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La Rolita, la única cotera de la Galería de Manizales, carga una mejor vida

A Jenny Alexandra la sacó del anonimato el editor de fotografía de La Patria. La conoció a comienzos de marzo, cuando pasaba por la Galería de Manizales.

LA PATRIA

20 de febrero de 2022 12:00 AM

París, un gato de tres meses, permanece agarrado al cuello de Santiago Buitrago, asegurándose de que su amo no lo vaya a dejar. El joven, de 16 años, termina de empacar con prisa sus enseres junto a su mamá, Jenny Alexandra Valderrama, cerciorándose de que no se les quede nada en el que fue su hogar. De 2,5 metros de frente por 6 metros de fondo. Con decir que tiene más espacio un contenedor que esa vivienda levantada hace nueve años en esterilla sobre una plancha de cemento y techada con hojas de zinc.

“Chuchito, no se me puede quedar”, dice Jenny refiriéndose a la imagen de Jesús crucificado. La descuelga y le quita el polvo con la blusa que lleva puesta, después le ‘chanta’ un beso. Un colchón, una cama, una lavadora y un televisor es el trasteo que sale de un callejón de la vereda Corinto de Manizales. Para llegar a lo que Jenny y Santiago llaman casa, pero que un maestro de obra cataloga como ramada, se debe atravesar un laberinto.

La Rolita, la única cotera de la Galería de Manizales, carga una mejor vida

El motivo del trasteo es un acto de solidaridad, de humanidad, en medio de la pandemia. Un milagro, dicen unos vecinos, un golpe de suerte aseguran otros. Para Alexánder Villada, mejor amigo de Santiago, “es una chimba” (término para referirse a algo extremadamente bueno).

A Jenny Alexandra la sacó del anonimato el editor de fotografía de LA PATRIA, Freddy Arango. A comienzos de marzo, cuando pasaba por la Galería de Manizales en medio de un aguacero, vio a esta mujer bajar de un camión lo que quedaba de una lavadora convertida en chatarra. Preguntó por ella a sus compañeros de trabajo, todos hombres: “Es la berraca para desarmarlas. Es la única mujer que se le mide a echarse una lavadora o nevera encima, se le mide a lo que sea”.

Con esa información propuso en el consejo que realiza a diario la Sala de Redacción de este periódico y en el que cada periodista expone los temas que desea abordar, narrar la historia de la Rolita, como conocen a Jenny Alexandra en la chatarrería donde trabaja. El tema era relatar el oficio de este personaje, a propósito del Día de la Mujer.

Tras recibir la aprobación, realizó el reportaje gráfico aplicando eso de que el periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta, según el periodista argentino Tomás Eloy Martínez.

De corazón

Clic, clic, clic, clic, obturaba Freddy la cámara fotográfica, mientras la Rolita se echaba al hombro una estufa, después una nevera, luego una reja de una venta; como se echa la vida al hombro y le narraba cómo era capaz de cargar hasta 60 kilos. El 7 de marzo, la Rolita fue portada de la edición 35.334 de LA PATRIA. Aún conserva el periódico, pero lo que no esperaba era que un lector y empresario de la ciudad le tendiera la mano o mejor el corazón, y a través de las redes sociales de este medio de comunicación solicitara el contacto de Jenny Alexandra para anunciarle que deseaba arreglarles la casa.

En el reportaje ella narraba que cuando llovía se levantaba a las 2:00 o 3:00 de la madrugada para correr sus bienes y evitar que se le mojaran, y que su mayor sueño era poder arreglar la vivienda. El empresario, que es benefactor de Obras Sociales Betania, llamó a la hermana Ana María Echeverri Jaramillo, directora de esa Fundación y Caldense del año 2020, a quien le preguntó si había apartamentos disponibles que la misma entidad construye, para él comprar uno y donárselo a la Rolita.

Clic, clic...

Junto a su hijo Santiago y su mascota París en el cuello, el pasado lunes empacaron sus corotos en una camioneta de Betania y se trasladaron a San Sebastián, donde con lágrimas, emoción y abrazos, según ella agradeció esa bendición. “Se me va a salir el corazón. Voy a tener que gritar, porque si no voy a estallar de la felicidad”, expresaba la Rolita mientras se secaba las lágrimas y abrazaba a la hermana Ana María, como un niño abraza a su mamá.

Freddy de nuevo sacó la cámara fotográfica. Clic, clic, clic, clic, obturaba, retratando la escena de solidaridad, mientras la trabajadora social de Betania, Lorena Duque, partía una torta para festejar cómo se le alivianaba el peso de la vida a la Rolita, gracias a ese empresario que prefiere mantener su nombre en reserva, pero que deja una lección de vida.

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