Cundinamarca) salió de su hotel a conocer el Centro Histórico, “pero nos encontramos con este carnaval, algunas calles cerradas y muchachos amenazando a la gente con latas de pintura, para que les dieran plata. Parece que escogimos un mal día para conocer”.

Carlos Rodríguez, un comerciante cartagenero, quien caminó desde el sector El Boquetillo en la Playa del Tejadillo, hasta la calle Tumbamuertos, en el barrio San Diego, se mostró complacido con el gran dispositivo que la Policía Metropolitana de Cartagena instaló a lo largo de la avenida Santander.

“El buen orden del desfile --consideró-- es una muestra de que los cartageneros se están apropiando de sus fiestas. Recuerdo que en los años setenta, aunque la ciudad era más sana que ahora, no había un orden verdaderamente establecido para la marcha de las fiestas. Ahora sí las están poniendo a tono con las celebraciones folclóricas de otros países. Por lo menos, es eso lo que percibo en el bando de la Santander”.

Otro de los que resaltaron el innegable ingrediente africano que palpita en el espíritu de las comparsas (las locales, por supuesto), fue el poeta bolivarense José Sarabia Canto:

“Los carnavales --explicó-- además de ser una invitación a la integración colectiva, todavía siguen manteniendo el alma de protesta que los originó. Por eso la gente se sigue reviviendo la presencia del indígena y el hombre africano con sus disfraces, pero también la hegemonía del elemento europeo como un factor importante en el gran sincretismo que es el Caribe”.

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