Villa Gloria camina hacia la titulación colectiva

17 de abril de 2019 12:00 AM

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Villa Gloria es, tal vez, la vereda más joven de la zona corregimental de Cartagena: tiene apenas 25 años de existencia y un trecho largo por recorrer.

A mediados de los años noventa un grupo de familias pertenecientes a La Boquilla, a Cartagena y los corregimientos vecinos, cubrieron con cambuches las siete hectáreas de terreno donde se levanta la vereda, cuyos pobladores viven de la pesca y del turismo.

El único gobierno es del Consejo Comunitario, cuyo principal afán es la salvaguarda del territorio y de las costumbres ancestrales. “Por eso --explica Gloria Sánchez Anaya, la presidenta de tal gremio-- siempre que viene algún foráneo, quien lo trajo debe presentarlo ante el Consejo Comunitario y responsabilizarse de lo que pase durante el tiempo que esa persona esté aquí”.

Asimismo, una facción de ese mismo grupo cuenta con un comité ecológico que se ocupa de la salvaguarda de los manglares, a los cuales les organizaron una especie de invernadero con trojas de madera, mesas del mismo material y techo de plástico, en donde reposan unas 400 plántulas que cuando alcancen la fortaleza suficiente se sembrarán a las orillas de la Ciénaga de la Virgen, especialmente en los predios donde no trafique el pie humano.

Todos están sintonizados en el objetivo de cuidar a la comunidad. Villa Gloria carece de establecimientos de diversión, no hay juegos de maquinitas, ni bailes de picó, ni caletas de microtráfico, ni maltrato intrafamiliar.

“Desde que tienen la edad apropiada --señalan los nativos-- los niños deben ir a la escuela, luego al plantel de bachillerato y después a Cartagena a buscar carrera profesional o técnica. Si por alguna razón interrumpen sus estudios deben ponerse a trabajar, pero no pueden andar parados en las esquinas, deben hacer algo por ellos mismos y por la comunidad”.

La vereda cuenta con agua potable obtenida por medio de una pileta, cuyo líquido se almacena en unos tanques gigantes de PVC y luego es vendido por galones de 200 pesos a cada familia; la energía eléctrica es calificada por los mismos usuarios como de las mejores de la ciudad, pero faltan el pavimento, el alcantarillado y el gas domiciliario.

La vereda cuenta con 629 predios y 796 habitantes. Está clasificada como estrato menos uno y está repartida entre las calles El Retorno, El Manglar, El Colegio, La Iglesia y Antonio Caballero.

Las casas, la mayoría hechas con láminas de madera, intentan guardar la arquitectura isleña del gran Caribe, algunas favorecidas por las consultas previas que realizan las firmas constructoras que rodean el territorio, donde también se ha beneficiado la educación.

“Pero nuestra preocupación más grande --expresan los nativos-- es la obtención de la titulación colectiva, porque el Estado aquí no invierte ni un solo peso. Por eso no tenemos un puesto de salud propio. El más cercano está a tres kilómetros. Nos dicen que no se puede invertir aquí, porque estamos en zona de bajamar. Pero sabemos que hay inversionistas privados que tienen una escritura, sin importar que este terreno sea de bajamar y de alto riesgo”.

El único espacio recreativo es la playa. Allí, jóvenes y adultos, improvisan variados deportes u organizan integraciones vecinales a cielo abierto y con los productos que extraen del mar o de la ciénaga.

“Para mayo, que es el mes de la afrocolombianidad, estamos coordinando con el IPCC algunas acciones para organizar una feria gastronómica con los platos típicos del territorio. El Ider nos está ayudando para hacer el campeonato relámpago Copa 21 de Mayo, talleres y conversatorios con las mujeres, porque es en las zonas corregimentales donde más hay violencia contra ellas. Pero como nos han enseñado a temerle al qué dirán, de ese fenómeno nunca se habla abiertamente”.

La sede de la Institución Educativa Manzanillo del Mar está propendiendo porque también se le instale un comedor infantil. De hecho, al lado de las instalaciones del plantel se construyó, con la participación de una firma privada, un cómodo aposento con modernos equipos de cocina.

A un lado de ese mismo espacio se abre otro en donde se espera poner a funcionar una biblioteca con sus respectivos computadores y ayudas didácticas que enriquezcan el proceso educativo.

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