Colombia


“El patriarcado con armas se siente más duro”: movimientos de mujeres en Colombia

“Lo que hace la guerra es potenciar los efectos de una sociedad que ya es dura para nosotras”, afirma la abogada colombiana Alejandra Coll.

DW

12 de febrero de 2021 01:09 PM

“Ni guerra que nos destruya, ni paz que nos oprima”, condensan sus objetivos: se trata del feminismo antimilitarista, en pie “contra toda forma de dominación”.

“Estamos en contra de la guerra, y por la construcción de la paz, y también contra todas las manifestaciones militaristas en la vida cotidiana”, sostiene Beatriz Quintero García, coordinadora de la Red Nacional de Mujeres de Colombia.

“El movimiento surge en el marco de las guerras, ante el desespero de ver lo que estas les hacen en particular a las mujeres”, explica en tanto la abogada feminista antimilitarista Alejandra Coll. Y agrega: “Son cosas de las que muy poca gente quiere hablar”.

Efectivamente, en contextos de conflicto, mujeres y niñas son a menudo violadas, prostituidas, asesinadas o forzadas a prestar ayuda de cualquier tipo.

Por esto, “el feminismo antimilitarista pone la lupa en las afectaciones que la guerra trae a las mujeres”, puntualiza la activista caleña. Y agrega: “El patriarcado con armas, se siente más duro. El patriarcado con armas, se envalentona y adquiere formas mucho más crueles”.

“Lo que hace la guerra es potenciar los efectos de una sociedad que ya es dura para nosotras, que ya es patriarcal y compleja”, remarca Coll.

Así, más acá y más allá de los conflictos armados, sus postulados consignan: no a la lógica de amigo-enemigo; no a la lógica de unos que subordinan a otros; no a la ley del más fuerte; no a la acumulación de privilegios y poder, a costa de otros y otras.

Movimiento con historia

El movimiento reconoce sus orígenes en las “Mujeres de negro”, pacifistas congregadas en Israel a fines de la década del ochenta, y se ha ido extendiendo, a la par de los conflictos bélicos, a diferentes países del globo.

Así, en América Latina está particularmente activo en ciudades y pueblos de Colombia.

Y no es casual: “El feminismo antimilitarista se ubica donde está el conflicto golpeando más duro”, indica Coll, también integrante de la Ruta Pacífica de las Mujeres, movimiento “que trabaja por la tramitación negociada del conflicto armado en Colombia, y por hacer visible el impacto de la guerra en la vida y cuerpo de las mujeres”.

También alzan su voz en la ciudad de Medellín: “Nos organizamos en medio de la exclusión y la violencia de nuestras comunidades, con un sentido radical de libertad, con mucha creatividad y deseo de tener poder para erradicar las injusticias”. Así se presentan las integrantes de la Red Feminista Antimilitarista de la populosa capital del departamento de Antioquia.

No a toda forma de violencia

“Rechazamos los medios mediante los cuales se impone la dominación, la explotación y la exclusión”, dice Marta Restrepo López, cofundadora del colectivo feminista.

“Estos medios son militaristas en tanto ejecutan violencia armada, control, vigilancia y coerción para mantener los privilegios de grupos determinados”, continúa Restrepo López.

Y, en este sentido, enumera: “Hacemos parte de las luchas a escala global contra el armamentismo, las guerras de invasión, el complejo militar y de prisiones”.

Se trata, en definitiva, de una forma de ver el mundo “que procura evitar que la solución a los problemas sociales sea por la vida armada o militar”, indica, por su parte, la abogada Alejandra Coll.

“No necesitamos de ejércitos para ‘cuidarnos’. El respeto y reconocimiento de las diferencias nos garantizan la paz y la democracia”, afirma, por su parte, la feminista Quintero García. Y postula: “Buscamos un cambio de paradigmas, donde el concepto de seguridad y defensa no sea definido en términos militares”. Concretamente: “Apuntamos a la abolición de las Fuerzas Armadas, como un paso para la eliminación de las relaciones, tanto personales como estructurales, de dominación”.

“Sabemos que en los contextos como Colombia, donde no solo está el conflicto armado de las guerrillas, sino el conflicto del narcotráfico es una ‘ilusión’ no tener ejércitos”, aclara Quintero García, realista. “Pero debemos lograr el reconocimiento y la garantía de los derechos humanos, con el objetivo de no necesitar ejércitos para garantizar la convivencia”, completa.

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